Edgar Pacheco

Edgar Pacheco

Unos lo llaman la alianza hipócrita y otros el bloque de Babel. Pero lo que sí sabemos es que son una sectita digital que busca influenciarte, adoctrinarte, proselitarte y usar tu religión como fuente de negocio. ¿Cómo? «Con palabras suaves, fingidas y persuasivas que engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:17-18; Hechos 20:29-30; 2 Pedro 2:3; Mateo 7:15-16; Colosenses 2:4 y 1 Timoteo 6:5). 

En palabras de Ireneo de Lyon: «Por eso los más «perfectos» de entre ellos cometen sin temor todas las acciones prohibidas. Nosotros, que por temor de Dios nos guardamos de pecar, nos vemos tratados por ellos como simples e ignorantes. 

En cambio, ellos se exaltan desmesuradamente a sí mismos, otorgándose títulos de «espirituales» y «simientes de elección». Tienen con los fieles un lenguaje parecido al nuestro, pero con ideas distintas y les hacen creer a los insensatos que han recibido su autoridad de parte de Dios. Son los primeros en mezclarse en todas las diversiones que se dan en las fiestas paganas… esclavos de los placeres carnales… que se contradicen mutuamente. 

Muchos de ellos, o mejor dicho todos, quieren ser maestros… seducen el espíritu de los necios y los cautivan alterando las palabras del Señor, haciéndose malinterpretes de lo que ha sido expresado correctamente. Se hacen así causa de la perdición de muchos, apartándolos, como si ellos pudieran mostrar algo más elevado y más grande…pretenden poseer la gnosis de todas las cosas, son peores que los paganos, sus pensamientos son más blasfemos.

Por medio de su elocuencia atraen de manera especial, sobre todo, a los que son simples y tienen comezón de oír; después, sin preocuparse, causan la ruina de estos desgraciados, inculcando pensamientos blasfemos e impíos contra su Creador a gentes incapaces de discernir lo falso de lo verdadero. Tal es el efecto… de los seductores perversos y de los hipócritas. 

Ellos dirigen discursos a la multitud, con la finalidad de hacer adictos entre los que pertenecen a la Iglesia que no capta la verdad y se entrega a ellos sin reserva como un corderito. 

Por ello sorprenden a los incautos y los seducen, fingiendo una gravedad llena de arrogancia. Dicen creer en el Padre y el Hijo, pero no meditan nunca en las palabras de Dios como conviene, sino que han adoptado la manera de vivir de los puercos y de los perros; se entregan a la impureza, a la glotonería y a los demás vicios. Por esto hay que evitar sus opiniones, no sea que nos hagan algún daño. 

Tampoco tengamos comunicación verbal con algunos de estos que desfiguran la verdad de Dios (Tito 3:10). Es mejor refugiarnos en la Iglesia que está plantada como un paraíso en este mundo y alimentarnos con las Escrituras (Mateo 7:15). 

Pero no comáis del árbol de la autosuficiencia, ni toquéis para nada la disensión de estos herejes. Porque ellos confiesan poseer «el conocimiento del bien y el mal», y levantan sus pensamientos malvados por encima del Dios que los creó.» (Obras Escogidas de Ireneo de Lyon, Editorial CLIE). 

En fin, «Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.» (Santiago 3:1)

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