Desconsideración

  • Casa

Desconsideración

La desconsideración consiste en actuar, hablar o decidir sin tomar en cuenta las necesidades, sentimientos, límites, cargas o consecuencias que nuestras acciones producen en otras personas.

Una persona desconsiderada piensa principalmente en su comodidad, tiempo, deseos y beneficios. Puede interrumpir, llegar tarde sin avisar, hacer ruido, incumplir compromisos, hablar con dureza, aprovecharse de la ayuda ajena o exigir atención sin considerar el cansancio y las responsabilidades de los demás.

La Biblia llama al creyente a abandonar el egoísmo y aprender a mirar también por el bien del prójimo. El amor cristiano no vive preguntando solamente: “¿Qué me conviene?”, sino también: “¿Cómo afectará esto a los demás?”.

Versículo principal

Filipenses 2:3-4:
“Nada hagáis por contienda ó por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos á los otros: no mirando cada uno á lo suyo propio, sino cada cual también á lo de los otros.”

Pablo no enseña que debamos descuidar por completo nuestras propias responsabilidades. Enseña que no debemos mirar solamente lo nuestro.

La desconsideración aparece cuando una persona se concentra tanto en sí misma que deja de reconocer que los demás también tienen tiempo limitado, necesidades, emociones y responsabilidades.

La humildad nos ayuda a considerar cómo nuestras decisiones afectan a quienes nos rodean.

La desconsideración nace del egoísmo

1 Corintios 10:24:
“Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.”

El egoísmo pregunta: “¿Qué gano yo?”. El amor pregunta: “¿Esto edificará, ayudará o dañará a la otra persona?”.

Una persona puede actuar dentro de sus derechos y, aun así, hacerlo de forma egoísta. No todo lo que podemos hacer es necesariamente conveniente o amoroso.

La desconsideración puede manifestarse cuando alguien:

  • Exige ayuda, pero nunca ayuda.

  • Espera ser escuchado, pero no escucha.

  • Utiliza el tiempo ajeno sin respeto.

  • Pide favores repetidamente sin mostrar gratitud.

  • Deja sus responsabilidades para que otros las resuelvan.

  • Toma decisiones familiares sin consultar.

  • Hace ruido mientras otros descansan.

  • Cancela compromisos constantemente.

  • Llega tarde sin avisar.

  • Utiliza pertenencias ajenas sin permiso.

  • Habla de temas dolorosos sin sensibilidad.

  • Publica información privada.

  • Hace bromas a pesar de saber que hieren.

  • Exige perdón, pero no cambia su conducta.

La falta de consideración no siempre parece un pecado grave, pero repetida continuamente puede destruir confianza, amistad y comunión.

El amor no busca solamente lo suyo

1 Corintios 13:4-5:
“La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; no es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal.”

El amor verdadero no busca exclusivamente su propia comodidad. Es benigno, es decir, procura tratar bien y hacer el bien.

La persona desconsiderada puede afirmar que ama, pero sus actos comunican que sus deseos tienen mayor importancia que el bienestar ajeno.

Por ejemplo, alguien puede decir que ama a su familia, pero:

  • Gasta irresponsablemente el dinero del hogar.

  • Hace planes sin consultar.

  • No cumple sus responsabilidades.

  • Interrumpe continuamente el descanso.

  • Descarga su mal humor sobre los demás.

  • Espera ser servido sin servir.

  • Ignora necesidades evidentes.

  • Hace promesas que no piensa cumplir.

El amor bíblico debe mostrarse mediante conducta, no solamente mediante palabras.

Debemos tratar a otros como deseamos ser tratados

Lucas 6:31:
“Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros.”

Antes de actuar, debemos imaginar cómo recibiríamos nosotros el mismo trato.

Podemos preguntarnos:

  • ¿Me gustaría que utilizaran mi tiempo de esta manera?

  • ¿Aceptaría que hablaran así de mí?

  • ¿Me agradaría que llegaran tarde sin avisar?

  • ¿Quisiera que ignoraran mis necesidades?

  • ¿Me parecería correcto que usaran mis cosas sin permiso?

  • ¿Cómo me sentiría si no escucharan mi explicación?

  • ¿Aceptaría que divulgaran mi información privada?

La regla enseñada por Cristo confronta la tendencia humana de exigir consideración mientras actuamos desconsideradamente con los demás.

Debemos honrar a los demás

Romanos 12:10:
“Amándoos los unos á los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos á los otros.”

Honrar significa reconocer el valor del prójimo y tratarlo con respeto.

