Actos sexuales inmundos

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Actos sexuales inmundos

La Biblia enseña que la sexualidad fue creada por Dios para expresarse con santidad dentro del matrimonio. Todo acto sexual que contradice el diseño de Dios, utiliza a otra persona, alimenta la lujuria, profana el cuerpo o convierte el placer en una forma de idolatría pertenece a las obras de la carne y debe ser abandonado.

Versículo principal

Efesios 5:3:
“Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos.”

El creyente ha sido llamado a vivir como santo. Por eso, la inmoralidad sexual y toda clase de impureza no deben ser aceptadas, celebradas ni tratadas como algo normal dentro de la vida cristiana.

Dios creó la sexualidad dentro del matrimonio

Génesis 2:24:
“Por tanto, dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne.”

Hebreos 13:4:
“Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas á los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios.”

La unión sexual no es inmunda por naturaleza. Fue creada por Dios y es honorable cuando se vive dentro del matrimonio. La inmundicia aparece cuando la sexualidad es separada del pacto matrimonial, utilizada egoístamente o practicada en contra de los mandamientos de Dios.

El matrimonio protege la fidelidad, la entrega mutua, la responsabilidad y la dignidad de ambas personas. Fuera de este orden, la sexualidad fácilmente se convierte en deseo descontrolado, engaño, abuso, infidelidad o degradación.

La fornicación y la impureza son obras de la carne

Gálatas 5:19-21:
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes á éstas: de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

La inmoralidad sexual es una obra de la carne porque nace de los deseos humanos cuando estos dejan de estar sometidos al Espíritu de Dios. Pablo no presenta estas prácticas como simples errores culturales, sino como conductas incompatibles con una vida gobernada por Cristo.

La expresión “los que hacen tales cosas” señala una práctica persistente y no arrepentida. Un creyente puede ser tentado e incluso caer, pero no debe justificar el pecado, convertirlo en costumbre ni resistirse continuamente al arrepentimiento.

Ejemplo de juicio por inmoralidad: el caso de Er y Onán

Génesis 38:7:
“Y Er, el primogénito de Judá, fué malo en los ojos de Jehová, y quitóle Jehová la vida.”

Génesis 38:9-10:
“Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba á la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar simiente á su hermano. Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y á él también mató.”

La Escritura menciona el caso de Er, hijo de Judá, quien fue considerado malo delante de Dios, y por ello el Señor le quitó la vida. Aunque el texto no detalla completamente su conducta, el contexto del capítulo muestra una situación relacionada con desorden moral dentro de la familia.

También se presenta el caso de Onán, quien actuó de manera egoísta y desobediente, usando la relación sexual sin cumplir el propósito establecido, evitando dar descendencia conforme al deber que tenía. Su conducta desagradó a Dios, y también fue juzgado.

Estos ejemplos enseñan que Dios no toma a la ligera la maldad, incluyendo la inmoralidad sexual y el uso egoísta de la sexualidad. Su juicio es real, y su santidad exige que el pecado sea tratado con seriedad.

El cuerpo del cristiano pertenece al Señor

1 Corintios 6:18-20:
“Huid la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque comprados sois por precio: glorificad pues á Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”

La orden bíblica no es negociar con la tentación, sino huir de ella. El cuerpo del cristiano ya no debe ser usado como instrumento del pecado, porque pertenece al Señor y es templo del Espíritu Santo.

Los actos sexuales inmundos no afectan únicamente al cuerpo. También pueden herir la conciencia, esclavizar los pensamientos, dañar relaciones, destruir matrimonios y debilitar la comunión con Dios. Por eso, la pureza corporal forma parte de la adoración cristiana.

El pecado sexual también comienza en el corazón

Mateo 5:27-28:
“Oísteis que fué dicho: No adulterarás: Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.”

Jesús enseñó que la pureza no consiste solamente en evitar el acto exterior. La mirada alimentada deliberadamente por la codicia sexual también contamina el corazón.

Por esta razón, el cristiano debe rechazar la pornografía, las fantasías impuras, las conversaciones obscenas y todo contenido creado para despertar deseos sexuales pecaminosos. Aunque no haya contacto físico, la persona puede estar alimentando interiormente aquello que Dios manda crucificar.

Ser tentado no es lo mismo que consentir la tentación. El pecado comienza cuando la persona decide entretener el deseo, alimentarlo y buscar satisfacción en él.

No debemos usar a otras personas para satisfacer deseos

1 Tesalonicenses 4:3-5:
“Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor; no con afecto de concupiscencia, como los Gentiles que no conocen á Dios.”

La voluntad de Dios es que el creyente viva en santificación y honor. La otra persona no debe ser tratada como un objeto para satisfacer deseos. Todo acto basado en engaño, presión, manipulación, violencia, explotación o falta de consentimiento es contrario al amor y a la justicia de Dios.

