Chismoseria
La chismosería consiste en hablar de los asuntos, errores, conflictos o intimidades de otras personas sin una razón justa, especialmente cuando se hace para entretener, despertar curiosidad, desacreditar, dividir o sentirse superior.
El chisme puede contener mentiras, exageraciones o incluso hechos verdaderos. Una información no deja de ser chisme solamente porque sea cierta. Si no nos corresponde divulgarla, si no ayuda a resolver el problema o si se comparte con personas que no pueden hacer nada bueno al respecto, puede convertirse en murmuración.
La Biblia condena al chismoso, al murmurador, al calumniador y a quien descubre secretos. El cristiano debe utilizar su boca para edificar, proteger la reputación del prójimo, corregir bíblicamente y promover la reconciliación.
Versículo principal
Proverbios 11:13:
“El que anda en chismes, descubre el secreto: mas el de espíritu fiel encubre la cosa.”
El chismoso no sabe guardar lo que le fue confiado. Escucha un asunto privado y siente la necesidad de contarlo, aunque no tenga permiso ni exista una razón justa.
La persona fiel, en cambio, sabe guardar una confidencia. No utiliza la vulnerabilidad ajena como entretenimiento ni convierte los problemas personales en temas de conversación.
Encubrir una cosa no significa ocultar delitos, abusos o peligros. Significa proteger prudentemente los asuntos privados que no necesitan ser divulgados.
El chisme divide a las personas
Proverbios 16:28:
“El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta los mejores amigos.”
El chisme destruye amistades, matrimonios, familias, congregaciones y equipos de trabajo. Una conversación puede sembrar sospechas que después resultan difíciles de eliminar.
El chismoso puede presentarse como alguien preocupado, pero sus palabras producen división. Puede decir:
- “Te lo cuento para que sepas cómo es”.
- “No quiero hablar mal, pero…”.
- “Esto queda entre nosotros”.
- “Te lo digo para que ores”.
- “Todos saben que…”.
- “No sé si sea verdad, pero escuché…”.
Estas frases no convierten una murmuración en una conversación santa. Debemos examinar si realmente buscamos ayudar o simplemente deseamos transmitir información.
Donde cesa el chismoso, termina la contienda
Proverbios 26:20:
“Sin leña se apaga el fuego: y donde no hay chismoso, cesa la contienda.”
El chisme funciona como leña que mantiene encendido un conflicto. Cada persona que repite el asunto añade combustible.
Una discusión podría terminar, pero alguien vuelve a contar lo ocurrido, exagera una frase o comunica lo que una parte dijo sobre la otra. Así, el enojo vuelve a crecer.
El cristiano debe ser una persona que apaga incendios, no alguien que los alimenta. Cuando recibe un comentario dañino puede:
- Negarse a seguir escuchando.
- Preguntar si ya hablaron con la persona involucrada.
- Evitar repetir la información.
- Corregir una mentira.
- Promover una conversación directa.
- Orar sin divulgar detalles innecesarios.
- Buscar ayuda de alguien con autoridad cuando realmente sea necesario.
Las palabras del chismoso parecen agradables, pero hacen daño
Proverbios 18:8:
“Las palabras del chismoso parecen blandas, y descienden hasta lo íntimo del vientre.”
El chisme atrae porque despierta curiosidad. A las personas les interesa conocer secretos, conflictos y errores ajenos.
Puede sentirse como una conversación agradable, pero entra profundamente en la mente. Después de escuchar una acusación, podemos comenzar a mirar de otra manera a una persona aunque nunca hayamos comprobado la información.
El chisme contamina la percepción. Puede destruir en pocos minutos una reputación que alguien construyó durante muchos años.
Por eso, no solamente peca quien cuenta; también debe cuidarse quien disfruta escuchando.
No debemos andar como calumniadores
Levítico 19:16:
“No andarás chismeando en tus pueblos. No te pondrás contra la sangre de tu prójimo: Yo Jehová.”
Dios prohibió andar difundiendo informaciones dañinas. El chisme puede llegar a poner en peligro el sustento, la familia, la reputación y hasta la seguridad de una persona.