La consideración se demuestra en acciones pequeñas:

  • Escuchar sin interrumpir.

  • Saludar.

  • Agradecer.

  • Pedir permiso.

  • Avisar cuando habrá una demora.

  • Cumplir la palabra dada.

  • Respetar horarios.

  • Cuidar los bienes ajenos.

  • Reconocer el esfuerzo.

  • Ayudar a quien está cargado.

  • Hablar con amabilidad.

  • Consultar antes de decidir algo que afectará a otros.

Estas acciones no son simples normas sociales. Pueden expresar el amor y la honra que Dios manda.

Debemos aprender a escuchar

Santiago 1:19:
“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”

Una forma frecuente de desconsideración consiste en hablar continuamente sin escuchar.

La persona puede interrumpir, responder antes de comprender o convertir toda conversación en una oportunidad para hablar de sí misma.

Proverbios 18:13:
“El que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio.”

Responder antes de escuchar puede llevarnos a juzgar incorrectamente, dar consejos inapropiados o hacer sentir a alguien que sus palabras no importan.

Escuchar con consideración implica:

  • Prestar atención.

  • No mirar constantemente el teléfono.

  • Permitir que la persona termine.

  • Hacer preguntas para comprender.

  • No minimizar lo que siente.

  • No convertir inmediatamente la conversación en nuestra propia historia.

  • Evitar conclusiones apresuradas.

  • Responder con verdad y compasión.

La consideración incluye sensibilidad ante el dolor

Proverbios 25:20:
“El que canta canciones al corazón afligido, es como el que quita la ropa en tiempo de frío, ó el que sobre el jabón echa vinagre.”

El pasaje describe una conducta fuera de lugar. Cantar alegremente delante de alguien profundamente afligido puede revelar falta de sensibilidad.

No toda palabra verdadera es apropiada en cualquier momento. Una persona puede necesitar primero ser escuchada, acompañada y consolada.

La desconsideración aparece cuando decimos:

  • “Ya supéralo”.

  • “No es para tanto”.

  • “Otros están peor”.

  • “Deberías estar feliz”.

  • “Eso te pasó por no escucharme”.

  • “Por lo menos no ocurrió algo peor”.

Estas expresiones pueden ignorar el dolor real.

Romanos 12:15:
“Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.”

La consideración sabe celebrar con quien está alegre y acompañar con respeto a quien sufre.

Debemos llevar las cargas de otros

Gálatas 6:2:
“Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo.”

La persona considerada observa cuando alguien está sobrecargado y pregunta cómo puede ayudar.

Puede notar:

  • Al cónyuge agotado.

  • Al padre anciano.

  • A una madre con muchas responsabilidades.

  • A un compañero enfermo.

  • A un amigo en duelo.

  • A un hermano con dificultades económicas.

  • A alguien nuevo que se encuentra solo.

  • A una persona con discapacidad que necesita apoyo.

No siempre podremos resolver el problema, pero podemos escuchar, acompañar, orar, ayudar o evitar aumentar innecesariamente la carga.

La desconsideración, en cambio, continúa haciendo exigencias sin observar el cansancio ajeno.

La consideración no debe limitarse a nuestro círculo

Romanos 15:1-2:
“Así que, los que somos más firmes debemos sobrellevar las flaquezas de los flacos, y no agradarnos á nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade á su prójimo en bien, á edificación.”

El creyente maduro no vive únicamente para agradarse a sí mismo. Utiliza su fortaleza para ayudar al débil.

La consideración cristiana debe alcanzar también a:

  • Personas tímidas.

  • Nuevos creyentes.

  • Adultos mayores.

  • Niños.

  • Personas pobres.

  • Extranjeros.

  • Personas enfermas.

  • Quienes tienen dificultades para expresarse.

  • Personas con menos educación.

  • Quienes no pueden devolver el favor.

La madurez no se demuestra exigiendo que todos se adapten a nosotros, sino aprendiendo también a servir y adaptarnos cuando el amor lo requiere.

La desconsideración dentro del matrimonio

El matrimonio exige consideración mutua. Ningún cónyuge debe actuar como si la otra persona existiera solamente para satisfacer sus necesidades.

1 Pedro 3:7:
“Vosotros maridos, semejantemente, habitad con ellas según ciencia, dando honor á la mujer como á vaso más frágil, y como á herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas.”

El esposo debe vivir con su esposa “según ciencia”, es decir, con comprensión y conocimiento. Debe considerar sus necesidades, límites y dignidad.

