Burlarse
Burlarse consiste en ridiculizar, imitar, despreciar o utilizar las debilidades, errores, características o sufrimientos de otra persona para provocar risa. La burla puede expresarse mediante palabras, gestos, apodos, imitaciones, fotografías, publicaciones, memes o comentarios aparentemente humorísticos.
La Biblia condena la burla cuando nace del orgullo, busca humillar, destruye la dignidad del prójimo o disfruta de su sufrimiento. Dios no creó nuestra boca para herir, sino para comunicar verdad, gracia y edificación.
No toda broma es pecado. Puede existir humor sano entre personas que se respetan. El problema comienza cuando alguien se divierte a costa de la vergüenza, inseguridad, dolor o humillación de otro.
Versículo principal
Proverbios 17:5:
“El que escarnece al pobre, afrenta á su Hacedor: Y el que se alegra en la calamidad, no quedará sin castigo.”
Quien se burla de una persona por su pobreza, apariencia o condición no está despreciando solamente a un ser humano. Está ofendiendo al Dios que lo creó.
Cada persona lleva la dignidad de haber sido hecha por Dios. Por eso, convertir sus limitaciones o sufrimientos en entretenimiento revela desprecio hacia su Creador.
El mismo versículo condena alegrarse de la calamidad ajena. No debemos celebrar cuando alguien cae, fracasa, es avergonzado o recibe una desgracia, aunque esa persona no nos agrade.
La burla nace frecuentemente del orgullo
Proverbios 21:24:
“Soberbio y presuntuoso escarnecedor es el nombre del que obra con orgullosa saña.”
El escarnecedor se siente superior. Utiliza la burla para elevarse a sí mismo rebajando a otra persona.
La burla puede parecer seguridad, pero muchas veces es una forma de orgullo o inseguridad. La persona busca aprobación haciendo reír a otros, demostrando que tiene poder para avergonzar a alguien.
La burla orgullosa puede aparecer cuando una persona ridiculiza:
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La apariencia física.
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La voz o manera de hablar.
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El peso o la estatura.
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La forma de caminar.
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Una discapacidad.
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La pobreza.
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El nivel educativo.
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El origen cultural.
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Los errores cometidos.
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La timidez.
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La edad.
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Una enfermedad.
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La forma de vestir.
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Los problemas familiares.
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La fe o las convicciones.
El cristiano no debe sentirse superior por sus capacidades, conocimientos, salud o posición. Todo lo que posee lo ha recibido por gracia.
Las palabras pueden herir profundamente
Proverbios 12:18:
“Hay quienes hablan como dando estocadas de espada: Mas la lengua de los sabios es medicina.”
Una burla puede durar pocos segundos, pero su herida puede permanecer muchos años. Algunas personas todavía recuerdan apodos, imitaciones y palabras crueles que recibieron durante la infancia.
El burlador puede afirmar: “Solamente estaba jugando”, pero la intención humorística no elimina automáticamente el daño.
La lengua puede ser espada o medicina. El creyente debe preguntarse si sus palabras están ayudando a sanar o provocando heridas.
Proverbios 18:21:
“La muerte y la vida están en poder de la lengua; Y el que la ama comerá de sus frutos.”
Las palabras pueden fortalecer a una persona o destruir su ánimo. Pueden ayudarla a reconocer su valor delante de Dios o hacer que se sienta despreciable.
Por eso, debemos tomar seriamente lo que decimos, publicamos y compartimos.
El cristiano debe hablar para edificar
Efesios 4:29:
“Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes.”
Antes de hablar, el creyente debe considerar si sus palabras edifican. Edificar no significa decir solamente cosas agradables; también puede incluir corregir con verdad. Sin embargo, aun la corrección debe buscar el bien y la restauración de la persona.
La burla no corrige. Generalmente expone, avergüenza y destruye.
Una palabra no es correcta solamente porque sea verdadera. Podemos utilizar un defecto real, un error verdadero o una situación conocida con la intención pecaminosa de humillar.
La verdad debe expresarse con amor, prudencia y un propósito santo.
Colosenses 4:6:
“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder á cada uno.”