La calumnia es todavía más grave porque consiste en atribuir falsamente un mal a alguien. Puede incluir:
- Inventar historias.
- Alterar hechos.
- Sacar palabras de contexto.
- Presentar sospechas como certezas.
- Acusar sin pruebas.
- Compartir contenido manipulado.
- Atribuir intenciones que no conocemos.
- Repetir rumores sin comprobarlos.
El cristiano debe temer a Dios antes de hablar contra su prójimo.
El chismoso revela secretos
Proverbios 20:19:
“El que descubre el secreto, en chismes anda: no te entremetas, pues, con el que lisonjea con sus labios.”
La Biblia aconseja tener cuidado con quien habla constantemente de la vida ajena. Quien nos cuenta los secretos de otros probablemente también contará los nuestros.
No debemos entregar inmediatamente nuestra intimidad a una persona solamente porque parece amable o interesada. La fidelidad se demuestra con el tiempo.
Una persona que acostumbra decir:
- “Te contaré algo que nadie sabe”.
- “Me pidió que no lo dijera, pero confío en ti”.
- “Prométeme que no se lo dirás a nadie”.
Está mostrando que no respeta la confianza recibida.
La chismosería puede aparecer como ociosidad
1 Timoteo 5:13:
“Y aun también se acostumbran á ser ociosas, á andar de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también parleras y curiosas, hablando lo que no conviene.”
Pablo relaciona la ociosidad con hablar de asuntos ajenos. Cuando una persona no ocupa su tiempo en responsabilidades, servicio y actividades útiles, puede comenzar a entrometerse en la vida de otros.
La curiosidad desordenada lleva a preguntar:
- Cuánto dinero gana alguien.
- Por qué terminó una relación.
- Qué problema tiene un matrimonio.
- Por qué alguien fue disciplinado.
- Qué enfermedad padece.
- Qué ocurrió dentro de una familia.
- Por qué una persona dejó una iglesia.
- Qué mensaje privado recibió.
No toda información que deseamos conocer nos corresponde.
El creyente debe aprender a aceptar que algunos asuntos son privados y que no necesita conocer todos los detalles.
La murmuración también es pecado
Filipenses 2:14-15:
“Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo.”
Murmurar significa expresar descontento, crítica o acusación a espaldas de una persona en vez de tratar correctamente el asunto.
La murmuración suele aparecer cuando alguien:
- Habla contra un líder sin acercarse a él.
- Critica continuamente a su cónyuge ante otros.
- Comenta los defectos de sus amigos.
- Se queja de una decisión sin buscar explicación.
- Busca aliados para aumentar su oposición.
- Presenta solamente una versión del conflicto.
- Habla con todos menos con la persona involucrada.
El cristiano debe procurar resolver los asuntos mediante conversación directa, respeto y verdad.
María y Aarón murmuraron contra Moisés
Números 12:1-2:
“Y hablaron María y Aarón contra Moisés á causa de la mujer Ethiope que había tomado: porque él había tomado mujer Ethiope. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿no ha hablado también por nosotros? Y oyólo Jehová.”
María y Aarón hablaron contra Moisés. Su crítica parecía relacionarse con su esposa, pero también escondía orgullo y competencia por la autoridad.
La murmuración muchas veces utiliza un tema visible para ocultar una motivación más profunda:
- Celos.
- Deseo de reconocimiento.
- Resentimiento.
- Ambición.
- Orgullo.
- Rivalidad.
- Falta de perdón.
El pasaje declara: “Y oyólo Jehová”. Aunque la persona criticada no escuche nuestras palabras, Dios sí las escucha.
Coré utilizó la inconformidad para provocar rebelión
Números 16:2-3:
“Y levantáronse contra Moisés con doscientos y cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de nombre; y juntáronse contra Moisés y Aarón, y les dijeron: Básteos, porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová: ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová?”
Coré no se limitó a expresar una preocupación. Reunió personas, formó un grupo y desafió la autoridad que Dios había establecido.
