Amor selectivo

Amor selectivo

El amor selectivo consiste en amar, ayudar y tratar bien solamente a las personas que nos agradan, nos benefician, piensan como nosotros o pertenecen a nuestro círculo, mientras despreciamos, ignoramos o maltratamos a quienes consideramos menos importantes.

La Biblia enseña que el amor cristiano no debe depender de la apariencia, la posición social, la utilidad, la amistad, la nacionalidad ni de si la otra persona puede devolvernos el favor. Dios llama al creyente a amar al prójimo, mostrar misericordia, tratar a todos con dignidad y hacer bien aun a quienes no lo merecen.

Esto no significa tener el mismo nivel de confianza o cercanía con todas las personas. Podemos establecer límites, escoger cuidadosamente nuestras amistades íntimas y alejarnos de influencias pecaminosas. Sin embargo, nunca debemos usar esas diferencias para justificar el odio, el desprecio, la crueldad o la indiferencia.

Versículo principal

Mateo 5:46-48:
“Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los Gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

Jesús enseñó que amar solamente a quienes nos aman no distingue al cristiano del mundo. Casi cualquier persona puede tratar bien a quien la trata bien. El amor de Cristo se demuestra cuando hacemos el bien sin esperar recompensa y tratamos con misericordia incluso a quienes no forman parte de nuestro círculo.

Amar solamente a los que nos aman no es suficiente

Lucas 6:32-36:
“Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman. Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, pues, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.”

El amor selectivo funciona mediante intercambio: “Yo te trato bien porque tú me tratas bien”. Pero el amor cristiano no se limita a una relación de conveniencia.

Dios es benigno incluso con personas ingratas. Por eso, sus hijos deben reflejar esa misericordia. Amar de esta manera no significa aprobar el pecado de alguien, sino buscar su bien, no vengarse, orar por él y tratarlo con dignidad.

Dios no hace acepción de personas

Hechos 10:34-35:
“Entonces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepción de personas; sino que de cualquiera nación que le teme y obra justicia, se agrada.”

Dios no valora a una persona más que a otra por su raza, nacionalidad, riqueza, apariencia, educación o posición social. Todas las personas fueron creadas a imagen de Dios y necesitan igualmente la gracia de Cristo.

El creyente no debe mostrar un amor exclusivo hacia quienes se parecen a él mientras rechaza automáticamente a quienes pertenecen a otra cultura, clase social o grupo.

Romanos 2:11:
“Porque no hay acepción de personas para con Dios.”

Si Dios no juzga por apariencias ni muestra favoritismo injusto, tampoco debemos hacerlo nosotros.

El favoritismo contradice la fe en Cristo

Santiago 2:1-4:
“Hermanos míos, no tengáis la fe de nuestro Señor Jesucristo glorioso en acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro, y de preciosa ropa, y también entra un pobre con vestidura vil, y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: Siéntate tú aquí en buen lugar; y dijereis al pobre: Estáte tú allí en pie; ó siéntate aquí debajo de mi estrado: ¿No juzgáis en vosotros mismos, y venís á ser jueces de pensamientos malos?”

Santiago describe una congregación que trataba mejor al rico que al pobre. El problema no estaba solamente en los asientos, sino en el corazón que valoraba a las personas según su apariencia y utilidad.

El amor selectivo puede manifestarse cuando:

  • Saludamos con entusiasmo a los importantes, pero ignoramos a los humildes.
  • Atendemos al que puede beneficiarnos, pero despreciamos al necesitado.
  • Invitamos siempre a las mismas personas y excluimos deliberadamente a otras.
  • Defendemos los errores de nuestros amigos, pero condenamos duramente a quienes no nos agradan.
  • Somos pacientes con quienes admiramos y crueles con quienes consideramos inferiores.
  • Ayudamos únicamente cuando recibiremos reconocimiento.

