La red del mal
Homosexualismo
La conducta homosexual comprende las relaciones sexuales, prácticas eróticas y vínculos romántico-sexuales entre personas del mismo sexo.
La Biblia presenta la intimidad sexual como un regalo de Dios reservado para el matrimonio entre un hombre y una mujer. Por tanto, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son consideradas contrarias a ese orden, de la misma manera que también lo son la fornicación, el adulterio, la pornografía y cualquier práctica sexual fuera del matrimonio bíblico.
Esta enseñanza nunca debe utilizarse para justificar burlas, violencia, discriminación, humillación o desprecio. Toda persona ha sido creada a imagen de Dios y debe ser tratada con dignidad, verdad, compasión y justicia.
También es necesario distinguir entre:
-
Experimentar una atracción.
-
Enfrentar una tentación.
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Alimentar voluntariamente fantasías.
-
Adoptar una relación romántico-sexual.
-
Practicar actos sexuales.
Una tentación no es idéntica a consumar el pecado. El creyente debe llevar sus deseos delante de Dios y responder a ellos mediante fe, pureza y dominio propio.
Versículo principal
1 Tesalonicenses 4:3-5:
“Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor; no con afecto de concupiscencia, como los Gentiles que no conocen á Dios.”
La voluntad de Dios para todos los creyentes es la santificación. La pureza sexual no se exige únicamente a quienes experimentan atracción hacia el mismo sexo.
También se exige a:
-
Solteros heterosexuales.
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Novios.
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Personas casadas.
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Viudos.
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Divorciados.
-
Líderes.
-
Jóvenes.
-
Adultos.
Nadie recibe autorización para seguir todos sus deseos sexuales. Cada persona debe aprender a gobernar su cuerpo con santidad y honor.
Dios creó al hombre y a la mujer
Génesis 1:27:
“Y crió Dios al hombre á su imagen, á imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió.”
La humanidad fue creada como varón y mujer, ambos con la misma dignidad como portadores de la imagen de Dios.
La diferencia sexual no implica que uno tenga mayor valor que el otro. Expresa una distinción creada que forma parte del diseño de Dios para la humanidad.
Ninguna persona debe ser despreciada por su sexo, apariencia, temperamento, sensibilidad o manera de expresarse.
Un hombre no deja de ser hombre porque:
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Sea sensible.
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No practique deportes.
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Tenga una voz suave.
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Disfrute actividades asociadas culturalmente con mujeres.
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No cumpla un estereotipo de masculinidad.
Una mujer no deja de ser mujer porque:
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Sea firme.
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Tenga liderazgo.
-
Prefiera ropa poco adornada.
-
Disfrute actividades asociadas culturalmente con hombres.
-
No cumpla un estereotipo de feminidad.
La identidad sexual no debe confundirse con los estereotipos culturales.
El matrimonio fue establecido como unión de hombre y mujer
Génesis 2:24:
“Por tanto, dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne.”
La primera descripción bíblica del matrimonio presenta a un hombre unido a su mujer.
La unión de una sola carne incluye:
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Exclusividad.
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Fidelidad.
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Entrega corporal.
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Responsabilidad.
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Permanencia.
-
Formación de una nueva unidad familiar.
La intimidad sexual fue creada para expresar este pacto matrimonial.
Jesús confirmó este diseño
Mateo 19:4-6:
“Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo, y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne? Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.”
Cuando Jesús habló sobre el matrimonio, regresó al orden de la creación: hombre y mujer unidos como una sola carne.
Jesús no presentó el matrimonio como una institución que pudiera redefinirse únicamente según los deseos humanos. Lo relacionó con la intención original del Creador.
Esto no significa que toda persona esté obligada a casarse. Jesús mismo vivió soltero. Significa que, cuando existe una unión sexual matrimonial, la Biblia la establece entre un hombre y una mujer.
La Biblia menciona directamente las relaciones homosexuales
Romanos 1:26-27:
“Por esto Dios los entregó á afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza: y del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la recompensa que convino á su extravío.”
Pablo describe relaciones sexuales entre mujeres y entre hombres como contrarias al orden natural establecido por Dios.
El pasaje no limita la condenación únicamente a:
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Prostitución.
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Abuso de menores.
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Violación.
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Relaciones rituales.
-
Personas heterosexuales experimentando.
Habla de deseos y actos sexuales entre personas del mismo sexo.
Sin embargo, este pasaje no autoriza a tratar a estas personas como si fueran las únicas pecadoras. El contexto de Romanos también confronta:
-
Idolatría.
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Injusticia.
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Avaricia.
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Envidia.
