¿Sacerdocio de melquisedec y arónico?

  • Дом

Сеть сект

¿Sacerdocio de melquisedec y arónico?

La restauración del sacerdocio es una doctrina central del mormonismo. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que, después de la muerte de Cristo y de sus apóstoles, la autoridad del sacerdocio fue retirada de la tierra y que posteriormente Juan el Bautista, Pedro, Jacobo y Juan aparecieron a José Smith y Oliver Cowdery para restaurar los sacerdocios Aarónico y de Melquisedec.

La Iglesia mormona también afirma ser la única organización existente que posee las llaves y la autoridad de ese sacerdocio. Según sus enseñanzas, dicha autoridad es indispensable para efectuar las ordenanzas necesarias para la salvación y la exaltación, entre ellas el bautismo, la confirmación, la ordenación al Sacerdocio de Melquisedec para los varones, la investidura del templo y el sellamiento matrimonial. (Iglesia de Jesucristo)

Por tanto, el sacerdocio no es una doctrina secundaria dentro del mormonismo. Es el fundamento de su pretensión de ser la única Iglesia verdadera restaurada. Si nunca existió una desaparición total del sacerdocio bíblico, y si el Nuevo Testamento no enseña la existencia de los sacerdocios mormones, entonces se derrumba la supuesta necesidad de que José Smith restaurara la Iglesia de Jesucristo.

El sacerdocio en el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento, Dios separó a la tribu de Leví para el servicio relacionado con el tabernáculo. Sin embargo, no todos los levitas eran sacerdotes. Los sacerdotes propiamente dichos debían ser descendientes de Aarón, quien también pertenecía a la tribu de Leví.

«Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón».

—Éxodo 28:1.

Los demás levitas ayudaban en el cuidado, transporte y servicio del tabernáculo, pero no podían apropiarse de las funciones sacerdotales reservadas a Aarón y a sus descendientes.

«Y darás los levitas a Aarón y a sus hijos; le son enteramente dados de entre los hijos de Israel. Y constituirás a Aarón y a sus hijos para que ejerzan su sacerdocio; y el extraño que se acercare, morirá».

—Números 3:9-10.

Por tanto, el sacerdocio Aarónico bíblico tenía requisitos concretos:

  • Estaba limitado a varones de la descendencia física de Aarón.

  • Estaba relacionado con el tabernáculo y posteriormente con el templo de Jerusalén.

  • Administraba sacrificios de animales, ofrendas y ceremonias de purificación.

  • Funcionaba bajo el pacto de la ley dada a Israel.

  • Dependía de genealogías que demostraran la descendencia sacerdotal.

El sacerdocio mormón llamado «Aarónico» no cumple estos requisitos. Sus poseedores no necesitan demostrar descendencia física de Aarón, no sirven en el templo de Jerusalén, no administran los sacrificios establecidos en Levítico y realizan ceremonias desconocidas para el sacerdocio Aarónico bíblico.

El mormonismo ha tomado el nombre de un sacerdocio antiguo, pero le ha atribuido funciones, oficios y formas de transmisión que no aparecen en el Antiguo Testamento.

El sumo sacerdote y el Lugar Santísimo

Dentro del sistema levítico, solamente el sumo sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo, y lo hacía una vez al año durante el Día de la Expiación. No entraba sin sangre, sino que ofrecía sacrificio por sus propios pecados y por los pecados del pueblo.

«Y entrará Aarón en el santuario con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto».

—Levítico 16:3.

«Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación».

—Levítico 16:9.

«Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación».

—Levítico 16:33.

El sistema sacerdotal demostraba que el pecado separaba al ser humano de Dios. El sacerdote funcionaba como representante del pueblo y ofrecía sacrificios, pero aquellos sacrificios debían repetirse porque no podían quitar definitivamente el pecado.

«Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados».

—Hebreos 10:4.

Todo aquel sistema señalaba proféticamente hacia Jesucristo.

Jesucristo cumplió y superó el antiguo sacerdocio

Juan el Bautista presentó a Jesús como el cumplimiento de los sacrificios del Antiguo Pacto:

«He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».

—Juan 1:29.

Jesucristo no fue solamente el sacerdote que presentó la ofrenda. También fue la ofrenda perfecta:

«Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios».

—Hebreos 10:12.

Cuando Cristo murió, declaró:

«Consumado es».

—Juan 19:30.

En ese momento, el velo del templo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo se rasgó:

«Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo».

—Mateo 27:51.

El velo no fue rasgado de abajo hacia arriba por la intervención humana, sino de arriba hacia abajo. Dios estaba mostrando que, por medio del sacrificio de Cristo, quedaba abierto el acceso a su presencia.

«Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe».

—Hebreos 10:19-22.

Por tanto, el Nuevo Pacto no necesita la restauración de un sistema de sacerdotes intermediarios. Cristo es el único Sumo Sacerdote perfecto y permanente, y todos los creyentes tienen acceso al Padre por medio de él.

El sacerdocio de todos los creyentes

La enseñanza del Nuevo Testamento es clara: todos los creyentes constituyen un sacerdocio espiritual. Este sacerdocio no es una organización jerárquica reservada a un grupo de varones que recibe autoridad mediante una cadena de ordenaciones secretamente restaurada.

Pedro escribe a todos los creyentes:

«Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo».

—1 Pedro 2:5.

«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable».

—1 Pedro 2:9.