Santiago 2:8-9:
“Si en verdad cumplís vosotros la ley real, conforme á la Escritura: Amarás á tu prójimo como á ti mismo, bien hacéis: mas si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y sois reconvenidos de la ley como transgresores.”

La Biblia llama pecado a la parcialidad injusta. No es una simple preferencia inocente cuando lleva a menospreciar, excluir o tratar injustamente a una persona.

No se puede amar a Dios mientras se aborrece al hermano

1 Juan 4:20-21:
“Si alguno dice, Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama á su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar á Dios á quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama á Dios, ame también á su hermano.”

La adoración y el amor al prójimo no pueden separarse. Una persona puede cantar, orar, predicar y afirmar que ama profundamente a Dios, pero si mantiene odio, desprecio y crueldad contra otros, su conducta contradice sus palabras.

El amor a Dios debe hacerse visible en la forma en que tratamos a las personas.

Esto no significa que nunca habrá conflictos o desacuerdos. Significa que aun cuando debemos corregir, confrontar o establecer límites, no debemos hacerlo desde el odio ni con deseos de destrucción.

El amor al prójimo no depende de su identidad o procedencia

Lucas 10:30-37:
“Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado. Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado. Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia; y llegándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él. Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquel que cayó en manos de los ladrones? Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.”

El samaritano ayudó a una persona que pertenecía a un grupo históricamente enfrentado con el suyo. No preguntó si el herido era amigo, si compartía sus opiniones o si podría devolverle el favor.

El sacerdote y el levita vieron la necesidad, pero pasaron de largo. El amor selectivo muchas veces no agrede directamente; simplemente decide que ciertas personas no merecen nuestra atención.

Jesús enseñó que el verdadero prójimo es quien usa misericordia.

Cristo amó cuando todavía éramos pecadores

Romanos 5:6-8:
“Porque Cristo, cuando aún éramos flacos, á su tiempo murió por los impíos. Ciertamente apenas muere algún hombre por un justo: con todo podrá ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Cristo no esperó que fuéramos dignos, buenos o agradables para amarnos. Murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

Si hemos recibido un amor que no merecíamos, no debemos negar misericordia a otros porque consideramos que tampoco la merecen.

El evangelio destruye el orgullo que dice: “Esta persona no merece mi amor”, porque nosotros tampoco merecíamos la gracia que Dios nos concedió.

El amor verdadero no busca solamente su propio beneficio

1 Corintios 13:4-7:
“La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; no es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal; no se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”

El amor selectivo busca a las personas según lo que puede recibir de ellas. El amor bíblico no busca únicamente lo suyo.

Amar significa procurar el bien de otra persona, aunque no recibamos reconocimiento, compañía, dinero, influencia o favores.

Sin embargo, el amor tampoco se goza de la injusticia. Por eso, amar a alguien no significa ayudarlo a pecar, encubrir su maldad o permitir que nos manipule.

Debemos hacer bien a todos

Gálatas 6:9-10:
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado. Así que, entre tanto que tenemos tiempo, hagamos bien á todos, y mayormente á los domésticos de la fe.”

La Biblia manda hacer bien a todos, aunque reconoce una responsabilidad especial hacia los hermanos en la fe.

Esto demuestra que tener prioridades legítimas no es necesariamente amor selectivo. Es correcto atender de manera especial a la familia, al cónyuge, a los hijos y a la congregación. No podemos mantener el mismo grado de cercanía y responsabilidad con todas las personas del mundo.

El pecado aparece cuando nuestras prioridades se convierten en excusa para despreciar, explotar o abandonar injustamente a otros.

Podemos amar a todos sin dar a todos:

  • La misma confianza.
  • El mismo acceso a nuestra vida privada.
  • La misma responsabilidad.
  • La misma cantidad de tiempo.
  • La misma cercanía emocional.
  • La misma autoridad sobre nuestras decisiones.

El amor universal no exige intimidad universal.