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Homicidio.
-
Contienda.
-
Engaño.
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Soberbia.
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Desobediencia a los padres.
-
Falta de misericordia.
La enseñanza debe aplicarse sin favoritismo ni hipocresía.
La conducta homosexual aparece junto con otros pecados
1 Corintios 6:9-11:
“¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”
Pablo incluye los actos homosexuales dentro de una lista amplia de pecados. No los presenta como la única forma de inmoralidad.
También menciona:
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Fornicación.
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Adulterio.
-
Idolatría.
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Robo.
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Avaricia.
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Embriaguez.
-
Maldición.
-
Fraude.
Por tanto, una iglesia que condena enérgicamente la homosexualidad, pero tolera el adulterio, la pornografía, el abuso, la avaricia o la borrachera, actúa con parcialidad.
La frase “esto erais algunos” anuncia que ninguna práctica pecaminosa tiene que definir permanentemente a una persona.
En Cristo existe:
-
Lavamiento.
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Santificación.
-
Justificación.
-
Una nueva identidad.
-
Poder para comenzar una vida de obediencia.
La atracción no es lo mismo que la práctica
Una persona puede experimentar atracción hacia el mismo sexo sin haberla elegido deliberadamente y sin haber realizado actos sexuales.
La aparición inicial de una atracción no debe tratarse de la misma manera que una práctica voluntaria.
Hebreos 4:15:
“Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.”
Jesús fue tentado, pero no pecó. Esto demuestra que experimentar tentación no equivale automáticamente a haber consentido y practicado el pecado.
La responsabilidad moral aparece en la manera en que respondemos:
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Si alimentamos deliberadamente la fantasía.
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Si buscamos contenido erótico.
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Si iniciamos relaciones sexuales.
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Si justificamos la práctica.
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Si rechazamos el dominio propio.
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Si construimos nuestra vida alrededor del deseo.
Una persona que resiste la tentación y procura obedecer a Dios no debe ser tratada como si estuviera practicando aquello que rechaza.
No debemos exigir que una persona mienta sobre lo que siente
Alguien puede experimentar atracción hacia el mismo sexo durante mucho tiempo. No debe ser obligado a fingir que nunca ha tenido esa lucha para ser aceptado en la iglesia.
La honestidad puede decir:
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“Esta es una tentación que enfrento”.
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“Necesito apoyo”.
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“No quiero vivir conforme a este deseo”.
-
“Estoy aprendiendo a caminar en pureza”.
-
“Aún no comprendo todas mis emociones”.
Confesar una lucha no significa celebrarla ni convertirla en identidad suprema.
La iglesia debe ser un lugar donde las personas puedan hablar con verdad sin ser inmediatamente ridiculizadas, expuestas o expulsadas.
No debemos prometer un cambio inmediato de atracción
La Biblia promete perdón, santificación y poder para obedecer. No promete que toda tentación desaparecerá instantáneamente.
Algunas personas pueden experimentar cambios en sus deseos. Otras pueden continuar luchando durante muchos años.
No debemos afirmar:
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“Si tienes suficiente fe, toda atracción desaparecerá”.
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“Si todavía sientes algo, no te arrepentiste”.
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“Después de una oración nunca volverás a ser tentado”.
-
“Debes casarte para demostrar que cambiaste”.
El arrepentimiento se demuestra principalmente por la dirección de la vida, no por la ausencia inmediata de toda sensación involuntaria.
La orientación no debe convertirse en la identidad suprema
La cultura puede enseñar a una persona que sus deseos sexuales constituyen el centro definitivo de quién es.
La Biblia, en cambio, enseña que la identidad principal del creyente está en Cristo.
Gálatas 2:20:
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí.”
El creyente no necesita negar que enfrenta ciertos deseos. Pero tampoco debe permitir que estos definan todo su valor, propósito y futuro.
Su identidad incluye ser:
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Creado a imagen de Dios.
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Amado por Cristo.
-
Redimido.
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Miembro del cuerpo de Cristo.
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Llamado a la santidad.
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Dotado para servir.
-
Heredero de las promesas.
La sexualidad es una parte de la experiencia humana, pero no debe ocupar el lugar de Dios.
Todos los creyentes deben negar deseos desordenados
Lucas 9:23:
“Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.”
Seguir a Cristo exige negación propia para todos.
El heterosexual también debe negar:
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Deseos de adulterio.
-
Relaciones sexuales antes del matrimonio.
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Pornografía.
-
Fantasías con personas ajenas.
-
Coqueteos impropios.
-
Relaciones abusivas.
-
Deseos sexuales egoístas.