La referencia correcta es 1 Pedro 2:9, no 2 Pedro 2:9.

Juan también declara que Cristo hizo sacerdotes a todos aquellos que fueron lavados por su sangre:

«Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén».

—Apocalipsis 1:5-6.

«Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra».

—Apocalipsis 5:10.

El creyente es sacerdote porque puede acercarse directamente a Dios por medio de Cristo y ofrecer sacrificios espirituales:

«Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre».

—Hebreos 13:15.

«Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional».

—Romanos 12:1.

Los sacrificios del Nuevo Pacto no son animales ofrecidos en un altar ni rituales exclusivos administrados por una élite sacerdotal. Son la alabanza, la obediencia, el servicio, la proclamación del evangelio y la entrega de toda la vida a Dios.

Esto no significa que la Iglesia carezca de ministros, ancianos, pastores o diáconos. Significa que ninguno de ellos funciona como un sacerdote levítico que tenga que colocarse entre Dios y el creyente para darle acceso a la salvación.

«Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».

—Hebreos 4:16.

No se nos ordena acercarnos a un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec para que él nos permita entrar. Se nos ordena acercarnos directamente al trono de la gracia por medio de Jesucristo.

Los oficios de la Iglesia en el Nuevo Testamento

Cuando el Nuevo Testamento describe la organización de las congregaciones cristianas, menciona:

  • Apóstoles.

  • Profetas.

  • Evangelistas.

  • Pastores y maestros.

  • Ancianos.

  • Obispos.

  • Diáconos.

«Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros».

—Efesios 4:11.

«Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos».

—Filipenses 1:1.

«Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído».

—Hechos 14:23.

Los requisitos para los obispos y diáconos aparecen en 1 Timoteo 3, no en 1 Timoteo 2. Tito 1 también presenta los requisitos de los ancianos u obispos.

En ninguna de estas listas aparece una estructura formada por:

  • Diáconos del Sacerdocio Aarónico a partir de los doce años.

  • Maestros del Sacerdocio Aarónico.

  • Presbíteros del Sacerdocio Aarónico.

  • Élderes del Sacerdocio de Melquisedec.

  • Sumos sacerdotes mormones.

  • Quórums sacerdotales organizados como los de la Iglesia mormona.

  • Una presidencia que posea exclusivamente todas las llaves del sacerdocio.

La palabra griega utilizada para el sacerdote que ofrece sacrificios es hiereús. El Nuevo Testamento la aplica a los sacerdotes judíos, a sacerdotes paganos, a Jesucristo y espiritualmente al conjunto de los creyentes, pero no establece un oficio congregacional llamado Sacerdocio Aarónico o Sacerdocio de Melquisedec.

Los ministros ordinarios de las iglesias son llamados ancianos, del griego presbýteros, y supervisores u obispos, del griego epískopos. Aunque algunas tradiciones cristianas posteriores emplearon la palabra «sacerdote» para sus ministros, el Nuevo Testamento no presenta a los ancianos como poseedores de un sacerdocio Aarónico o de Melquisedec semejante al del mormonismo.

La imposición de manos no prueba el sacerdocio mormón

Los mormones pueden responder que en el Nuevo Testamento sí aparece la imposición de manos. Esto es cierto.

La imposición de manos podía utilizarse para:

  • Bendecir.

  • Orar por los enfermos.

  • Apartar a alguien para un ministerio.

  • Reconocer públicamente una responsabilidad.

  • Comunicar un don espiritual.

  • Orar para que creyentes recibieran el Espíritu Santo.

«Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron».

—Hechos 13:3.

«No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio».

—1 Timoteo 4:14.

Sin embargo, ninguno de estos pasajes afirma que los apóstoles estuvieran transmitiendo un sacerdocio de Melquisedec.

La existencia de la imposición de manos no demuestra:

  • Que Pedro poseyera un oficio llamado Sacerdocio de Melquisedec.

  • Que ese sacerdocio fuera transferido a otros apóstoles.

  • Que desapareciera después de la muerte de los apóstoles.

  • Que Pedro, Jacobo y Juan regresaran como ángeles.

  • Que se lo entregaran a José Smith en 1829.

  • Que la Iglesia fundada por Smith fuera la única con autoridad divina.

Todas esas afirmaciones proceden de las revelaciones mormonas posteriores, no del Nuevo Testamento.

¿Qué es el sacerdocio según el orden de Melquisedec?

Hebreos presenta a Jesucristo como sacerdote según el orden de Melquisedec:

«Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec».

—Hebreos 7:17.

Melquisedec aparece en Génesis 14 como rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Abraham le entregó los diezmos y recibió su bendición.

«Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo».

—Hebreos 7:1-2.

El argumento de Hebreos es que Melquisedec era superior a Abraham. Como Leví todavía estaba en los lomos de Abraham, el sacerdocio representado por Melquisedec era superior al sacerdocio levítico.

Jesús pertenecía a la tribu de Judá, no a la de Leví:

«Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio».

—Hebreos 7:14.

Por tanto, Cristo no podía ser sacerdote bajo la ley de Aarón. Su sacerdocio pertenece a un orden diferente, establecido no por descendencia humana, sino por el poder de una vida indestructible:

«No constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible».

—Hebreos 7:16.

El sacerdocio de Cristo no depende de una genealogía levítica, de una organización terrestre ni de una ordenación realizada por otros hombres. Depende de quién es él: el Hijo eterno de Dios, resucitado y viviente para siempre.