La desconsideración matrimonial puede aparecer cuando alguien:

  • Toma decisiones importantes sin consultar.

  • Gasta dinero sin transparencia.

  • Ignora el cansancio del cónyuge.

  • Habla mal de él delante de otros.

  • Invita personas sin avisar.

  • No cumple responsabilidades del hogar.

  • Exige intimidad sin considerar el estado físico o emocional.

  • Mantiene amistades que dañan la confianza.

  • Llega tarde repetidamente sin informar.

  • Utiliza el silencio como castigo.

  • Espera recibir atención sin ofrecerla.

  • Prioriza constantemente amigos, trabajo o entretenimiento.

Efesios 5:21:
“Sujetados los unos á los otros en el temor de Dios.”

La vida matrimonial debe caracterizarse por servicio y consideración mutua, no por egoísmo o dominio.

El esposo no debe tratar con aspereza

Colosenses 3:19:
“Maridos, amad á vuestras mujeres, y no seáis desapacibles con ellas.”

La dureza, los gritos, la indiferencia y las palabras hirientes contradicen el amor matrimonial.

Un hombre puede proveer económicamente y, aun así, ser desconsiderado si nunca escucha, nunca agradece y trata a su esposa como una empleada.

La provisión material no reemplaza la necesidad de afecto, respeto, comunicación y ayuda.

El mismo principio se aplica a la esposa: debe tratar al esposo con respeto, evitar la humillación y considerar sus cargas.

Los padres deben considerar a sus hijos

Colosenses 3:21:
“Padres, no irritéis á vuestros hijos, porque no se hagan de poco ánimo.”

Los padres poseen autoridad, pero deben ejercerla con sabiduría y consideración.

Pueden provocar desánimo cuando:

  • Nunca escuchan.

  • Comparan a los hijos.

  • Ridiculizan sus temores.

  • Castigan sin explicar.

  • Cambian las reglas constantemente.

  • Hacen promesas y no cumplen.

  • Ignoran sus logros.

  • Exigen perfección.

  • Publican fotografías vergonzosas.

  • Discuten delante de ellos de forma destructiva.

  • Priorizan el trabajo y nunca pasan tiempo con ellos.

Considerar al hijo no significa darle todo lo que pide ni permitir desobediencia. Significa corregir pensando en su formación, dignidad y bienestar.

Los hijos también deben considerar a sus padres

Éxodo 20:12:
“Honra á tu padre y á tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.”

Los hijos pueden ser desconsiderados cuando exigen dinero, atención o servicio sin mostrar gratitud.

También lo son cuando:

  • Ignoran las reglas del hogar.

  • Hacen ruido mientras otros descansan.

  • No ayudan en responsabilidades.

  • Tratan a sus padres como si no tuvieran necesidades.

  • Se burlan de su edad.

  • Los abandonan cuando enferman.

  • Solo se comunican cuando necesitan algo.

  • Desprecian sus consejos sin escucharlos.

Honrar incluye reconocer el esfuerzo, hablar con respeto y ayudar conforme a la capacidad.

Debemos considerar a los ancianos y vulnerables

Levítico 19:32:
“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor: Yo Jehová.”

Dios manda tratar con honor a los ancianos.

La consideración puede incluir:

  • Ceder un asiento.

  • Hablar claramente.

  • Tener paciencia.

  • Ayudar en trámites.

  • No apresurarlos.

  • Visitarlos.

  • Escuchar sus historias.

  • Protegerlos de engaños.

  • Acompañarlos a citas.

  • No tratarlos como una carga inútil.

La forma en que tratamos a quienes no pueden ofrecernos beneficios revela mucho sobre nuestro carácter.

La hospitalidad exige consideración

1 Pedro 4:9:
“Hospedaos los unos á los otros sin murmuraciones.”

Recibir personas con hospitalidad es una obra de amor, pero debe hacerse sin murmuración.

También el huésped debe ser considerado. No debe:

  • Llegar sin avisar constantemente.

  • Permanecer más tiempo del acordado.

  • Exigir alimentos especiales sin necesidad.

  • Desordenar sin ayudar.

  • Revisar asuntos privados.

  • Criticar la casa.

  • Esperar ser servido continuamente.

  • Llevar a otros sin permiso.

La consideración debe ser mutua entre quien recibe y quien visita.

Debemos respetar el tiempo ajeno

La Biblia enseña a valorar el tiempo.

Efesios 5:15-16:
“Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como necios, mas como sabios; redimiendo el tiempo, porque los días son malos.”