No es justo exigir dominio propio a una persona con atracción homosexual mientras se justifica la inmoralidad heterosexual.
La cruz confronta todo deseo que compita con la obediencia a Cristo.
La soltería puede ser una vida plena
La enseñanza bíblica no obliga a toda persona a contraer matrimonio.
1 Corintios 7:7-8:
“Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo: empero cada uno tiene su propio don de Dios; uno á la verdad así, y otro así. Digo pues á los solteros y á las viudas, que bueno les es si se quedaren como yo.”
Pablo consideró la soltería como una forma legítima y honorable de vida.
Una persona que decide vivir en celibato puede desarrollar:
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Amistades profundas.
-
Familia espiritual.
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Servicio.
-
Trabajo.
-
Creatividad.
-
Hospitalidad.
-
Comunión.
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Propósito.
-
Amor sacrificial.
La vida sin actividad sexual no es una vida incompleta.
Jesús nunca se casó ni mantuvo relaciones sexuales, y vivió la humanidad perfecta.
La iglesia debe ser una verdadera familia
Pedir a una persona que viva en castidad mientras se le condena a la soledad es una contradicción.
La iglesia debe ofrecer:
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Amistad.
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Compañía.
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Hospitalidad.
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Servicio compartido.
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Apoyo durante enfermedades.
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Celebración.
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Consejo.
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Espacios seguros para hablar.
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Relaciones familiares espirituales.
Marcos 10:29-30:
“Y respondiendo Jesús, dijo: De cierto os digo, que no hay ninguno que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, é hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.”
La comunidad cristiana no debe limitarse a predicar abstinencia. Debe convertirse en una familia real para quienes hacen sacrificios por seguir a Cristo.
No debe imponerse un matrimonio heterosexual
Una persona no debe casarse con alguien del sexo opuesto únicamente para demostrar que abandonó la homosexualidad.
Un matrimonio sin honestidad puede causar un daño profundo al cónyuge.
No debe ocultarse una lucha significativa antes del matrimonio. La futura pareja tiene derecho a recibir información necesaria para decidir con libertad y conocimiento.
El matrimonio no debe utilizarse como:
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Tratamiento.
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Prueba pública de conversión.
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Medio para evitar rumores.
-
Forma de agradar a la familia.
-
Solución automática a la tentación.
Casarse requiere afecto, sinceridad, consentimiento, compromiso y capacidad real para asumir el pacto.
La amistad entre personas del mismo sexo no es pecado
La Biblia muestra amistades profundas entre personas del mismo sexo. La cercanía emocional, el afecto fraternal y la lealtad no son automáticamente sexuales.
Dos hombres pueden:
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Abrazarse.
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Expresar cariño.
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Compartir profundamente.
-
Servirse mutuamente.
-
Vivir una amistad cercana.
Dos mujeres también pueden mantener una amistad íntima y fiel sin que exista una relación sexual.
No debemos sexualizar toda muestra de afecto ni crear sospechas injustas.
La amistad sana es una bendición y puede ser especialmente importante para quien vive en celibato.
La apariencia no demuestra homosexualidad
No debemos concluir que una persona practica homosexualidad por:
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Su voz.
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Su forma de caminar.
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Sus gestos.
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Su ropa.
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Sus intereses.
-
Su profesión.
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Su sensibilidad.
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Sus amistades.
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Su falta de interés en casarse.
Estas conclusiones producen chismes, acusaciones y humillación.
Juan 7:24:
“No juzguéis según lo que parece, mas juzgad justo juicio.”
Una persona solo debe ser confrontada por hechos reales, no por estereotipos o rumores.
La palabra “afeminado” no debe utilizarse como insulto
La traducción de 1 Corintios 6:9 ha sido utilizada algunas veces para burlarse de hombres sensibles, tímidos o poco ajustados a ciertos estereotipos culturales.
El pasaje se encuentra dentro de un contexto de inmoralidad sexual. No autoriza a insultar a un hombre por su voz, delicadeza, apariencia o personalidad.
La masculinidad bíblica se relaciona con:
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Fidelidad.
-
Amor.
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Responsabilidad.
-
Valor.
-
Dominio propio.
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Servicio.
-
Humildad.
No con imitar una caricatura cultural de dureza.
No debemos burlarnos ni humillar
Proverbios 17:5:
“El que escarnece al pobre, afrenta á su Hacedor; y el que se alegra en la calamidad, no quedará sin castigo.”
Burlarse de una persona por su orientación, apariencia o lucha espiritual es contrario al amor cristiano.
No debemos:
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Utilizar apodos ofensivos.
