Afeminados
La palabra “afeminados” aparece en algunas traducciones de 1 Corintios 6:9 dentro de una lista de conductas pecaminosas.
Sin embargo, debe explicarse correctamente para no utilizarla como insulto ni condenar injustamente a un hombre solamente por su voz, sensibilidad, apariencia, gestos o manera de relacionarse.
El contexto del pasaje es moral y sexual. La Biblia condena la inmoralidad, el uso desordenado de la sexualidad, la falta de dominio propio y toda práctica contraria al diseño de Dios. Pero no enseña que la amabilidad, la ternura, la mansedumbre o una personalidad tranquila sean pecados.
Versículo principal
1 Corintios 6:9-11:
“¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”
Pablo presenta una advertencia seria contra diferentes pecados practicados sin arrepentimiento. Sin embargo, también anuncia la posibilidad de una transformación completa: “esto erais algunos”.
El propósito del pasaje no es darles a los creyentes palabras para humillar a otros, sino mostrar que ninguna práctica pecaminosa debe gobernar permanentemente la vida de quien ha sido lavado y santificado por Cristo.
Cómo debe entenderse la palabra “afeminados”
La palabra griega traducida como “afeminados” es malakoi, cuyo sentido literal puede relacionarse con aquello que es blando o delicado. En los contextos morales de la antigüedad podía utilizarse para hablar de falta de dominio propio, vida sensual o, según muchos intérpretes, de una función determinada dentro de prácticas sexuales entre varones.
Por eso, el término no debe separarse del contexto sexual y moral de 1 Corintios 6. Pablo menciona inmediatamente después a “los que se echan con varones”, mostrando que la lista está tratando prácticas concretas de inmoralidad.
No es bíblicamente correcto tomar esta palabra y aplicarla automáticamente a todo hombre que:
- Tenga una voz suave.
- Sea sensible o emotivo.
- Sea tranquilo y poco agresivo.
- Tenga determinados gestos corporales.
- Disfrute del arte, la música o actividades consideradas culturalmente femeninas.
- No corresponda al modelo social del hombre rudo o dominante.
La Biblia no ofrece una lista de gestos, tonos de voz o gustos personales que conviertan automáticamente a alguien en pecador. El pecado se determina por la conducta, los deseos alimentados, las intenciones del corazón y la desobediencia a Dios, no simplemente por estereotipos culturales.
Dios creó al hombre y a la mujer
Génesis 1:27:
“Y crió Dios al hombre á su imagen, á imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió.”
La Biblia enseña que Dios creó al ser humano como varón y mujer. Esta distinción forma parte de su diseño y debe recibirse con gratitud, no con vergüenza ni desprecio.
Cada persona debe honrar a Dios con el cuerpo que ha recibido. Sin embargo, reconocer la diferencia entre varón y mujer no significa convertir todas las costumbres culturales en mandamientos divinos.
Los estilos de ropa, los colores, las labores, las formas de hablar y algunos comportamientos sociales pueden variar entre épocas y culturas. Por ello, no debemos declarar pecado algo solamente porque nuestra sociedad lo considera poco masculino o poco femenino.
Lo que sí permanece es el llamado a vivir en pureza, dominio propio, verdad y obediencia al propósito de Dios.
La mansedumbre no convierte a un hombre en afeminado
Mateo 11:29:
“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.”
Jesucristo se describió como manso y humilde. La mansedumbre no es debilidad moral ni feminidad pecaminosa. Es poder sometido al gobierno de Dios.
Un hombre puede ser tierno, paciente, compasivo y capaz de expresar dolor sin dejar de vivir conforme al diseño del Señor. La verdadera hombría bíblica no se demuestra mediante agresividad, violencia, dureza emocional o dominio abusivo.
1 Tesalonicenses 2:7-8:
“Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cría, que regala á sus hijos: tan amadores de vosotros, que quisiéramos entregaros no sólo el evangelio de Dios, mas aun nuestras propias almas; porque nos erais carísimos.”
Pablo comparó su trato con los creyentes al cuidado tierno de una madre que alimenta a sus hijos. Esto demuestra que un varón puede expresar ternura profunda, amor y cuidado sin que ello constituya pecado.
La ternura no debe confundirse con inmoralidad. La sensibilidad no debe confundirse con rebelión contra Dios.