El chisme puede convertirse en una herramienta para reclutar seguidores. Una persona comparte su descontento con varios hasta formar una facción.
Esto no significa que los líderes nunca puedan ser cuestionados. Cuando existe pecado, abuso o falsa doctrina, debe tratarse bíblicamente. Pero no debe organizarse una campaña basada en rumores, versiones incompletas o ambición personal.
Hablar mal de otros revela un problema del corazón
Mateo 12:34-36:
“Generación de víboras, ¿cómo podéis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazón habla la boca. El buen hombre del buen tesoro del corazón saca buenas cosas: y el hombre malo del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.”
Las palabras revelan lo que llena el corazón. La persona que habla constantemente de los defectos ajenos puede estar alimentando orgullo, amargura, envidia o falta de misericordia.
Jesús advierte que daremos cuenta aun de las palabras ociosas. Esto incluye conversaciones aparentemente insignificantes que dañaron a otros.
Antes de hablar debemos preguntarnos:
- ¿Es verdad?
- ¿Estoy seguro o solamente sospecho?
- ¿Me corresponde decirlo?
- ¿La persona que escucha puede ayudar?
- ¿Estoy buscando restauración?
- ¿Lo diría delante de la persona?
- ¿Me gustaría que hablaran así de mí?
- ¿Esto edificará o solamente despertará curiosidad?
La lengua puede contaminar toda la vida
Santiago 3:5-6:
“Así también la lengua es un miembro pequeño, y se gloría de grandes cosas. He aquí, un pequeño fuego ¡cuán grande bosque enciende! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Así la lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, é inflama la rueda de la creación, y es inflamada del infierno.”
Una frase breve puede producir un daño inmenso. Un rumor puede pasar rápidamente de una persona a otra y convertirse en una historia muy diferente de lo que realmente ocurrió.
Cuando finalmente se descubre la verdad, puede ser imposible reunir a todas las personas que recibieron la información falsa.
Por eso, debemos controlar la lengua antes de que el fuego se extienda.
Santiago 3:9-10:
“Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos á los hombres, los cuales son hechos á la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que estas cosas sean así hechas.”
No es coherente utilizar la boca para alabar a Dios y después destruir la reputación de personas hechas a su imagen.
El cristiano debe hablar para edificar
Efesios 4:29:
“Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes.”
El propósito de nuestras palabras debe ser edificar. Esto no significa que nunca podamos hablar de un problema. Significa que debemos hacerlo de una manera que busque verdad, justicia y restauración.
Una conversación edificante:
- Se dirige a la persona correcta.
- Presenta hechos y no rumores.
- Evita exageraciones.
- No disfruta la caída ajena.
- Busca una solución.
- Protege detalles innecesarios.
- Se realiza con humildad.
- Permite escuchar la otra versión.
- No utiliza insultos.
- Termina cuando el propósito se ha cumplido.
El chisme, en cambio, habla con personas que no pueden solucionar nada y continúa aun después de haber causado daño.
Debemos ir primero a la persona involucrada
Mateo 18:15:
“Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano.”
Jesús enseñó un camino directo. Si alguien ha pecado contra nosotros, debemos hablar primero con esa persona, no comenzar a contar el asunto a otros.
El objetivo es ganar al hermano, no ganar partidarios.
Antes de divulgar un conflicto debemos preguntarnos: ¿Ya hablé con la persona?
En algunos casos puede ser necesario buscar consejo previo para saber cómo acercarse, especialmente cuando existe abuso, peligro o una diferencia de autoridad. Pero incluso entonces deben compartirse los detalles solamente con personas maduras que puedan ayudar.
Pedir consejo no es necesariamente chisme
Buscar ayuda pastoral, legal, familiar o profesional no es chisme cuando existe una necesidad real y la conversación se limita a quienes pueden orientar, proteger o intervenir.
No es chisme:
- Denunciar un delito.
- Informar un abuso.
- Advertir a una autoridad sobre un peligro.
- Buscar consejo matrimonial.
- Pedir ayuda ante una adicción.
- Comunicar una amenaza.