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Imitar su voz o movimientos.
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Hacer bromas sexuales.
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Exponerla delante de otros.
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Publicar rumores.
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Ridiculizarla desde el púlpito.
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Tratarla como repugnante.
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Celebrar cuando sufre.
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Desearle violencia.
La verdad bíblica no necesita crueldad para ser defendida.
No debemos agredir ni perseguir
Romanos 12:18:
“Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los hombres.”
Nadie tiene derecho a golpear, amenazar, acosar, perseguir o destruir las pertenencias de una persona por su orientación o conducta sexual.
El cristiano debe oponerse a:
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Violencia física.
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Amenazas de muerte.
-
Acoso escolar.
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Despidos injustos.
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Extorsión.
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Agresiones sexuales.
-
Humillación pública.
-
Daño a viviendas o negocios.
-
Persecución organizada.
Condenar bíblicamente una práctica no significa negar la seguridad, dignidad o derechos civiles básicos de las personas.
No debemos desear la muerte del pecador
Ezequiel 33:11:
“Diles: Vivo yo, dice el Señor Jehová, que no quiero la muerte del impío, sino que se torne el impío de su camino, y que viva.”
Dios llama al arrepentimiento, no al odio.
El creyente debe desear que toda persona:
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Conozca a Cristo.
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Reciba perdón.
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Sea protegida del daño.
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Abandone el pecado.
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Encuentre una comunidad sana.
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Viva con esperanza.
Quien desea violencia o destrucción demuestra que también necesita arrepentirse.
No debemos expulsar a un hijo del hogar por confesar una lucha
Cuando un hijo o adolescente confiesa atracción hacia el mismo sexo, los padres no deben reaccionar con:
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Golpes.
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Insultos.
-
Amenazas.
-
Expulsión inmediata.
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Exposición pública.
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Comparaciones.
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Negación de alimento o educación.
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Encierro.
-
Coacción religiosa.
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Matrimonio forzado.
Deben escuchar, mantener la calma y expresar sus convicciones sin dejar de demostrar amor.
Un hijo necesita saber que puede hablar con sus padres sin temor a perder toda protección y afecto.
Los padres no deben culparse automáticamente
La atracción hacia el mismo sexo no debe atribuirse automáticamente a:
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Una madre dominante.
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Un padre ausente.
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Abuso sexual.
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Falta de disciplina.
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Determinados juguetes.
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Amistades.
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Ropa.
-
Una crianza específica.
Las historias humanas son complejas. No debe presentarse una explicación simplista como si fuera una enseñanza bíblica.
Tampoco debe acusarse sin pruebas a familiares o personas cercanas.
El abuso no determina automáticamente una orientación
Una persona que sufrió abuso sexual puede experimentar confusión, trauma o dificultades posteriores, pero no debe afirmarse que todo el que experimenta atracción homosexual fue abusado.
Asimismo, haber sufrido abuso no hace culpable a la víctima ni significa que inevitablemente adoptará determinada conducta.
Quien sufrió abuso necesita:
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Protección.
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Escucha.
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Atención médica cuando corresponda.
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Apoyo psicológico.
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Acompañamiento espiritual.
-
Justicia.
-
Tiempo para sanar.
La culpa siempre pertenece al agresor.
La conducta homosexual no debe confundirse con abuso sexual
Una relación homosexual consensual entre adultos y un abuso sexual no son exactamente la misma categoría de conducta.
Ambos pueden ser considerados contrarios a la ética sexual bíblica cuando existe una relación del mismo sexo, pero el abuso añade:
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Coacción.
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Violencia.
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Manipulación.
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Falta de consentimiento.
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Daño grave.
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Posibles delitos.
No debe reducirse una agresión a la simple expresión “pecado sexual entre ambos”. La víctima no participa voluntariamente en el pecado del agresor.
Todo abuso debe denunciarse
Si una persona del mismo sexo:
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Fuerza.
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Amenaza.
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Toca sin permiso.
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Acosa.
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Utiliza autoridad.
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Abusa de un menor.
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Comparte imágenes íntimas.
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Extorsiona.
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Persigue.
La situación debe tomarse con la misma seriedad que cualquier otro abuso.
No debe encubrirse para evitar “dar mala imagen” a una familia, iglesia o comunidad.
Las personas homosexuales no son automáticamente abusadoras
Es injusto presentar a toda persona con atracción homosexual como peligrosa para los niños.
La orientación o atracción por sí sola no demuestra que alguien sea abusador.
La protección de menores debe basarse en:
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Conductas.
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Antecedentes.
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Límites.
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Supervisión.
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Evidencias.