Cristo tiene un sacerdocio permanente

Hebreos contrasta a los muchos sacerdotes levíticos, que morían y tenían que ser reemplazados, con Jesucristo, quien vive eternamente:

«Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos».

—Hebreos 7:23-25.

El argumento no es que Cristo recibió un sacerdocio para repartirlo posteriormente entre miles de hombres. El argumento es que él no necesita sucesores porque vive para siempre.

Aunque se discuta si la expresión traducida como «sacerdocio inmutable» debe entenderse como permanente, inviolable o no transferible, el razonamiento de Hebreos permanece igual: los sacerdotes levíticos eran reemplazados por causa de la muerte; Cristo conserva su ministerio porque nunca muere.

«Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo».

—Hebreos 7:26-27.

Jesús es el sacerdote perfecto, el sacrificio perfecto y el mediador perfecto.

«Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre».

—1 Timoteo 2:5.

Si existe un solo mediador suficiente, no necesitamos poseedores de un supuesto sacerdocio restaurado que afirmen tener autoridad exclusiva para administrar las ordenanzas sin las cuales no podríamos alcanzar la exaltación.

El Nuevo Pacto reemplazó al antiguo sistema sacerdotal

La profecía de Jeremías anunció un Nuevo Pacto:

«He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá».

—Jeremías 31:31.

Hebreos aplica esta promesa a la obra de Cristo:

«Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer».

—Hebreos 8:13.

Cristo no vino a restaurar permanentemente el sacerdocio de Aarón. Vino a cumplir todo aquello que el sacerdocio de Aarón representaba.

«Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos […] entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención».

—Hebreos 9:11-12.

«Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados».

—Hebreos 10:14.

La idea de que, después de la obra terminada de Cristo, la humanidad necesitaba nuevamente dos órdenes sacerdotales administrados por una institución terrestre contradice el argumento central de Hebreos.

El Nuevo Testamento no presenta el sacerdocio de Cristo como algo que desapareció. Cristo permanece eternamente y continúa intercediendo por los suyos. Por tanto, tampoco puede decirse que su sacerdocio tuvo que ser devuelto a la tierra en 1829.

Pedro, Jacobo y Juan no aparecen transmitiendo el Sacerdocio de Melquisedec

Los Evangelios no registran que Jesús ordenara a Pedro, Jacobo y Juan al Sacerdocio de Melquisedec. Tampoco los Hechos o las epístolas dicen que ellos poseyeran un sacerdocio con ese nombre.

Jesús dio autoridad a sus apóstoles para predicar, sanar, expulsar demonios, bautizar y edificar la Iglesia. Pero el Nuevo Testamento nunca llama a esa autoridad «Sacerdocio de Melquisedec».

Además, ninguna epístola contiene instrucciones como las siguientes:

  • Cómo conferir el Sacerdocio de Melquisedec.

  • Cuáles son sus quórums.

  • Qué edad debe tener el candidato.

  • Qué palabras deben pronunciarse para conferirlo.

  • Cómo pasar de presbítero aarónico a élder de Melquisedec.

  • Qué llaves sacerdotales posee cada oficio.

  • Cómo restaurarlo en caso de una apostasía.

Estos conceptos proceden de Doctrina y Convenios y del desarrollo institucional del mormonismo, no de la enseñanza apostólica.

Problemas históricos con la supuesta restauración

La Iglesia mormona afirma que Juan el Bautista apareció el 15 de mayo de 1829 para conferir el Sacerdocio Aarónico y que Pedro, Jacobo y Juan aparecieron posteriormente para conferir el Sacerdocio de Melquisedec. Sin embargo, la fecha de esta segunda aparición permanece desconocida.

El propio proyecto histórico oficial The Joseph Smith Papers reconoce que no existe un relato narrativo contemporáneo de la restauración del sacerdocio y que la información detallada procede de relatos posteriores. También reconoce que los registros sobre la supuesta visita de Pedro, Jacobo y Juan son escasos y que el registro conservado más antiguo que los menciona explícitamente como visitantes angelicales apareció años después de los acontecimientos afirmados. (Joseph Smith Papers)

Esto no demuestra por sí solo que la aparición no ocurriera, pero sí debilita la manera en que el relato es presentado a los miembros como un acontecimiento histórico perfectamente documentado.

La doctrina central sobre la autoridad exclusiva de la Iglesia mormona depende de una aparición:

  • Sin fecha conocida.

  • Sin testigos independientes.

  • Sin documentación contemporánea detallada.

  • Conocida principalmente por declaraciones posteriores de los propios beneficiarios de aquella supuesta autoridad.

No puede utilizarse un relato posterior y no verificable para anular la enseñanza clara del Nuevo Testamento acerca del sacerdocio permanente de Cristo.

El fundamento del sacerdocio mormón se derrumba

La Biblia enseña:

  1. El sacerdocio Aarónico pertenecía a los descendientes de Aarón.

  2. Ese sacerdocio administraba el sistema sacrificial del Antiguo Pacto.

  3. Jesucristo cumplió los sacrificios mediante una ofrenda perfecta.

  4. Cristo es el único Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec presentado en el Nuevo Pacto.

  5. Su sacerdocio permanece porque él vive para siempre.

  6. Todos los creyentes constituyen un sacerdocio espiritual.

  7. Los oficios congregacionales del Nuevo Testamento son ancianos, obispos y diáconos, no sacerdocios Aarónico y de Melquisedec.