La palabra cristiana debe tener gracia. Esto excluye la crueldad disfrazada de sinceridad y el desprecio disfrazado de humor.
No debemos humillar por la apariencia
1 Samuel 16:7:
“Y Jehová respondió á Samuel: No mires á su parecer, ni á lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón.”
Los seres humanos suelen juzgar rápidamente por la apariencia. Se burlan de quienes no cumplen los modelos sociales de belleza, fuerza, juventud o elegancia.
Dios, en cambio, mira el corazón.
El cuerpo de una persona no debe convertirse en material para bromas. Burlarse del peso, rostro, cabello, color de piel, estatura o alguna condición física puede producir vergüenza y rechazo hacia el cuerpo que Dios le dio.
No sabemos las luchas que una persona enfrenta detrás de su apariencia. Una broma sobre el peso puede herir a alguien que lucha con una enfermedad. Una imitación de la forma de hablar puede avergonzar a quien tiene una dificultad que no puede controlar.
No debemos burlarnos de las personas con discapacidad
Levítico 19:14:
“No maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tropiezo, mas tendrás temor de tu Dios: Yo Jehová.”
Dios protege especialmente a quienes pueden encontrarse en una situación vulnerable. No debemos aprovechar una discapacidad para reírnos, engañar o dificultar la vida de alguien.
Burlarse de una persona por una discapacidad física, intelectual, sensorial o del habla contradice el temor de Dios.
El hecho de que alguien no pueda escuchar una burla no significa que sea aceptable pronunciarla. Dios sí la escucha.
El cristiano debe tratar a las personas con discapacidad con respeto, inclusión y paciencia, sin desprecio ni compasión humillante.
Los niños y jóvenes no deben ser enseñados a burlarse
Efesios 6:4:
“Y vosotros, padres, no provoquéis á ira á vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.”
Los padres no deben utilizar la burla para corregir a sus hijos. Ridiculizarlos por sus errores, apariencia, temores o dificultades puede provocar ira, resentimiento y una profunda inseguridad.
Tampoco deben reír cuando sus hijos imitan cruelmente a otras personas. Lo que parece una travesura pequeña puede convertirse en un carácter burlón y arrogante.
Los niños deben aprender a:
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Respetar las diferencias.
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Defender a quien está siendo humillado.
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No utilizar apodos ofensivos.
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Pedir perdón cuando hieren.
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No compartir fotografías vergonzosas.
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No convertir los errores ajenos en entretenimiento.
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Tratar a los demás como desean ser tratados.
La corrección debe enseñar, no destruir la dignidad.
La burla grupal aumenta la crueldad
Éxodo 23:2:
“No seguirás á los muchos para mal hacer.”
Muchas burlas ocurren porque un grupo comienza a reírse y otros lo siguen para ser aceptados. Una persona puede participar aunque interiormente sepa que aquello es cruel.
El cristiano no debe seguir a la multitud para hacer daño. Debe tener valor para detener la burla, cambiar la conversación o defender a la persona humillada.
Reírse también puede convertirnos en participantes. Aunque no hayamos creado el apodo o comentario, nuestra risa anima al burlador a continuar.
No debemos apoyar el pecado solamente para evitar quedar fuera del grupo.
Burlarse en redes sociales también es pecado
La tecnología no cambia los principios de Dios. Publicar una burla puede multiplicar el daño porque muchas personas pueden verla, copiarla y compartirla.
La burla digital incluye:
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Publicar fotografías vergonzosas sin permiso.
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Crear memes sobre una persona conocida.
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Compartir errores para provocar risa.
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Editar videos para ridiculizar.
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Escribir comentarios humillantes.
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Divulgar mensajes privados.
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Utilizar cuentas anónimas para insultar.
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Reírse de accidentes o desgracias.
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Convertir el sufrimiento de alguien en contenido.
Mateo 12:36:
“Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.”
Lo que escribimos también comunica palabras de las que somos responsables. El anonimato puede ocultarnos delante de otras personas, pero no delante de Dios.
Antes de compartir algo, debemos preguntarnos si aceptaríamos que publicaran lo mismo sobre nosotros.