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Normas aplicadas a todos.
Los abusadores pueden tener diferentes orientaciones. Deben juzgarse los actos reales, no los estereotipos.
La iglesia no debe concentrarse en un solo pecado
Romanos 2:1:
“Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, cualquiera que juzgas: porque en lo que juzgas á otro, te condenas á ti mismo; porque lo mismo haces, tú que juzgas.”
Una congregación pierde credibilidad cuando condena la homosexualidad públicamente, pero protege:
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Adulterio.
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Pornografía.
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Abuso matrimonial.
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Acoso sexual.
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Fornicación heterosexual.
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Mentiras.
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Avaricia.
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Racismo.
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Chismes.
-
Corrupción financiera.
La santidad debe enseñarse de manera completa y justa.
El hecho de que un pecado sea culturalmente visible no lo convierte en el único que merece atención.
La disciplina debe aplicarse con igualdad
Si una iglesia disciplina a una pareja del mismo sexo, también debe tratar seriamente:
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Convivencias heterosexuales.
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Adulterio.
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Pornografía persistente.
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Relaciones sexuales durante el noviazgo.
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Abuso.
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Acoso.
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Prostitución.
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Ocultamiento de inmoralidad.
La disciplina bíblica no debe seleccionar únicamente a quienes resultan socialmente fáciles de señalar.
Debe buscar arrepentimiento, protección y restauración.
La corrección debe hacerse con mansedumbre
2 Timoteo 2:24-25:
“Que el siervo del Señor no debe ser litigioso, sino manso para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija á los que se oponen.”
La persona no debe ser confrontada como si fuera un enemigo.
Una conversación bíblica debe:
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Escuchar su historia.
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Explicar los textos con claridad.
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Evitar insultos.
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No presionar para obtener una respuesta inmediata.
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Reconocer las luchas.
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Presentar el evangelio.
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Ofrecer acompañamiento.
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Permitir preguntas.
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Mantener confidencialidad apropiada.
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Evitar promesas falsas.
La mansedumbre no elimina la verdad. La comunica sin violencia ni superioridad.
No debemos divulgar la orientación o lucha de otra persona
Revelar información privada sin permiso puede causar un daño grave.
No debemos contar:
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Lo que alguien confesó en consejería.
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Una atracción que compartió privadamente.
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Una lucha personal.
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Mensajes íntimos.
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Rumores.
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Sospechas.
Solo debe comunicarse información sin consentimiento cuando existe una razón seria de protección, abuso, delito o peligro inmediato, y únicamente a quienes deben intervenir.
La petición de oración no debe convertirse en chisme.
No debemos intentar avergonzar para producir arrepentimiento
La humillación pública puede producir:
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Miedo.
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Ocultamiento.
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Mentiras.
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Desesperación.
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Alejamiento.
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Trauma.
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Rechazo hacia la iglesia.
El arrepentimiento verdadero procede de reconocer la verdad delante de Dios, no de ser destruido socialmente.
La corrección pública solo debe utilizarse cuando existe una razón bíblica proporcionada, evitando detalles íntimos innecesarios.
El celibato no debe presentarse como castigo
La castidad fuera del matrimonio es el llamado de todos los solteros, no una condena especial impuesta exclusivamente a quienes experimentan atracción homosexual.
El celibato puede ser difícil, pero también puede estar lleno de:
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Servicio.
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Amor.
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Amistades.
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Propósito.
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Hospitalidad.
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Gozo.
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Crecimiento.
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Comunión con Dios.
La iglesia debe honrar a las personas solteras y no tratarlas como creyentes incompletos.
La pornografía homosexual también debe abandonarse
El consumo de pornografía es pecaminoso independientemente del sexo de quienes aparecen.
Alimenta:
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Lujuria.
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Fantasías.
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Cosificación.
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Dependencia.
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Deseos desordenados.
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Ocultamiento.
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Insatisfacción.
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Explotación.
Quien desea caminar en pureza debe eliminar contenido, aplicaciones y contactos que alimentan la excitación sexual.
Job 31:1:
“Hice pacto con mis ojos: ¿cómo pues había yo de pensar en virgen?”
El principio es cuidar los ojos y el corazón.
Las relaciones digitales también pueden ser sexuales
Una persona puede afirmar que no ha tenido contacto físico, pero mantener:
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Intercambio de imágenes íntimas.
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Videollamadas sexuales.
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Mensajes eróticos.
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Fantasías compartidas.
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Conversaciones destinadas a excitar.
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Relaciones románticas secretas.
Estas conductas también deben someterse a la pureza cristiana.