- Presentar evidencia de falsa doctrina.
- Hablar con un mediador.
- Proteger a un niño o persona vulnerable.
La diferencia se encuentra en el propósito, la audiencia y la manera.
Quien busca ayuda comparte lo necesario con personas responsables. Quien chismea comparte detalles con cualquiera que quiera escuchar.
Guardar silencio no significa encubrir el mal
Proverbios 31:8-9:
“Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los hijos de muerte. Abre tu boca, juzga justicia, y el derecho del pobre y del menesteroso.”
La enseñanza contra el chisme nunca debe utilizarse para obligar a una víctima a callar. Decir “no murmures” para impedir que alguien denuncie abuso, violencia, fraude o manipulación es torcer la Escritura.
Un delito no es un secreto privado que deba protegerse. Debe comunicarse a quienes tienen responsabilidad para actuar.
Tampoco debe protegerse la reputación de una iglesia, familia o líder por encima de la seguridad de las víctimas.
Hablar para detener el mal es diferente de hablar para entretener o destruir.
Las peticiones de oración pueden convertirse en chisme
Una persona puede divulgar asuntos privados bajo la frase: “Oremos por él”. Pero muchas veces los detalles no son necesarios para orar.
No debemos compartir:
- Pecados confesados en privado.
- Problemas matrimoniales ajenos.
- Diagnósticos médicos sin permiso.
- Conflictos familiares.
- Situaciones económicas.
- Caídas espirituales.
- Datos de víctimas.
- Información de consejería.
Podemos pedir oración de manera general sin exponer la intimidad.
La confianza espiritual es sagrada. Quien recibe una confesión para ayudar no debe convertirla en noticia para la congregación.
El chisme dentro del matrimonio también es dañino
Algunas personas creen que pueden contarle todo a su cónyuge, aun cuando prometieron guardar una confidencia. El matrimonio implica unidad, pero no elimina automáticamente la responsabilidad de respetar secretos legítimos.
Si alguien confía un asunto bajo confidencialidad, no debe divulgarse sin permiso, salvo que exista peligro, abuso o una razón moral seria.
También es incorrecto ridiculizar al cónyuge contando a amigos o familiares:
- Sus errores.
- Sus inseguridades.
- Sus dificultades íntimas.
- Sus defectos privados.
- Sus confesiones.
- Sus problemas económicos.
Los conflictos matrimoniales deben buscar consejo de personas maduras, no convertirse en entretenimiento familiar.
El chisme en redes sociales
Las redes sociales pueden multiplicar una murmuración en segundos.
La chismosería digital incluye:
- Compartir capturas privadas.
- Publicar indirectas.
- Divulgar audios sin permiso.
- Comentar rumores.
- Reenviar acusaciones no comprobadas.
- Exponer pecados ajenos por venganza.
- Crear contenido sobre conflictos privados.
- Compartir fotografías para ridiculizar.
- Participar en campañas de difamación.
- Dar “me gusta” a publicaciones calumniadoras.
Eliminar una publicación no elimina todo el daño, porque otras personas pueden haberla guardado y difundido.
El cristiano debe aplicar en internet la misma santidad que practicaría en una conversación presencial.
No debemos recibir rápidamente una acusación
Proverbios 18:13:
“El que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio.”
Proverbios 18:17:
“El primero en su propia causa parece justo; y su adversario viene, y le descubre.”
Una historia puede parecer convincente cuando solamente escuchamos una versión. La sabiduría exige oír, comprobar y no juzgar precipitadamente.
Esto es especialmente importante cuando se acusa a alguien de un pecado grave. Debemos tomar seriamente la denuncia, proteger a posibles víctimas y buscar una investigación justa, pero no declarar culpabilidad basándonos únicamente en rumores.
La justicia bíblica no desprecia a quien denuncia, pero tampoco condena sin examinar.
No debemos difamar a las autoridades ni a los líderes
La Biblia permite confrontar el pecado de un líder. Los profetas reprendieron a reyes y Jesús denunció la hipocresía religiosa.