El dominio propio forma parte de la vida cristiana. El deseo sexual no tiene autoridad para gobernar a una persona. Quien pertenece a Cristo debe aprender a controlar su cuerpo y sus impulsos en santidad.

La inmundicia no debe convertirse en conversación ni entretenimiento

Efesios 5:3-5:
“Pero fornicación y toda inmundicia, ó avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene á santos; ni palabras torpes, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, ó inmundo, ó avaro, que es servidor de ídolos, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.”

La pureza también incluye las palabras. Los chistes obscenos, las insinuaciones sexuales, las conversaciones degradantes y el entretenimiento que celebra la inmoralidad acostumbran la mente a aquello que Dios llama inmundo.

“No se nombre entre vosotros” no significa que nunca pueda enseñarse o denunciarse el pecado. Significa que no debe formar parte de la conducta normal, la diversión ni la identidad del pueblo de Dios.

Dios juzga la inmoralidad sexual

Colosenses 3:5-6:
“Amortiguad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, molicie, mala concupiscencia, y avaricia, que es idolatría: por las cuales cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de rebelión.”

La Biblia no manda controlar débilmente estos deseos, sino hacerlos morir. Esto requiere decisiones firmes: cortar fuentes de tentación, rechazar relaciones pecaminosas, evitar lugares y contenidos peligrosos, confesar el pecado y buscar ayuda espiritual.

La inmoralidad sexual puede convertirse en idolatría cuando el placer, el cuerpo o una relación ocupan el lugar que corresponde a Dios. La persona comienza a desobedecer al Señor para conservar aquello que desea.

El cristiano fue llamado a la pureza

1 Tesalonicenses 4:7-8:
“Porque no nos ha llamado Dios á inmundicia, sino á santificación. Así que, el que menosprecia, no menosprecia á hombre, sino á Dios, el cual también nos dió su Espíritu Santo.”

Rechazar la enseñanza bíblica sobre la pureza no es solamente rechazar una opinión humana. Es menospreciar el llamamiento de Dios. El Espíritu Santo fue dado para transformar la conducta del creyente, producir dominio propio y ayudarlo a vivir en santidad.

Debemos huir de los deseos juveniles

2 Timoteo 2:22:
“Huye también los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazón.”

La Biblia no enseña únicamente qué debe evitarse; también muestra qué debe buscarse. El creyente debe huir de los deseos pecaminosos y perseguir la justicia, la fe, el amor y la paz.

No basta con intentar dejar una conducta. Es necesario llenar la vida con oración, Escritura, servicio, comunión cristiana y relaciones sanas. La pureza se fortalece cuando el corazón encuentra su satisfacción en Dios.

Hay perdón y limpieza para quien se arrepiente

1 Corintios 6:9-11:
“¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”

Este pasaje contiene una advertencia seria, pero también una esperanza gloriosa: “esto erais algunos”. El pecado sexual no tiene que definir para siempre a una persona. En Cristo existe perdón, limpieza, santificación y una nueva vida.

El arrepentimiento verdadero no consiste únicamente en sentir vergüenza. Incluye reconocer el pecado, confesarlo, apartarse de él y someterse nuevamente a la voluntad de Dios.

1 Juan 1:9:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.”

La gracia de Dios no convierte el pecado en algo aceptable. La gracia perdona al arrepentido y le da fuerzas para dejar aquello que antes lo esclavizaba.

Cómo abandonar los actos sexuales inmundos

El creyente debe:

  • Confesar el pecado a Dios sin justificarlo.

  • Terminar toda relación o práctica sexual contraria al matrimonio.

  • Huir de la pornografía, imágenes, conversaciones y ambientes que alimenten la lujuria.

  • Establecer límites claros con otras personas.

  • Evitar estar a solas en circunstancias que faciliten una caída.

  • Buscar ayuda de creyentes maduros y confiables.

  • Llenar la mente con la Palabra de Dios.

  • Orar y practicar el dominio propio.

  • Recordar que su cuerpo pertenece a Cristo.

  • Procurar restauración, no solamente alivio de la culpa.

Conclusión

No debemos practicar actos sexuales inmundos porque contradicen el diseño santo de Dios, contaminan el corazón, profanan el cuerpo, dañan a otras personas y esclavizan mediante deseos desordenados.

La sexualidad debe vivirse con santidad, fidelidad, responsabilidad y honor dentro del matrimonio. Todo lo que nace de la fornicación, el adulterio, la lujuria, la explotación, la obscenidad o la falta de dominio propio debe ser rechazado.

El cristiano no está llamado a vivir bajo el control de sus deseos, sino bajo el gobierno del Espíritu Santo. Quien ha caído no debe esconderse ni desesperarse: debe arrepentirse, acudir a Cristo y permitir que Dios lo lave, lo restaure y le enseñe a vivir en pureza.

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