La santidad no consiste únicamente en evitar un acto físico específico.
Una pareja del mismo sexo que desea seguir a Cristo
Cuando dos personas del mismo sexo mantienen una relación romántico-sexual y desean obedecer la enseñanza bíblica, deben reconocer que la intimidad sexual y romántica necesita terminar.
Esto puede requerir:
-
Suspender las relaciones sexuales.
-
Dejar el intercambio de contenido íntimo.
-
Establecer límites físicos.
-
Modificar la vivienda si convivir facilita la caída.
-
Buscar consejo pastoral responsable.
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Evitar promesas ambiguas que mantengan el vínculo romántico.
-
Desarrollar apoyo comunitario.
-
Tratar con justicia obligaciones económicas legítimas.
-
No utilizar la ruptura para humillar o vengarse.
-
Perseverar aunque exista dolor emocional.
El arrepentimiento no significa negar que hubo afecto ni actuar cruelmente. Significa someter la relación a la voluntad de Dios.
No toda convivencia requiere decisiones impulsivas
Puede haber viviendas, contratos, bienes, mascotas o responsabilidades compartidas. Estas circunstancias necesitan resolverse con prudencia y honestidad.
No debe prolongarse indefinidamente una relación sexual bajo el argumento de que la separación práctica es difícil. Pero tampoco deben tomarse decisiones irresponsables que dejen a alguien sin vivienda o en peligro cuando existen alternativas ordenadas.
Puede ser necesario elaborar un plan acompañado por creyentes maduros.
El arrepentimiento no borra inmediatamente el dolor
Terminar una relación puede producir:
-
Duelo.
-
Soledad.
-
Confusión.
-
Tentación.
-
Recuerdos.
-
Deseos de regresar.
-
Pérdida de amistades.
Estas emociones no demuestran que la decisión de obedecer haya sido incorrecta.
La persona necesita acompañamiento, paciencia y una comunidad que no la abandone después de exigirle una separación.
Una caída no elimina toda esperanza
Proverbios 24:16:
“Porque siete veces cae el justo, y se torna á levantar; mas los impíos caerán en el mal.”
Quien vuelve a caer no debe ocultarse ni concluir que ya no puede cambiar.
Debe:
-
Confesar.
-
Examinar qué límites ignoró.
-
Pedir ayuda.
-
Cerrar accesos.
-
Alejarse de situaciones vulnerables.
-
Volver a levantarse.
-
Evitar la desesperación.
La gracia no justifica la práctica continua, pero sostiene a quien lucha sinceramente por obedecer.
Cómo vivir en pureza
Una persona que experimenta atracción hacia el mismo sexo puede:
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Confesar sus luchas a creyentes maduros y confiables.
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Evitar pornografía y contenido erótico.
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Establecer límites en amistades que despiertan deseo.
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No mantener conversaciones sexuales.
-
Evitar aplicaciones destinadas a encuentros.
-
No exponerse deliberadamente a tentaciones.
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Desarrollar amistades sanas.
-
Servir dentro de la iglesia.
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Cuidar su salud emocional.
-
Buscar orientación profesional respetuosa cuando la necesite.
-
Llenar su mente con la Palabra.
-
Practicar oración y dominio propio.
-
Construir una vida con propósito más allá de la sexualidad.
-
Rechazar tanto la vergüenza como la justificación del pecado.
-
Recordar su identidad en Cristo.
Buscar ayuda psicológica no es falta de fe
Una persona puede experimentar:
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Ansiedad.
-
Depresión.
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Soledad.
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Rechazo familiar.
-
Conflictos interiores.
-
Trauma.
-
Pensamientos de hacerse daño.
En esos casos puede ser apropiado buscar atención de un profesional competente.
La atención psicológica no debe utilizarse para humillar, castigar o forzar promesas sobre cambios de orientación.
Su propósito debe incluir:
-
Proteger la vida.
-
Tratar el sufrimiento.
-
Desarrollar recursos emocionales.
-
Afrontar traumas.
-
Mejorar las relaciones.
-
Ayudar a vivir de acuerdo con convicciones libremente asumidas.
La persona no debe ser obligada a participar en prácticas coercitivas o degradantes.
Nadie debe ser sometido a violencia para cambiar
No son aceptables:
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Golpes.
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Encierros.
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Privación de alimentos.
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Humillaciones.
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Exorcismos violentos.
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Amenazas.
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Matrimonios forzados.
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Exposición pública.
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Contactos físicos invasivos.
-
Medicamentos sin supervisión legítima.
-
Coacción.
Estas prácticas son abusivas y no representan el carácter de Cristo.