  8. La Biblia nunca anuncia la pérdida y posterior restauración de esos sacerdocios por medio de José Smith.

Por tanto, la piedra angular de la doctrina mormona queda destruida. José Smith no necesitaba restaurar un sacerdocio perdido porque el sacerdocio perfecto de Cristo jamás se perdió.

El mormonismo ha creado una jerarquía sacerdotal que no aparece en el Nuevo Testamento y después ha declarado que solamente quienes se someten a esa jerarquía pueden recibir las ordenanzas necesarias para la exaltación. Esta apropiación exclusiva de la autoridad divina es una característica fundamental de su sistema sectario.

La supuesta Gran Apostasía

La Iglesia mormona enseña que, después de la muerte de Jesucristo y de sus apóstoles, los hombres corrompieron las doctrinas y ordenanzas, alteraron la organización de la Iglesia y provocaron que Dios retirara de la tierra la autoridad del sacerdocio.

Según esta doctrina, durante muchos siglos no existió sobre la tierra la Iglesia verdadera con autoridad divina. La restauración comenzó cuando Dios llamó a José Smith y le devolvió las verdades, ordenanzas, llaves y sacerdocios supuestamente perdidos.

Esta continúa siendo la enseñanza oficial de la Iglesia mormona. Sus manuales afirman que la autoridad del sacerdocio fue retirada de la tierra como consecuencia de una apostasía generalizada y utilizan Amós 8:11-12 para justificar esa interpretación. (Iglesia de Jesucristo)

Pero ¿enseña realmente la Biblia que toda la Iglesia de Cristo desaparecería y que tendría que ser restaurada mediante un profeta norteamericano en el siglo XIX?

La respuesta es no.

¿Qué significa apostasía?

Apostatar significa apartarse, abandonar o rebelarse contra la fe que anteriormente se profesaba.

La Biblia anuncia apostasía, falsos maestros y corrupción doctrinal. No debe negarse que muchas iglesias, dirigentes y personas se han apartado de la verdad a lo largo de la historia.

Sin embargo, existe una diferencia enorme entre afirmar:

«Algunos se apartarán de la fe».

Y afirmar:

«Todos los cristianos se apartarán, la Iglesia desaparecerá, la autoridad de Cristo será retirada durante siglos y solamente José Smith podrá restaurarla».

La primera afirmación es bíblica. La segunda no aparece en ningún pasaje de las Escrituras.

La Biblia profetiza apostasías parciales, no la desaparición total de la Iglesia

Pablo escribió:

«Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios».

—1 Timoteo 4:1.

El texto dice algunos, no todos.

Pablo también advirtió a los ancianos de Éfeso:

«Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos».

—Hechos 20:29-30.

La entrada de lobos presupone que continúa existiendo un rebaño. La aparición de falsos maestros presupone que continúa existiendo la verdad con la cual pueden ser comparados.

Judas exhortó:

«Que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos».

—Judas 3.

No dijo que aquella fe desaparecería y tendría que ser entregada nuevamente dieciocho siglos después. Dijo que ya había sido dada y que los creyentes debían defenderla.

Pedro también habló de falsos maestros:

«Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros».

—2 Pedro 2:1.

El pasaje dice que los falsos maestros aparecerían entre los creyentes. No dice que eliminarían a todos los creyentes verdaderos ni que Cristo retiraría completamente su Iglesia.

¿Profetiza Amós 8 una apostasía cristiana de muchos siglos?

La Iglesia mormona utiliza Amós 8:11-12:

«He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán».

El mormonismo interpreta esta hambre como la desaparición del verdadero evangelio y de la autoridad sacerdotal después de la muerte de los apóstoles.

Pero el contexto de Amós no habla de:

  • La Iglesia cristiana.

  • La muerte de los apóstoles.

  • Una apostasía mundial.

  • La pérdida del Sacerdocio de Melquisedec.

  • Una restauración en los Estados Unidos.

  • José Smith.

  • El Libro de Mormón.

  • Un periodo de aproximadamente mil setecientos años.

Amós profetizaba contra el reino del norte de Israel por su idolatría, injusticia, opresión de los pobres y rechazo persistente de la palabra de Dios.

Al principio del capítulo, Dios anuncia que había llegado el fin sobre Israel:

«Ha venido el fin sobre mi pueblo Israel; no lo toleraré más».

—Amós 8:2.

El pueblo explotaba a los necesitados y corrompía el comercio:

«Oíd esto, los que explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra […] achicando la medida, y subiendo el precio, y falseando con engaño la balanza».

—Amós 8:4-5.

La «hambre» de oír la palabra era un juicio contra ese pueblo concreto. Debido a que habían rechazado repetidamente a los profetas, llegaría el momento en que buscarían una palabra divina y no la encontrarían.

Los estudios del contexto de Amós identifican este anuncio como parte del juicio dirigido contra el reino del norte, no como una predicción directa de la desaparición de la Iglesia cristiana después de los apóstoles. (Scholarly Publishing Collective)

La aplicación mormona saca dos versículos de su contexto y los traslada a un acontecimiento completamente diferente.

Amós no anuncia la desaparición de toda revelación bíblica

Incluso dentro del mismo libro, Amós continúa comunicando palabra de Dios después de anunciar aquella hambre. Además, otros profetas bíblicos siguieron hablando y escribiendo después del ministerio de Amós.