El problema es la inmoralidad sexual
Romanos 1:24-27:
“Por lo cual también Dios los entregó á inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de suerte que contaminaron sus cuerpos entre sí mismos: los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, y honraron y sirvieron á las criaturas antes que al Criador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó á afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza: y del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la recompensa que convino á su extravío.”
El pasaje no está hablando de una voz suave, una manera delicada de caminar o una personalidad sensible. Está hablando de deseos desordenados y prácticas sexuales que contradicen el orden presentado por Dios.
La Biblia diferencia entre la tentación y la práctica consentida. Una persona puede experimentar deseos que no escogió sentir inicialmente. La tentación, por sí sola, no es igual que aceptar, alimentar y practicar el pecado.
El creyente debe llevar toda tentación delante de Dios, rechazar aquello que contradice su voluntad y buscar ayuda para vivir en santidad. No debe convertir sus deseos en autoridad suprema ni construir su vida alrededor de aquello que Dios manda abandonar.
El cristiano debe ejercer dominio propio
1 Tesalonicenses 4:3-5:
“Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor; no con afecto de concupiscencia, como los Gentiles que no conocen á Dios.”
La voluntad de Dios es la santificación. Esto se aplica a todos los creyentes, sin importar cuál sea la forma particular de su tentación.
El heterosexual también debe dominar sus deseos y abstenerse de la fornicación, el adulterio, la pornografía y la codicia. Nadie puede justificar su pecado diciendo que nació con ciertos impulsos o que sus deseos son muy fuertes.
Dios llama a cada persona a poseer su cuerpo en santificación y honor.
2 Timoteo 2:22:
“Huye también los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazón.”
La respuesta bíblica a los deseos pecaminosos es huir de ellos y buscar activamente la justicia. No basta con intentar resistir mientras se permanece cerca de aquello que alimenta la tentación.
Es necesario apartarse de contenidos, conversaciones, relaciones y ambientes que despierten la concupiscencia.
La verdadera masculinidad no es machismo
1 Corintios 16:13-14:
“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con caridad.”
La firmeza debe estar acompañada por el amor. La Biblia no presenta como varón ejemplar al hombre violento, arrogante, abusivo, irresponsable o incapaz de mostrar compasión.
Un hombre conforme al corazón de Dios debe:
- Permanecer firme en la fe.
- Ejercer dominio propio.
- Decir la verdad.
- Cumplir sus responsabilidades.
- Proteger sin abusar.
- Amar de manera sacrificada.
- Tratar a las mujeres con pureza y respeto.
- Ser humilde para reconocer sus pecados.
- Tener valor para obedecer a Dios.
- Mostrar misericordia con los débiles.
Efesios 5:25:
“Maridos, amad á vuestras mujeres, así como Cristo amó á la iglesia, y se entregó á sí mismo por ella.”
Cristo es el modelo del amor masculino: no utilizó su autoridad para dominar egoístamente, sino que se entregó en sacrificio. La hombría bíblica no consiste en demostrar superioridad, sino en servir, proteger, perseverar y amar con santidad.
No debemos adoptar deliberadamente una conducta sexual inmunda
La Biblia sí condena que una persona cultive deliberadamente una conducta sexual destinada a despertar deseos pecaminosos, seducir, practicar inmoralidad o rechazar conscientemente el diseño de Dios para el cuerpo.
El problema no es una característica física involuntaria ni una personalidad particular. El problema aparece cuando alguien:
- Alimenta deseos sexuales prohibidos.
- Practica relaciones sexuales contrarias al orden bíblico.
- Usa su cuerpo para provocar o seducir inmoralmente.
- Consume pornografía o contenido sexual.
- Convierte la sensualidad en parte de su identidad.
- Se burla del diseño de Dios para el varón y la mujer.
- Justifica su pecado en lugar de arrepentirse.
- Presiona a otros para que aprueben aquello que Dios llama inmoralidad.
La santidad exige que cada creyente examine su corazón y abandone aquello que alimenta la carne.
Los frutos del Espíritu deben gobernar la conducta
Gálatas 5:22-24:
“Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.”
La vida cristiana no consiste únicamente en adoptar una apariencia exterior considerada masculina o femenina. Una persona puede parecer muy varonil ante la sociedad y, al mismo tiempo, vivir dominada por la pornografía, el adulterio, la ira, la violencia y el orgullo.