El amor cristiano incluye a los enemigos

Mateo 5:43-45:
“Oísteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo. Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.”

Amar al enemigo no significa considerarlo un amigo confiable ni permitirle continuar haciéndonos daño. Significa renunciar a la venganza, no desear su destrucción, orar por su arrepentimiento y actuar con justicia.

También podemos denunciar una agresión, alejarnos de una persona peligrosa y establecer límites mientras mantenemos un corazón libre de odio.

El amor no elimina la justicia; elimina la venganza personal y la crueldad.

No debemos formar grupos cerrados que desprecien a otros

Filipenses 2:3-4:
“Nada hagáis por contienda ó por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos á los otros: no mirando cada uno á lo suyo propio, sino cada cual también á lo de los otros.”

Dentro de una iglesia, familia o grupo de amigos pueden formarse círculos cerrados que siempre se favorecen entre sí. Estas personas se saludan, se ayudan y se defienden mutuamente, pero ignoran a quien llega solo, es tímido, pobre, diferente o poco popular.

La comunión cercana no es pecado, pero se vuelve dañina cuando crea orgullo, exclusión y desprecio.

El creyente debe mirar también las necesidades de quienes se encuentran fuera de su círculo habitual.

No debemos juzgar el valor de alguien por su apariencia

1 Samuel 16:7:
“Y Jehová respondió á Samuel: No mires á su parecer, ni á lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón.”

Los seres humanos suelen escoger a quién amar según la belleza, la ropa, la seguridad, la popularidad o la simpatía. Dios, en cambio, mira el corazón.

El amor selectivo puede dejar de lado a:

  • Personas con discapacidad.
  • Adultos mayores.
  • Personas pobres.
  • Extranjeros.
  • Personas poco atractivas según los criterios sociales.
  • Quienes tienen dificultades para comunicarse.
  • Personas con un pasado vergonzoso.
  • Nuevos creyentes.
  • Personas solitarias.
  • Quienes no tienen influencia.

El cristiano debe aprender a ver a las personas como Dios las ve, no solamente según su utilidad o presentación exterior.

No debemos amar solo de palabra

1 Juan 3:17-18:
“Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere á su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad.”

Podemos afirmar que amamos a todos mientras ayudamos únicamente a quienes nos agradan. El amor bíblico se demuestra mediante acciones.

Si vemos una necesidad real y tenemos capacidad de ayudar, no debemos cerrar el corazón únicamente porque la persona no pertenece a nuestro grupo.

Esto no significa responder a toda petición sin discernimiento. Debemos ayudar con sabiduría, evitando fomentar dependencia, engaño o pecado. Pero la prudencia no debe convertirse en indiferencia.

El amor no encubre injustamente los pecados de los favoritos

El amor selectivo también aparece cuando tratamos de forma distinta el mismo pecado según quién lo comete.

Podemos justificar a un familiar o amigo diciendo que “tuvo una debilidad”, mientras condenamos duramente a otra persona por la misma conducta.

Proverbios 24:23:
“También estas cosas pertenecen á los sabios. Tener respeto á personas en el juicio no es bueno.”

La justicia bíblica debe ser imparcial. No debemos alterar la verdad para proteger a nuestros favoritos ni acusar injustamente a quienes no nos agradan.

Amar a alguien no significa encubrir delitos, mentir para protegerlo o evitar toda consecuencia. El verdadero amor corrige, busca restauración y se goza en la verdad.

Corregir no significa dejar de amar

Proverbios 27:5-6:
“Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto. Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece.”

El amor no es solamente aprobación y palabras agradables. A veces, amar significa advertir a una persona que su conducta la está destruyendo.

No obstante, la corrección debe ser:

  • Bíblica.
  • Verdadera.
  • Humilde.
  • Proporcionada.
  • Privada cuando sea posible.
  • Orientada a la restauración.
  • Libre de burlas y odio.