Por tanto, la profecía no puede significar que toda palabra divina desaparecería universalmente de la tierra.

El texto anuncia que quienes habían rechazado la palabra sufrirían el juicio de no encontrar respuesta cuando finalmente la buscaran. No anuncia que todas las Escrituras serían corrompidas, que todos los creyentes desaparecerían o que el sacerdocio sería retirado hasta 1829.

Cristo prometió preservar su Iglesia

Jesús declaró:

«Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella».

—Mateo 16:18.

Cristo no dijo:

«Edificaré mi Iglesia, pero después de la muerte de mis apóstoles desaparecerá durante muchos siglos».

Dijo que las puertas del Hades no prevalecerían contra ella.

El Hades representa el dominio de la muerte. Ni la persecución, ni la muerte de los apóstoles, ni los falsos maestros podrían destruir la obra que Cristo mismo estaba edificando.

Antes de ascender, Jesús prometió:

«Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

—Mateo 28:20.

La promesa abarca todos los días hasta el fin, no solamente el periodo apostólico y el periodo posterior a José Smith, dejando un vacío de muchos siglos en medio.

Pablo declaró que Dios recibiría gloria en la Iglesia a lo largo de todas las generaciones:

«A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén».

—Efesios 3:21.

¿Cómo podría Dios recibir gloria en la Iglesia «por todas las edades» si la verdadera Iglesia dejó de existir durante la mayor parte de la historia cristiana?

Cristo prometió conservar ministros y creyentes

Efesios 4 enseña que Cristo dio ministros a su Iglesia:

«A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios».

—Efesios 4:12-13.

El pasaje no anuncia que esos ministerios serían retirados durante siglos y posteriormente restaurados por José Smith. Enseña que Cristo los dio para la edificación de su cuerpo.

La Iglesia es llamada:

«La iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad».

—1 Timoteo 3:15.

Una columna puede sufrir ataques, deterioros y abusos, pero la promesa bíblica nunca dice que la columna sería completamente derribada hasta que apareciera el mormonismo.

Cristo también oró por aquellos que creerían mediante la palabra apostólica:

«Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos».

—Juan 17:20.

Las siguientes generaciones creerían mediante la palabra de los apóstoles. Esa palabra quedó preservada en las Escrituras y continuó produciendo creyentes.

Decir que la verdad esencial desapareció después de los apóstoles exige afirmar que la oración de Cristo, la obra del Espíritu Santo y la palabra apostólica fueron incapaces de conservar un pueblo para Dios durante muchos siglos.

El Espíritu Santo no abandonó a todos los creyentes

Jesús prometió a sus apóstoles que el Espíritu Santo les enseñaría y les recordaría sus palabras:

«Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho».

—Juan 14:26.

Esta promesa tiene una aplicación directa a los apóstoles y al testimonio que ellos dejarían. No debe utilizarse de manera descuidada como si prometiera infalibilidad individual a todo cristiano.

Sin embargo, demuestra que Cristo garantizó la preservación de su enseñanza apostólica mediante el Espíritu. No existe fundamento para afirmar que el mismo Espíritu permitió que todas las doctrinas esenciales y toda autoridad cristiana desaparecieran inmediatamente después.

Jesús también dijo:

«Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad».

—Juan 16:13.

El Espíritu glorifica a Cristo. No dirige a la Iglesia hacia una apostasía total e irremediable para después esperar siglos antes de volver a revelar el evangelio.

Las promesas de preservación no significan perfección institucional

La refutación de la Gran Apostasía no exige afirmar que todas las instituciones cristianas hayan sido perfectas.

A lo largo de la historia existieron:

  • Falsos maestros.

  • Abusos de autoridad.

  • Persecuciones religiosas.

  • Corrupción moral.

  • Tradiciones humanas.

  • Controversias doctrinales.

  • Iglesias que se apartaron gravemente de la enseñanza bíblica.

La Biblia ya había advertido que estas cosas ocurrirían.

Pero corrupción parcial no significa desaparición total. La necesidad de reforma no demuestra la necesidad de una restauración completa mediante nuevas Escrituras y nuevos sacerdocios.

En tiempos del Antiguo Testamento, Israel cayó repetidamente en idolatría, pero Dios siempre conservó un remanente:

«Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal».

—Romanos 11:4.

Pablo aplica este principio:

«Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia».

—Romanos 11:5.

Dios puede conservar a su pueblo incluso durante periodos de grave corrupción. La existencia de apostasía no demuestra que todos hayan apostatado.

La historia tampoco muestra un vacío cristiano de mil setecientos años

Después de la época apostólica existen numerosos escritos cristianos que permiten seguir la presencia continua de comunidades que confesaban a Jesucristo, leían las Escrituras, bautizaban, celebraban la Cena del Señor, predicaban el evangelio y defendían la fe.

Entre los escritores cristianos antiguos se encuentran:

  • Clemente de Roma.

  • Ignacio de Antioquía.

  • Policarpo de Esmirna.

  • Justino Mártir.

  • Ireneo de Lyon.

  • Tertuliano.

  • Orígenes.

  • Atanasio.

  • Agustín.