Llegar tarde ocasionalmente por una circunstancia inevitable no es lo mismo que mantener una costumbre de impuntualidad sin preocupación.

La desconsideración con el tiempo aparece cuando:

  • Citamos a una persona y llegamos mucho después sin avisar.

  • Cancelamos en el último momento repetidamente.

  • Extendemos reuniones innecesariamente.

  • Llamamos a horas inapropiadas.

  • Exigimos respuestas inmediatas.

  • Interrumpimos el trabajo o descanso por asuntos no urgentes.

  • Hacemos esperar mientras atendemos el teléfono.

  • Prometemos fechas que no pensamos cumplir.

Respetar el tiempo de alguien es reconocer que su vida y sus responsabilidades también tienen valor.

Debemos cumplir nuestra palabra

Mateo 5:37:
“Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.”

La persona considerada no promete con ligereza. Comprende que otros pueden organizar sus planes confiando en su palabra.

Incumplir constantemente compromisos causa:

  • Pérdida de confianza.

  • Trabajo adicional.

  • Gastos.

  • Confusión.

  • Decepción.

  • Problemas familiares.

  • Retrasos.

Cuando no podemos cumplir, debemos avisar lo antes posible, pedir perdón y buscar una solución.

La falta de organización no debe convertirse continuamente en una carga para otros.

La desconsideración puede aparecer en el trabajo

Colosenses 3:23:
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no á los hombres.”

En el trabajo debemos considerar a compañeros, clientes y autoridades.

Una persona es desconsiderada cuando:

  • Deja tareas incompletas para otros.

  • Llega tarde habitualmente.

  • Utiliza materiales sin cuidarlos.

  • Toma crédito por trabajo ajeno.

  • No comunica problemas.

  • Hace ruido innecesario.

  • Interrumpe constantemente.

  • Abandona su puesto sin avisar.

  • Transmite información tarde.

  • Carga a otros con errores que pudo prevenir.

Trabajar como para el Señor incluye responsabilidad, comunicación y respeto.

Los empleadores también deben ser considerados

Colosenses 4:1:
“Amos, haced lo que es justo y derecho con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.”

Quien dirige a otros debe considerar sus límites y necesidades.

Un empleador es desconsiderado cuando:

  • Exige trabajo fuera del horario sin necesidad.

  • Retrasa el salario.

  • Ignora riesgos de seguridad.

  • Humilla públicamente.

  • Cambia condiciones sin informar.

  • Niega descansos legítimos.

  • Aprovecha la necesidad económica.

  • Exige disponibilidad permanente.

  • No reconoce el esfuerzo.

  • Trata a las personas como herramientas reemplazables.

La autoridad no elimina la obligación de practicar justicia y humanidad.

La desconsideración con los pobres

1 Juan 3:17-18:
“Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere á su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad.”

La indiferencia ante una necesidad real puede ser una forma de desconsideración.

No estamos obligados a resolver todos los problemas ni a dar dinero sin discernimiento. Pero no debemos cerrar automáticamente el corazón cuando podemos ayudar.

La consideración puede expresarse mediante:

  • Alimentos.

  • Orientación.

  • Trabajo.

  • Transporte.

  • Ropa.

  • Escucha.

  • Información útil.

  • Protección.

  • Intercesión.

  • Ayuda para acceder a servicios.

El amor observa y actúa prudentemente.

No debemos avergonzar al necesitado

La ayuda también puede darse de manera desconsiderada cuando se utiliza para humillar.

No debemos:

  • Publicar fotografías sin permiso.

  • Contar públicamente cuánto dimos.

  • Recordar constantemente el favor.

  • Tratar al necesitado como inferior.

  • Exigir gratitud exagerada.

  • Utilizar su necesidad para obtener control.

  • Compartir información privada.

Mateo 6:3-4:
“Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha; para que sea tu limosna en secreto: y tu Padre que ve en secreto, él te recompensará en público.”

La generosidad considerada protege la dignidad de quien recibe.

Debemos cuidar la conciencia del hermano

Romanos 14:15:
“Empero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme á caridad. No arruines con tu comida á aquél por el cual Cristo murió.”

Pablo enseña que no debemos utilizar nuestra libertad de una manera que dañe a otro creyente.

La desconsideración espiritual aparece cuando alguien dice:

  • “Es tu problema si te afecta”.

  • “Yo soy libre y haré lo que quiera”.

  • “No me importa tu conciencia”.

  • “Debes madurar inmediatamente”.

La madurez no consiste solamente en conocer nuestra libertad, sino en saber cuándo renunciar a ella por amor.