El amor selectivo puede corregir severamente a quienes no le agradan mientras guarda silencio ante el pecado de sus amigos. El amor verdadero aplica la verdad con justicia y misericordia.

Establecer límites no es amor selectivo

No toda distancia es rechazo pecaminoso. Jesús amó a todos, pero no tuvo la misma relación de intimidad con todas las personas. Escogió doce discípulos y, entre ellos, tuvo momentos particulares con Pedro, Jacobo y Juan.

La Biblia también advierte que algunas compañías pueden corromper.

1 Corintios 15:33:
“No erréis: las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.”

Podemos alejarnos de una amistad que nos arrastra al pecado sin odiar a la persona. También podemos limitar el contacto con alguien violento, manipulador o abusivo.

El límite bíblico dice: “No puedo permitir que continúes dañándome o conduciéndome al pecado, pero no deseo tu destrucción y sigo reconociendo tu dignidad delante de Dios”.

El amor selectivo, en cambio, dice: “Solo vales cuando me eres útil, agradable o conveniente”.

La disciplina de la iglesia no debe convertirse en desprecio

Gálatas 6:1:
“Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote á ti mismo, porque tú no seas también tentado.”

Cuando un creyente cae, la meta debe ser su restauración. La iglesia no debe convertir a la persona arrepentida en alguien permanentemente despreciado.

Esto no significa devolver inmediatamente responsabilidades o ignorar consecuencias. Significa que la disciplina debe realizarse con verdad, mansedumbre y esperanza, no como una forma de humillación.

Cómo abandonar el amor selectivo

El creyente debe:

  • Examinar por qué trata mejor a unas personas que a otras.
  • Arrepentirse del favoritismo, racismo, clasismo y desprecio.
  • Saludar e incluir a quienes suelen ser ignorados.
  • Ayudar sin buscar reconocimiento o recompensa.
  • No valorar a las personas por su dinero, belleza o influencia.
  • Tratar con justicia incluso a quienes no le agradan.
  • Orar por sus enemigos.
  • Dejar de justificar los pecados de sus favoritos.
  • Corregir con la misma verdad y misericordia.
  • Mostrar hospitalidad a personas fuera de su círculo.
  • Escuchar a los solitarios y necesitados.
  • Establecer límites sin cultivar odio.
  • Recordar el amor inmerecido que recibió de Cristo.
  • Pedir a Dios un corazón misericordioso.

El amor debe ser sincero

Romanos 12:9-10:
“El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos á lo bueno; amándoos los unos á los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos á los otros.”

El amor bíblico no es fingido ni interesado. Aborrece el mal, pero honra a las personas. No confunde amar con aprobar todo, ni defender la verdad con despreciar.

El creyente debe aprender a mantener juntas la verdad, la justicia y la misericordia.

Conclusión

El amor selectivo es contrario al evangelio porque trata bien únicamente a quienes nos agradan, nos benefician o pertenecen a nuestro círculo.

Jesús enseñó que sus discípulos deben hacer más que los demás: amar a sus enemigos, bendecir a quienes los maldicen, ayudar sin esperar recompensa y tratar con misericordia a personas diferentes.

No debemos mostrar favoritismo por riqueza, apariencia, nacionalidad, amistad o posición social. Tampoco debemos justificar los pecados de nuestros seres queridos mientras condenamos injustamente a otros.

Amar a todos no significa confiar igualmente en todos ni mantener cercanía con personas peligrosas. Podemos establecer límites, escoger nuestras amistades íntimas y protegernos de malas influencias sin odiar ni despreciar.

Cristo nos amó cuando todavía éramos pecadores. Por eso, quien ha recibido su gracia debe extender amor, verdad y misericordia más allá de sus preferencias personales.

El verdadero amor no pregunta únicamente: “¿Qué puede hacer esta persona por mí?”. Pregunta: “¿Cómo puedo procurar su bien y reflejar hacia ella el carácter de Cristo?”.

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