Sin embargo, esto no autoriza rumores, insultos o acusaciones sin fundamento.
1 Timoteo 5:19:
“Contra el anciano no recibas acusación sino con dos ó tres testigos.”
Las acusaciones contra líderes deben examinarse con seriedad y evidencia. Este pasaje protege tanto a la congregación de líderes pecadores como a los líderes de acusaciones irresponsables.
Cuando existen testigos, pruebas o víctimas, el asunto no debe encubrirse. Debe investigarse de manera justa, sin convertirlo en espectáculo ni campaña de rumores.
Debemos cubrir las faltas con amor
Proverbios 17:9:
“El que cubre la falta busca amistad: mas el que la divulga, aparta al amigo.”
Cubrir una falta significa no divulgar innecesariamente una ofensa que puede perdonarse y resolverse.
No todas las equivocaciones necesitan convertirse en anuncio público. Si alguien se arrepiente y el daño fue privado, la restauración también puede manejarse privadamente.
1 Pedro 4:8:
“Y sobre todo, tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrirá multitud de pecados.”
El amor no se deleita exponiendo. Busca perdonar, restaurar y proteger la dignidad.
Sin embargo, cubrir no significa esconder delitos, mantener a otros en peligro ni impedir una disciplina necesaria. El amor también se goza en la verdad y protege a las víctimas.
Hablar la verdad no autoriza la crueldad
Efesios 4:15:
“Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, á saber, Cristo.”
La verdad debe ir acompañada por amor. Una persona puede decir algo cierto con una intención pecaminosa.
Podemos divulgar un error verdadero para:
- Vengarnos.
- Humillar.
- Sentirnos superiores.
- Ganar una discusión.
- Destruir una reputación.
- Conseguir seguidores.
- Alejar amistades.
- Justificar nuestro resentimiento.
La pregunta no es solamente si la información es cierta, sino si Dios nos llamó a compartirla y con qué propósito lo estamos haciendo.
El chisme puede disfrazarse de sinceridad
Algunas personas afirman:
- “Yo digo las cosas de frente”.
- “No tengo pelos en la lengua”.
- “Solo estoy siendo honesto”.
- “La gente tiene derecho a saber”.
- “Yo no oculto nada”.
Pero la sinceridad sin amor, prudencia y dominio propio puede convertirse en crueldad.
No todo pensamiento necesita pronunciarse. No toda información verdadera debe hacerse pública. La sabiduría también sabe callar.
Proverbios 10:19:
“En las muchas palabras no falta pecado: mas el que refrena sus labios es prudente.”
Debemos evitar a quien persiste en chismes
Proverbios 20:19:
“El que descubre el secreto, en chismes anda: no te entremetas, pues, con el que lisonjea con sus labios.”
Si una persona se niega a abandonar la chismosería, puede ser necesario limitar las conversaciones con ella. No debemos entregarle información privada ni participar en sus comentarios.
Esto no significa odiarla, sino evitar convertirnos en cómplices y proteger a otros.
Podemos decir con respeto:
- “No me corresponde conocer ese asunto”.
- “¿Ya hablaste con esa persona?”.
- “Prefiero no continuar esta conversación”.
- “No sabemos si esa información es cierta”.
- “Busquemos a alguien que pueda ayudar”.
- “Oremos sin divulgar más detalles”.
Qué hacer si hemos divulgado un chisme
Proverbios 28:13:
“El que encubre sus pecados, no prosperará: mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.”
Quien ha chismeado debe reconocer su pecado sin excusarse diciendo que solamente repitió lo que escuchó.
Debe:
- Confesarlo delante de Dios.
- Pedir perdón a la persona dañada.
- Reconocerlo ante quienes escucharon.
- Corregir la información falsa.
- Aclarar las exageraciones.
- Pedir que no se siga difundiendo.
- Eliminar publicaciones y mensajes.
- Reparar la reputación en la medida posible.
- Dejar de frecuentar conversaciones dañinas.
- Aprender a guardar confidencias.
Si el daño fue público, la corrección no debe ser únicamente privada. La restitución debe alcanzar, en lo posible, al mismo grupo que recibió la información.