La santificación no se produce mediante tortura, miedo o dominación humana.
La iglesia debe proteger frente a la desesperación
Las personas que enfrentan rechazo, vergüenza y aislamiento pueden atravesar crisis emocionales graves.
Cuando alguien expresa deseos de morir, desaparecer o hacerse daño, debe tomarse en serio.
No debe responderse solamente:
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“Ora más”.
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“Eso es falta de fe”.
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“Solo quieres llamar la atención”.
-
“Todo se te pasará”.
Debe buscarse apoyo inmediato de familiares responsables, profesionales o servicios de emergencia cuando exista peligro.
Proteger la vida es una prioridad.
El creyente debe hablar verdad y amor
Efesios 4:15:
“Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, á saber, Cristo.”
La verdad sin amor puede convertirse en crueldad. El amor sin verdad puede convertirse en aprobación engañosa.
Hablar verdad en amor significa:
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No redefinir la enseñanza bíblica para evitar incomodidad.
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No reducir a una persona a su sexualidad.
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Escuchar.
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Mostrar paciencia.
-
Tratar con dignidad.
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Ofrecer ayuda práctica.
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Reconocer los propios pecados.
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Presentar esperanza en Cristo.
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Permanecer cerca durante el proceso.
Amar no significa aprobar toda conducta
Una persona puede amar a un familiar o amigo sin afirmar que todas sus decisiones son correctas.
El amor puede decir:
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“Te amo y quiero permanecer en tu vida”.
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“No comparto esta decisión”.
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“No participaré en una actividad que contradiga mi conciencia”.
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“Seguiré tratándote con respeto”.
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“No permitiré que otros te agredan”.
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“Estoy dispuesto a escucharte”.
Mantener una convicción no exige cortar toda relación, insultar ni negar ayuda básica.
Tampoco debemos ser manipulados mediante la acusación de odio
Rechazar una conducta por convicción bíblica no es automáticamente odio.
Sin embargo, afirmar que se habla por amor no convierte automáticamente en correcta toda forma de confrontación.
Debemos examinar nuestros frutos:
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¿Tratamos con dignidad?
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¿Decimos la verdad?
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¿Nos alegramos del sufrimiento?
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¿Escuchamos?
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¿Aplicamos la misma norma a nuestros pecados?
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¿Buscamos restauración?
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¿Protegemos de la violencia?
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¿Estamos actuando con orgullo?
La verdad bíblica debe producir humildad, no superioridad.
Cómo responder a una invitación o celebración
Un creyente puede recibir invitaciones relacionadas con una relación entre personas del mismo sexo.
Debe actuar conforme a su conciencia formada por la Escritura, procurando:
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Explicar su postura con respeto.
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No insultar.
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No realizar promesas que no cumplirá.
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Distinguir entre amar a la persona y participar en la afirmación de una unión.
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Mantener el contacto familiar cuando sea posible.
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Evitar discusiones públicas innecesarias.
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No utilizar el momento para humillar.
Puede rechazar participar en una ceremonia o actividad que entiende contraria a su fe sin convertir ese rechazo en una campaña de desprecio.
El trato en la vida pública
Un cristiano puede mantener sus convicciones y, al mismo tiempo:
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Atender profesionalmente.
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Vender productos ordinarios.
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Compartir espacios públicos.
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Trabajar junto a personas homosexuales.
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Defenderlas de una agresión.
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Cumplir contratos.
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Tratar con cortesía.
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Respetar su privacidad.
No toda interacción implica aprobación moral de toda la vida de una persona.
Jesús se relacionó con pecadores sin participar en sus pecados ni negarles dignidad.
No debemos negar ayuda al necesitado
Una persona no debe ser abandonada cuando necesita:
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Alimento.
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Atención médica.
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Protección.
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Ayuda ante violencia.
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Asistencia durante una emergencia.
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Orientación.
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Escucha.
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Hospitalidad responsable.
Lucas 6:31:
“Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros.”
El amor al prójimo no se limita a quienes comparten todas nuestras creencias y conductas.
El evangelio es para todos
Romanos 3:23-24:
“Por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios; siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús.”
La necesidad del evangelio es universal.
Nadie llega a Dios por ser heterosexual, casado o socialmente respetable.
Todos necesitan:
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Arrepentimiento.
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Perdón.
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Gracia.
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Justificación.
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Transformación.
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Comunión con Cristo.
La iglesia no debe presentar a ciertas personas como si estuvieran más allá del alcance de la cruz.
Hay perdón y una nueva vida
1 Juan 1:9:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.”
Quien ha practicado relaciones homosexuales puede recibir perdón.