Se conservan amplias colecciones de escritos cristianos anteriores al Concilio de Nicea, incluyendo obras de los Padres Apostólicos y apologistas de los siglos II y III. (Biblioteca Clásica Cristiana Etérea)

Estos escritores no eran mormones y no enseñaban todas las doctrinas que posteriormente aparecerían en el catolicismo, la ortodoxia, el protestantismo o el mormonismo. Sus diferencias demuestran que la historia cristiana fue compleja.

Pero su existencia destruye la idea de que durante siglos no hubo cristianos, predicación, Escrituras, congregaciones o testimonio acerca de Jesucristo.

La Iglesia mormona puede responder que sí existían cristianos sinceros, pero sin autoridad sacerdotal. Sin embargo, esa afirmación no puede demostrarse históricamente. Depende de aceptar primero las revelaciones de José Smith y después utilizarlas para declarar inválido todo el cristianismo anterior.

Ese es nuevamente un razonamiento circular.

La Gran Apostasía se utiliza para crear una necesidad artificial

El razonamiento mormón funciona así:

  1. José Smith afirmó que todas las iglesias estaban equivocadas.

  2. Después enseñó que la autoridad había desaparecido.

  3. Luego afirmó que ángeles le devolvieron esa autoridad.

  4. Finalmente, su propia revelación fue utilizada como prueba de que solamente su Iglesia era verdadera.

Pero la desaparición total de la autoridad nunca se demuestra con la Biblia. Debe aceptarse basándose en la palabra del mismo hombre que afirmó haber recibido la restauración.

La doctrina de la Gran Apostasía crea el problema que José Smith supuestamente vino a resolver:

  • Declara inválidos todos los bautismos anteriores.

  • Declara sin autoridad a todos los ministros cristianos.

  • Declara insuficientes todas las iglesias existentes.

  • Declara perdidas las ordenanzas verdaderas.

  • Declara necesarias nuevas Escrituras.

  • Declara indispensable someterse a la organización fundada por José Smith.

Esta doctrina coloca a toda la humanidad bajo la dependencia espiritual de una única institución que afirma poseer exclusivamente las llaves de salvación y exaltación.

Una característica claramente sectaria

La doctrina mormona del sacerdocio y de la Gran Apostasía presenta varias características sectarias:

  • Afirma que todas las demás iglesias carecen de autoridad divina.

  • Enseña que solamente su organización puede administrar ordenanzas válidas.

  • Vincula la exaltación con rituales controlados por su jerarquía.

  • Fundamenta su autoridad en apariciones angelicales no verificables.

  • Introduce sacerdocios que no aparecen como oficios en el Nuevo Testamento.

  • Reinterpreta pasajes bíblicos fuera de contexto para anunciar su propia organización.

  • Declara que el cristianismo histórico fracasó hasta la aparición de su fundador.

  • Hace que la salvación plena dependa de aceptar las pretensiones de José Smith.

El evangelio bíblico, por el contrario, dirige al pecador hacia Jesucristo:

«Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo».

—Hechos 16:31.

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe».

—Efesios 2:8-9.

«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo».

—Romanos 5:1.

La salvación no depende de que un hombre sea ordenado al sacerdocio mormón ni de que una persona reciba ceremonias secretas dentro de un templo. Depende de la obra perfecta de Jesucristo recibida por la fe.

Conclusión

El sacerdocio del Antiguo Testamento fue cumplido en Jesucristo. Él es el Sumo Sacerdote perfecto, vive para siempre, ofreció un solo sacrificio suficiente y abrió para todos los creyentes el acceso a la presencia de Dios.

El Nuevo Testamento nunca enseña:

  • Que el Sacerdocio Aarónico continuaría dentro de la Iglesia.

  • Que Pedro, Jacobo y Juan poseyeran un oficio llamado Sacerdocio de Melquisedec.

  • Que ese sacerdocio fuera transferido mediante una cadena de ordenaciones.

  • Que desapareciera después de la muerte de los apóstoles.

  • Que tuviera que ser restaurado en 1829.

  • Que las ordenanzas de un templo mormón fueran necesarias para la exaltación.

La Biblia tampoco profetiza una desaparición total de la Iglesia. Profetiza que algunos apostatarían, que entrarían falsos maestros y que se levantarían lobos dentro del rebaño. Al mismo tiempo, promete que Cristo estaría con los suyos todos los días, que las puertas del Hades no prevalecerían contra su Iglesia y que Dios recibiría gloria en ella por todas las generaciones.

Amós 8 no anuncia la Gran Apostasía mormona. Anuncia juicio contra el reino idólatra de Israel por haber rechazado la palabra de Dios.

Por tanto, ni la supuesta restauración del sacerdocio ni la doctrina de la Gran Apostasía pueden sostenerse mediante una interpretación fiel de la Biblia.

José Smith creó una necesidad inexistente —la supuesta desaparición de la Iglesia y del sacerdocio— y después se presentó como el único instrumento mediante el cual esa necesidad podía resolverse. Sobre esa afirmación levantó una organización que reclama autoridad exclusiva sobre las ordenanzas necesarias para la exaltación.

La Iglesia verdadera no necesitó ser restaurada por José Smith porque Jesucristo nunca perdió a su Iglesia, nunca dejó de ser Sumo Sacerdote y nunca permitió que su evangelio desapareciera de la tierra.

Esta es una doctrina central de la iglesia mormona, pues ellos equiparan el evangelio eterno restaurado con los rituales del templo mormón necesarios para la salvación o la exaltación. Es el sacerdocio el motivo por el cual Joseph Smith restauro la iglesia perdida de Jesucristo.