Lo que demuestra la obra del Espíritu es el carácter transformado: amor, paciencia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio.
La mansedumbre aparece como fruto del Espíritu. Por tanto, no puede condenarse como si fuera una señal de pecado.
No debemos burlarnos ni insultar
Santiago 3:9-10:
“Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos á los hombres, los cuales son hechos á la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que estas cosas sean así hechas.”
La palabra “afeminado” no debe utilizarse como burla contra niños, jóvenes u hombres que no cumplen determinadas expectativas culturales.
Ridiculizar la voz, los movimientos, el cuerpo o la personalidad de alguien puede causar heridas profundas y no refleja el amor de Cristo. Tampoco ayuda a una persona que verdaderamente está luchando contra tentaciones sexuales.
El cristiano debe hablar la verdad, pero hacerlo con amor, respeto y deseo de restauración.
Gálatas 6:1:
“Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote á ti mismo, porque tú no seas también tentado.”
La meta no es humillar, sino restaurar. La corrección bíblica reconoce el pecado con claridad, pero también recuerda que todos somos vulnerables y necesitamos la gracia de Dios.
Nadie debe ser definido únicamente por su tentación
Una persona que experimenta tentaciones sexuales no debe ser reducida a esas tentaciones. La identidad del creyente arrepentido se encuentra en Cristo.
1 Corintios 6:11:
“Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”
Pablo no dijo: “esto seguiréis siendo para siempre”. Dijo: “esto erais algunos”. El evangelio ofrece una nueva identidad, limpieza y poder para comenzar una vida diferente.
Esto no significa que todas las tentaciones desaparezcan inmediatamente. Algunas luchas pueden requerir perseverancia, oración, disciplina y acompañamiento durante mucho tiempo. La santificación es un camino continuo de obediencia.
Cómo abandonar la inmoralidad relacionada con este pecado
La persona debe:
- Reconocer delante de Dios cualquier deseo o práctica pecaminosa.
- Dejar de justificar aquello que la Escritura condena.
- Apartarse de relaciones y ambientes que alimenten la tentación.
- Rechazar la pornografía y el contenido sensual.
- Evitar conversaciones sexuales o provocadoras.
- Buscar ayuda de creyentes maduros y confiables.
- Llenar su mente con la Palabra de Dios.
- Desarrollar amistades cristianas sanas.
- Practicar el dominio propio.
- No construir su identidad alrededor de sus deseos.
- Recordar que su cuerpo pertenece al Señor.
- Perseverar aunque la lucha no desaparezca inmediatamente.
También debe aprender a diferenciar entre una característica personal inocente y una conducta verdaderamente pecaminosa, para no vivir bajo una culpa que Dios no ha impuesto.
Hay perdón para quien se arrepiente
1 Juan 1:9:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.”
Dios no rechaza al pecador que viene a Cristo con arrepentimiento sincero. Él perdona, limpia y transforma.
La gracia no significa que el pecado sea aceptable. Significa que existe misericordia para quien reconoce su condición, abandona su rebelión y se somete al Señor.
La iglesia debe ser un lugar donde se enseñe la verdad, pero también donde las personas puedan confesar sus luchas sin ser inmediatamente ridiculizadas, rechazadas o expuestas públicamente.
Conclusión
La palabra “afeminados” de 1 Corintios 6:9 debe entenderse dentro de su contexto moral y sexual. No debe utilizarse para condenar automáticamente a un hombre por su voz, sensibilidad, gestos, apariencia o personalidad.
La Biblia condena la inmoralidad sexual, los deseos alimentados deliberadamente, la falta de dominio propio y las prácticas contrarias al diseño de Dios para el varón y la mujer.
Al mismo tiempo, la Escritura honra la mansedumbre, la ternura, la compasión y la humildad. Jesucristo mismo fue manso y humilde de corazón.
Por tanto, el cristiano debe evitar dos errores:
- Justificar conductas sexuales que Dios llama pecado.
- Convertir estereotipos culturales en mandamientos bíblicos y utilizarlos para humillar a otros.
Quien ha caído puede ser lavado, santificado y justificado en Cristo. La respuesta correcta no es la burla ni el odio, sino la verdad expresada con amor, el arrepentimiento sincero y una vida progresivamente gobernada por el Espíritu Santo.