Esto no significa someternos a cada exigencia humana, sino considerar seriamente las debilidades reales del prójimo.

La consideración no significa complacer a todos

Gálatas 1:10:
“Porque, ¿persuado yo ahora á hombres ó á Dios? ¿ó busco de agradar á hombres? Cierto que si todavía agradara á los hombres, no sería siervo de Cristo.”

Ser considerado no significa hacer todo lo que otros exigen.

A veces debemos decir “no” para:

  • Obedecer a Dios.

  • Proteger la salud.

  • Cumplir otras responsabilidades.

  • Evitar manipulación.

  • Mantener límites.

  • No participar en pecado.

  • Impedir dependencia.

  • Cuidar a la familia.

  • Ser honestos sobre nuestra capacidad.

Una persona puede acusarnos de desconsideración porque no satisfacemos sus deseos. Pero negarse con respeto no es pecado cuando existe una razón justa.

La consideración escucha, explica y trata con dignidad; no se somete a control humano.

Establecer límites puede ser una forma de consideración

Decir “sí” a todo puede producir promesas incumplidas, agotamiento y resentimiento.

Una respuesta considerada puede ser:

  • “No puedo hacerlo hoy, pero puedo ayudarte mañana”.

  • “No tengo capacidad para asumir esa responsabilidad”.

  • “Necesito descansar”.

  • “No participaré en esa actividad”.

  • “Puedo escucharte durante este tiempo”.

  • “Ese tema debe tratarlo una persona capacitada”.

  • “No puedo prestar esa cantidad”.

La honestidad respetuosa es más considerada que aceptar algo y después fallar.

La corrección debe hacerse con consideración

Gálatas 6:1:
“Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote á ti mismo, porque tú no seas también tentado.”

Corregir es necesario, pero debe hacerse con mansedumbre.

La corrección se vuelve desconsiderada cuando:

  • Se realiza públicamente sin necesidad.

  • Utiliza insultos.

  • Ignora la versión de la persona.

  • Busca avergonzar.

  • Recuerda faltas antiguas ya tratadas.

  • Exagera.

  • No distingue entre ignorancia y rebelión.

  • No considera el momento.

  • Habla con superioridad.

La verdad no debe separarse del amor y la prudencia.

La consideración también se aplica a las palabras

Colosenses 4:6:
“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder á cada uno.”

No hablamos de la misma manera con todas las personas y en todas las circunstancias.

Debemos considerar:

  • La edad.

  • La madurez.

  • El dolor.

  • El contexto.

  • La relación.

  • El nivel de comprensión.

  • La privacidad.

  • El momento adecuado.

Una palabra correcta pronunciada con dureza o en un momento inapropiado puede producir daño innecesario.

No debemos utilizar la sinceridad como excusa

Algunas personas dicen:

  • “Yo soy directo”.

  • “Así es mi carácter”.

  • “Solo digo la verdad”.

  • “No me importa si se ofenden”.

  • “Que aprendan a soportar”.

Pero la franqueza sin amor puede convertirse en crueldad.

Efesios 4:15:
“Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, á saber, Cristo.”

El cristiano debe hablar verdad, pero también debe considerar cómo comunicarla de una manera que busque edificar y restaurar.

Las redes sociales también requieren consideración

Podemos ser desconsiderados cuando publicamos:

  • Fotografías de otros sin permiso.

  • Problemas familiares.

  • Mensajes privados.

  • Videos vergonzosos.

  • Ubicación de personas.

  • Noticias delicadas antes que la familia.

  • Comentarios sobre enfermedades.

  • Imágenes de niños sin autorización.

  • Acusaciones no comprobadas.

  • Bromas sobre el dolor ajeno.

Antes de publicar debemos preguntarnos si la información nos pertenece y si tenemos permiso para compartirla.

El deseo de crear contenido no justifica exponer la vida privada de otros.

La consideración incluye reparar daños

Mateo 5:23-24:
“Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.”

Cuando nuestra desconsideración ha herido, no debemos minimizarla.

Una disculpa sincera reconoce:

  • Qué hicimos.

  • Cómo afectó.

  • Que estuvo mal.

  • Qué cambiaremos.

  • Cómo repararemos el daño.

No debemos decir solamente:

  • “Perdón si te molestaste”.

  • “Eres demasiado sensible”.

  • “No fue mi intención”.

  • “Todos cometen errores”.

  • “Ya deberías olvidarlo”.

La intención importa, pero no elimina el efecto. Debemos escuchar cómo nuestra conducta afectó a la otra persona.