Qué hacer cuando alguien habla mal de nosotros
1 Pedro 2:12:
“Teniendo vuestra conversación honesta entre los Gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen á Dios en el día de la visitación, estimándoos por las buenas obras.”
Cuando somos víctimas de chismes debemos mantener una conducta limpia y no responder inmediatamente con otra difamación.
Podemos:
- Buscar la verdad.
- Hablar directamente con quien difundió el asunto.
- Corregir públicamente una acusación pública.
- Guardar evidencia.
- Solicitar mediación.
- Acudir a autoridades si existe daño legal o peligro.
- Evitar la venganza.
- No convertir nuestra defensa en una campaña de odio.
- Confiar en que Dios conoce la verdad.
Perdonar no significa permitir que una mentira continúe destruyendo a otras personas. Puede ser necesario aclarar los hechos con firmeza.
Cómo abandonar la chismosería
El creyente debe:
- Reconocer que divulgar asuntos ajenos puede ser pecado.
- Dejar de preguntar detalles que no le corresponden.
- Evitar conversaciones centradas en la vida de otros.
- No repetir información no comprobada.
- Guardar las confidencias legítimas.
- Hablar directamente con la persona involucrada.
- Buscar consejo solamente de quien puede ayudar.
- No disfrazar chismes como peticiones de oración.
- Dejar de compartir capturas, audios y mensajes privados.
- Corregir rumores falsos.
- Pedir perdón por el daño causado.
- Limitar el trato con chismosos persistentes.
- Ocupar su tiempo en actividades útiles.
- Hablar palabras de ánimo.
- Orar antes de responder.
- Recordar que Dios escucha cada conversación.
- Aplicar la regla de tratar a otros como desea ser tratado.
Debemos pensar antes de hablar
Proverbios 15:28:
“El corazón del justo piensa para responder: mas la boca de los impíos derrama malas cosas.”
El justo no dice inmediatamente todo lo que sabe. Piensa, ora y considera las consecuencias.
Antes de hablar podemos utilizar estas preguntas:
- ¿Es verdadero?
- ¿Es necesario?
- ¿Es mi responsabilidad decirlo?
- ¿La persona que escuchará puede ayudar?
- ¿Estoy buscando restauración?
- ¿He hablado primero con el involucrado?
- ¿Estoy protegiendo a alguien o alimentando curiosidad?
- ¿Lo diría si la persona estuviera presente?
- ¿Mis palabras reflejan el carácter de Cristo?
Si no podemos responder correctamente, lo sabio puede ser guardar silencio.
Una lengua controlada demuestra verdadera espiritualidad
Santiago 1:26:
“Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana.”
Una persona puede cantar, predicar, orar y conocer muchos versículos, pero si no controla su lengua, su religiosidad queda seriamente contradicha.
La madurez espiritual se demuestra también por la capacidad de guardar silencio, proteger secretos y hablar solamente lo que edifica.
Conclusión
No debemos practicar la chismosería porque descubre secretos, destruye reputaciones, separa amistades, alimenta contiendas y contamina a quienes hablan y escuchan.
El chisme puede ser falso o verdadero. Una información cierta también puede divulgarse pecaminosamente cuando no nos corresponde contarla o cuando nuestra intención es entretener, humillar o destruir.
El cristiano debe ir directamente a la persona involucrada, buscar restauración y hablar solamente con quienes realmente pueden ayudar.
La enseñanza contra la murmuración nunca debe utilizarse para encubrir abuso, delitos o peligros. Denunciar ante las autoridades correspondientes y buscar protección no es chisme.
Las palabras tienen poder para encender grandes incendios o para traer sanidad. Quien ha chismeado debe confesar, corregir lo dicho, pedir perdón y reparar la reputación dañada en la medida de lo posible.
La verdadera espiritualidad incluye refrenar la lengua. Por eso, debemos abandonar la curiosidad desordenada, guardar las confidencias, evitar rumores y utilizar nuestra boca para edificar, reconciliar y comunicar la gracia de Cristo.