Sin embargo a todos los mormones, la iglesia mormona les ha mentido grandemente. El único sacerdocio que enseña el Nuevo Testamento es el de Cristo, y se menciona que cada creyente es un sacerdote con libre acceso a la presencia de Dios.

En el Antiguo Testamento los sacerdotes en Israel eran de la tribu de Levi y luego de la descendencia de Aarón. Su tarea era mantener el tabernáculo o tienda portátil necesaria para los sacrificios y ofrendas  del pueblo para Dios. El sacerdote era un intermediario entre el pueblo y Dios. Una vez al año entraba en el lugar más santo del tempo para efectuar purificación por los pecados del pueblo. Cristo fue presentado como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Cuando Cristo murió en la cruz el dijo que todo era cumplido y el velo del templo se rasgo mostrando que el sacerdocio del Antiguo Testamento ya no era necesario.

La enseñanza del Nuevo Testamento deja clarísimo que todo creyente es un sacerdote con Dios en el sentido de tener libre acceso a su presencia.  No solo un grupo selecto que restauraría un supuesto sacerdocio perdido.  Analicemos los siguientes pasajes.

2ª Pedro 2:9-10 “Mas vosotros (todos los creyentes a los que se escribe la carta) sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.”

Apocalipsis 1:5-6 “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

Apocalipsis 5:10 “con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

Hebreos 10:19-22 “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe.”

 

Es imposible que Jacobo, Juan y Pedro hayan impuesto manos sobre Joseph Smith para restaurarle el sacerdocio de Melquisedec. El único sacerdocio de Melquisedec le pertenece solo a Jesús y figuradamente hablando en el argumento de Hebreos 7, los evangelios jamás mencionan a Cristo hablando del sacerdocio ni pasándoselo por imposición de manos a sus apóstoles, pero los mormones ignoran esto y les han engañado.

Es clarísimo en Hebreos que Jesús puso fin al antiguo pacto, y que hoy ya no hay oficios de sacerdocio. El sacerdote era un intermediario entre el hombre y Dios, Jesús es hoy nuestro sumo sacerdote. Si no fuera así ¿Por qué es que no se menciona el oficio de sacerdocio en todo el Nuevo Testamento dentro del Nuevo Pacto?

En 1ª Corintios 12, Efesios 4:11-15, 1ª Pedro 4, Romanos 12 se presentan las listas de dones y oficios en la iglesia, o en 1ª Timoteo 2 o en Tito 1 también se mencionan obispos, pastores, ancianos, diáconos, y diversos dones, El sacerdocio jamás es mencionado. No existe un solo lugar en la Biblia que hable del oficio del sacerdocio ahora en la iglesia de Cristo. No hay uno solo.  Solo 1a Pedro 2:9-10, y Apocalipsis 1 y 5 dicen que todos los creyentes somos sacerdotes para Dios, porque podemos entrar a su presencia. Como dice Hebreos “Acercaos pues confiadamente al trono de la gracia.” Antes esto se hacía por medio de un sacerdote, hoy todos en Cristo podemos hacerlo.

El libro de Hebreos los contrasta como los sacerdotes eran imperfectos y que solo Jesús fue perfecto haciendo un sacrificio una vez y para siempre, concluyendo la necesidad de tener hoy día sacerdotes.

Juan nos dice que Cristo murió cuando se sacrificaban los corderos en la Pascua, Juan decía que Jesús era el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Mateo 27:51 dice que cuando Jesús murió el velo del templo que daba entrada al lugar santísimo se rasgo. El sumo sacerdote entraba una vez al año en el día del perdón Yom Kippur, y al rasgarse el velo, fue muestra que ya no necesitamos más el sacerdocio, Jesús fue nuestro sacerdote perfecto que en el inauguro el nuevo pacto prometido en Jeremías 31:31-33.

Hebreos capítulos 7 al 9 muestra claramente este argumento.  Hebreos es una carta de exhortación escrita a judíos creyentes, que ante la persecución Romana, están a punto de apostatar de la fe, y volver al judaísmo. Así el autor muestra como Jesús es superior a todo el antiguo pacto judío, superior a los profetas del Antiguo Testamento, superior a los ángeles, superior a Moisés y a Josué, y superior al sacerdocio del Antiguo Testamento.

El propósito del autor de Hebreos es mostrar que aunque Jesús aunque no venía del linaje de Levi, o de Aarón, que es donde se supone debía venir el sacerdote, el es un sacerdote superior. Cristo era descendiente de David, de la tribu de Judá no de Levi. Así el autor de Hebreos descorre objeciones que judíos podrían presentar contra el papel sacerdotal de Cristo.

El autor recuerda a Melquisedec, que antes de que Levi naciera, su bisabuelo Abraham presento los diezmos de la batalla de Génesis 14 a Melquisedec, ante el cual se arrodillo en respeto y Melquisedec le bendijo. Mostrando que Melquisedec era superior a Abraham, el abuelo de Levi. De la misma manera aunque Jesús no sea de la tribu de Levi, sino de Judá, aunque no sea descendiente de Aarón, eso no lo descalifica del ministerio del Sacerdocio sino que él es del orden de Melquisedec, osea de la categoría en la que fue Melquisedec, un sacerdote del Dios altísimo superior a Levi y a Aarón.