Señales de una persona desconsiderada

Debemos examinarnos si:

  • Interrumpimos constantemente.

  • Llegamos tarde sin preocuparnos.

  • Pedimos favores sin agradecer.

  • Nunca preguntamos cómo están otros.

  • Hacemos planes que afectan a todos sin consultar.

  • Utilizamos pertenencias sin permiso.

  • Hablamos en momentos inapropiados.

  • Hacemos ruido sin importar el descanso ajeno.

  • Esperamos ser servidos.

  • Ignoramos mensajes importantes.

  • Cancelamos compromisos repetidamente.

  • Divulgamos información privada.

  • Minimizar el dolor es nuestra reacción habitual.

  • Nos molestamos cuando nos piden consideración.

  • Decimos que así es nuestro carácter.

  • Solo pensamos en nuestro beneficio.

  • Exigimos comprensión, pero no comprendemos.

  • Nunca reconocemos el esfuerzo de los demás.

  • Culpamos a otros por las consecuencias de nuestra irresponsabilidad.

Cómo abandonar la desconsideración

El creyente debe:

  • Reconocer su egoísmo delante de Dios.

  • Aprender a escuchar sin interrumpir.

  • Preguntar antes de usar pertenencias ajenas.

  • Consultar decisiones que afectan a otros.

  • Respetar horarios y compromisos.

  • Avisar cuando no pueda cumplir.

  • Practicar gratitud.

  • Observar las necesidades cercanas.

  • Ayudar sin esperar que siempre se lo pidan.

  • Hablar con sensibilidad.

  • Respetar la privacidad.

  • Pedir perdón sin excusas.

  • Reparar daños.

  • Aprender a decir “no” con respeto.

  • No prometer más de lo que puede cumplir.

  • Considerar la conciencia del hermano.

  • Servir dentro del hogar.

  • Tratar con honra a ancianos y vulnerables.

  • Preguntarse cómo afectarán sus decisiones a los demás.

  • Imitar el carácter servicial de Cristo.

Cristo es el mayor ejemplo de consideración

Marcos 10:45:
“Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos.”

Jesús tenía toda autoridad, pero no vivió exigiendo que todos atendieran su comodidad. Vino para servir.

Vio a los enfermos, escuchó a quienes eran ignorados, recibió a los niños, tuvo compasión de las multitudes y entregó su vida por pecadores.

Filipenses 2:5-8:
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: el cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual á Dios: sin embargo, se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

La consideración cristiana nace cuando adoptamos el sentir de Cristo. En lugar de vivir protegiendo solamente nuestra comodidad, aprendemos a servir, escuchar y sacrificarnos por el bien de otros.

El fruto del Espíritu produce consideración

Gálatas 5:22-23:
“Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley.”

El Espíritu Santo produce cualidades opuestas a la desconsideración:

  • Amor en lugar de egoísmo.

  • Paciencia en lugar de impaciencia.

  • Benignidad en lugar de dureza.

  • Bondad en lugar de indiferencia.

  • Mansedumbre en lugar de imposición.

  • Dominio propio en lugar de impulsividad.

La consideración no es solamente cuestión de buenos modales. Es fruto de un corazón transformado que aprende a amar como Cristo.

Conclusión

No debemos ser desconsiderados porque el amor cristiano no busca solamente lo suyo, sino también el bien del prójimo.

La desconsideración puede manifestarse mediante palabras, impuntualidad, promesas incumplidas, indiferencia, invasión de privacidad, falta de gratitud, decisiones egoístas y ausencia de sensibilidad ante el dolor.

El creyente debe aprender a escuchar, consultar, respetar horarios, cumplir su palabra, pedir permiso, ayudar al cargado y tratar a todos con honra.

Ser considerado no significa complacer todas las exigencias ni abandonar límites saludables. Podemos decir “no”, cuidar nuestro descanso y rechazar el pecado, pero debemos hacerlo con verdad, respeto y amor.

Quien ha herido por desconsideración debe reconocerlo, pedir perdón y reparar el daño. No debe justificar su conducta diciendo que así es su personalidad.

Cristo no vino para ser servido, sino para servir. Por eso, sus discípulos deben abandonar el egoísmo y desarrollar un corazón atento, humilde, agradecido y dispuesto a considerar las necesidades de los demás.

Descubre este proyecto a través de historias

Gracias a tu recomendación podré continuar agregando mucho más contenido, las historias incluyen temas de la red de todo, contáctame ante cualquier consulta.