No queda permanentemente definido por:
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Una relación pasada.
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Una experiencia sexual.
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Un estilo de vida anterior.
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Una caída.
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Una identidad social.
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El rechazo recibido.
En Cristo puede comenzar una nueva vida de obediencia.
El perdón no exige fingir que nunca existió una historia. Permite que esa historia deje de ser el amo de la persona.
La santificación es un proceso
Filipenses 1:6:
“Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”
La transformación cristiana suele ser progresiva.
La persona puede necesitar aprender:
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A establecer límites.
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A vivir la soltería.
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A reconstruir amistades.
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A enfrentar tentaciones.
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A abandonar la pornografía.
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A sanar del rechazo.
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A dejar una relación.
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A recibir afecto de manera sana.
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A confiar en una comunidad.
La iglesia debe acompañar con paciencia sin llamar bueno al pecado ni exigir una perfección instantánea.
El fruto del Espíritu permite vivir en pureza
Gálatas 5:22-24:
“Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.”
El Espíritu Santo produce:
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Amor.
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Gozo.
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Paz.
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Paciencia.
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Bondad.
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Fidelidad.
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Mansedumbre.
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Dominio propio.
El dominio propio no significa que toda tentación desaparezca. Significa que el creyente no está obligado a obedecerla.
La vida cristiana no consiste únicamente en decir “no” a una conducta, sino en desarrollar un nuevo carácter y una comunión profunda con Dios.
Cómo debe actuar la iglesia
La iglesia debe:
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Enseñar el diseño bíblico del matrimonio.
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Aplicar la misma ética sexual a todos.
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Rechazar burlas y violencia.
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Mantener confidencialidad apropiada.
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Acompañar a quienes buscan vivir en castidad.
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Honrar la soltería.
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Crear amistades y comunidad.
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Proteger a menores.
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Denunciar abusos.
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Evitar promesas falsas de cambio instantáneo.
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No imponer matrimonios.
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Ofrecer apoyo a las familias.
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Corregir con mansedumbre.
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Restaurar al arrepentido.
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No convertir el tema en espectáculo.
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Predicar la suficiencia de Cristo.
Cómo abandonar la conducta homosexual
Quien desea someter esta área a Dios debe:
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Reconocer la enseñanza bíblica.
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Confesar los actos y fantasías voluntariamente alimentadas.
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Suspender toda relación sexual.
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Terminar vínculos románticos contrarios a esa convicción.
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Eliminar contenido pornográfico.
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Dejar aplicaciones destinadas a encuentros.
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Establecer límites digitales y físicos.
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Buscar creyentes maduros y confiables.
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Evitar aislamiento.
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Desarrollar amistades sanas.
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Buscar ayuda profesional cuando exista sufrimiento emocional.
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No aceptar humillación ni violencia.
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Llenar su vida con servicio, trabajo y propósito.
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Perseverar después de una caída.
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Recordar que su valor no depende de sus deseos.
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Encontrar su identidad principal en Cristo.
Conclusión
La Biblia presenta el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, y reserva para ese pacto la intimidad sexual. Por esta razón, considera pecaminosas las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, al igual que toda actividad sexual fuera del matrimonio bíblico.
Experimentar una atracción no es idéntico a practicarla. La persona debe ser juzgada por sus decisiones reales y no por estereotipos, apariencia o rumores.
Nadie debe ser burlado, agredido, expulsado, expuesto públicamente o tratado como si careciera de dignidad. Toda persona ha sido creada a imagen de Dios y necesita el mismo evangelio.
La iglesia debe aplicar una ética sexual coherente. No puede condenar la homosexualidad mientras tolera adulterio, fornicación heterosexual, pornografía, abuso o inmoralidad de líderes.
La soltería y el celibato son formas honorables de vida. No debe obligarse a nadie a contraer un matrimonio heterosexual para demostrar arrepentimiento, ni prometerse que toda atracción desaparecerá inmediatamente.
Quien abandona una relación necesita más que una prohibición: necesita amistad, familia espiritual, acompañamiento, propósito y esperanza.
El arrepentimiento no consiste en odiarse ni negar toda lucha. Consiste en someter el cuerpo, los deseos y las relaciones a Jesucristo.
En Cristo hay perdón, limpieza, una nueva identidad y poder para vivir en santidad. La verdad debe mantenerse sin crueldad, y el amor debe practicarse sin convertir el pecado en justicia.
El llamado bíblico es hablar la verdad en amor, tratar a todos con dignidad y ayudar a cada persona a encontrar su vida principal no en sus deseos sexuales, sino en Jesucristo.