Este es todo el argumento del sacerdocio de Melquisedec en todo el Nuevo Testamento, más allá de eso, la Biblia jamás menciona nada de un supuesto sacerdocio de Melquisedec que Jesús hubiese pasado a sus apóstoles mediante imposición de manos. El único que tiene el sacerdocio de Melquisedec es Jesús nada más. Y ya no necesitamos ningún otro sacerdocio después de Jesús, eso lo deja claro Hebreos. 

Hebreos 7:17-28 “Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec. 18 Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia 19 (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios. 20 Y esto no fue hecho sin juramento; 21 porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo:

22 Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. 23 Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; 24 mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable (Si Cristo tiene un sacerdocio inmutable no necesitamos a nadie mas, ese es el punto mismo de este pasaje); 25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. (Jesús es el que por siempre intercede por nosotros hoy ya no hay mas sacerdotes)

26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; e porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.

En el antiguo Testamento el sacerdote es un mediador entre Dios y el hombre, interviene por el hombre ante Dios para presentar sacrificio de comunión, de paz, o de satisfacción por el pecado para que el hombre pueda tener comunión con su Dios. Jesús fue el intercesor entre Dios y los hombres y el sacrificio mismo que satisfizo la justa ira de Dios y permanece para siempre para interceder por nosotros, es un sacerdote eterno, por lo que ya no necesitamos más. 

Así la piedra angular o el fundamento de la falsa doctrina mormona sobre la necesidad de que José Smith restaurará la iglesia verdadera a través de una supuesta restauración del sacerdocio perdido a la muerte de los apóstoles, se derrumba y se muestra como falsa.

 

La Apostasía Según Los Mormones Mismos

La secta de los Mormones asegura que hubo una gran apostasía o que la iglesia se aparto de la verdad tras la muerte del último apóstol. Sabemos que esto no es verdad por dos razones:

1. Tenemos una gran número de escritos de cristianos a lo largo de los 2000 años de historia que corroboran la continuidad de la Iglesia de Jesucristo.

2. Jesús prometió que su verdad continuaría, y no mencionó ninguna apostasía venidera.

La iglesia Mormona utiliza el texto de Amos 8:11-12 para llegar con su falso mensaje a las cosas de gente que creen en la Biblia: 11 He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. 12 E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.

Ellos dicen: “Cuando Jesús vivió en la tierra, estableció Su Iglesia, la única Iglesia verdadera; Él organizó Su Iglesia a fin de que se enseñaran las verdades del Evangelio a toda la gente y se administraran correctamente y con autoridad las ordenanzas del Evangelio. Por medio de esa organización, Cristo podría llevar las bendiciones de salvación a toda la humanidad. Después que el Salvador ascendió a los cielos, los hombres cambiaron las ordenanzas y las doctrinas que Él y Sus apóstoles habían establecido. Debido a la apostasía, no hubo revelación directa de Dios. La Iglesia verdadera no se encontraba más sobre la tierra y el hombre organizó diferentes iglesias que reclamaban ser la verdadera, pero que enseñaban doctrinas contradictorias.

Hubo mucha confusión y contención en lo que a religión se refería. El Señor había previsto esas condiciones de apostasía y dijo que enviaría “…hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán… buscando la palabra de Jehová y no la hallarán” (Amós 8:11–12). Por muchos años la gente vivió en tinieblas espirituales; pero aproximadamente 1.700 años después de Cristo, Cristo restauro su única iglesia verdadera a través de Joseph Smith.”

“El Señor había elegido a un nuevo profeta y, desde ese momento, los cielos dejaron de estar cerrados. La revelación continúa hasta el día de hoy por medio de cada uno de Sus profetas escogidos. José fue la persona por medio de la cual se restauró el evangelio verdadero de Jesucristo.”

 

¿Qué dice la Biblia sobre la Apostasía?

 

La apostasía significa abandonar la fe o darle la espalda. Los mormones dicen que la iglesia se aparto y que no hubo iglesia de Cristo en la tierra por 1700 años. ¿Estuvo Ausente la verdad por 1700 años? La Biblia deja claro que el evangelio de Cristo siempre continuaría y que la misma muerte no prevalecería contra su iglesia.

1 Timoteo 4:1 nos dice que algunos apostatarían de la fe, pero es claro que no todos, y la Biblia nunca profetiza una supuesta apostasía total de la iglesia.

1 Timoteo 4:1 “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.”

Cristo prometió que la muerte misma no prevalecería contra su iglesia: Mateo 16:18 “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas de la muerte (del hades) no prevalecerán contra ella.

Juan 14:26 “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

Juan 16:13 13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14 El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Cristo oro por nosotros, oro no solo por los apóstoles sino por los que creerían en él a través de ellos, por lo que decir que la verdad se perdió es negar el poder de Cristo y el cuidado del Padre:

Juan 17:9-20 9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. 20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,

¿Acaso Dios se espero 1730 años y no contesto la oración de Jesús, esperando  revelar la verdad a José Smith dejando que su iglesia se extraviara 1700 años? 

Filipenses 1:6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;

Judas 1:24 Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría,”

La revelación de Dios en su palabra deja claro que la apostasía que anuncia la iglesia mormona es imposible. 

Информация

Descubre este proyecto a través de historias

Gracias a tu recomendación podré continuar agregando mucho más contenido, las historias incluyen temas de la red de todo, contáctame ante cualquier consulta.