No debemos alegrarnos de la vergüenza o caída ajena
Proverbios 24:17-18:
“Cuando cayere tu enemigo, no te huelgues; Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón: No sea que Jehová lo mire, y le desagrade, Y aparte de sobre él su enojo.”
Dios prohíbe alegrarse incluso cuando quien cae es nuestro enemigo. Mucho menos debemos celebrar el fracaso de un amigo, hermano o desconocido.
La burla puede aparecer cuando una persona:
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Comete un error público.
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Tropieza o cae físicamente.
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Pronuncia mal una palabra.
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Pierde un trabajo.
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Fracasa en un proyecto.
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Es rechazada.
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Tiene problemas matrimoniales.
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Recibe disciplina.
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Pasa vergüenza delante de otros.
El amor no se goza del dolor ajeno.
1 Corintios 13:6:
“No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad.”
Si el sufrimiento de otra persona produce satisfacción en nosotros, debemos examinar el estado de nuestro corazón.
La burla puede esconder odio y resentimiento
Proverbios 26:18-19:
“Como el que enloquece, y echa llamas y saetas y muerte, tal es el hombre que engaña á su amigo, y dice: Ciertamente lo hice por broma.”
Este pasaje muestra que decir “era una broma” no elimina la responsabilidad. Una persona puede causar daño grave y luego intentar evitar las consecuencias afirmando que no hablaba en serio.
El humor puede utilizarse para expresar indirectamente:
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Resentimiento.
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Envidia.
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Celos.
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Desprecio.
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Racismo.
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Clasismo.
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Rechazo.
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Deseos de venganza.
Cuando alguien reclama, el burlador puede acusarlo de ser demasiado sensible. Pero el cristiano no debe utilizar la sensibilidad de la víctima como excusa para su propia crueldad.
Si una broma hiere repetidamente, debe abandonarse.
Los apodos pueden convertirse en una forma de humillación
No todo apodo es ofensivo. Algunos expresan cariño y son aceptados voluntariamente. Pero cuando un apodo se basa en un defecto, produce vergüenza o continúa después de que la persona ha pedido que se detenga, deja de ser una expresión amistosa.
El amor respeta los límites.
Lucas 6:31:
“Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros.”
No debemos llamar a alguien de una manera que nosotros no aceptaríamos. Si la persona muestra incomodidad, debemos respetarla sin burlarnos nuevamente por haberse sentido herida.
Burlarse de la fe y de las cosas santas es grave
Gálatas 6:7:
“No os engañéis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”
Dios es paciente, pero no debe ser tratado con desprecio. Burlarse deliberadamente de su nombre, su Palabra y sus mandamientos revela irreverencia.
Esto incluye utilizar las cosas santas solamente para provocar risa, banalizar el pecado o ridiculizar la obediencia a Dios.
Sin embargo, los cristianos tampoco deben responder con violencia cuando su fe es objeto de burla. Deben defender la verdad con firmeza y mansedumbre.
1 Pedro 3:15-16:
“Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder con mansedumbre y reverencia á cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia.”
La respuesta cristiana no debe imitar la crueldad del burlador.
Jesús también fue objeto de burlas
Mateo 27:27-31:
“Entonces los soldados del presidente llevaron á Jesús al pretorio, y juntaron á él toda la cuadrilla; y desnudándole, le echaron encima un manto de grana; y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; é hincando la rodilla delante de él, le burlaban, diciendo: ¡Salve, Rey de los Judíos! Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le herían en la cabeza. Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.”
Jesús conoce el dolor de ser ridiculizado públicamente. Los soldados utilizaron su identidad de Rey como motivo de burla. Lo imitaron, lo golpearon y lo humillaron.
Cuando nos burlamos del débil, nos acercamos al comportamiento de quienes escarnecieron a Cristo, no al carácter del Salvador.
Jesús soportó aquella humillación sin responder con odio. Su ejemplo enseña paciencia, pero no justifica la crueldad de los agresores.
La corrección no debe convertirse en burla
Gálatas 6:1:
“Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote á ti mismo, porque tú no seas también tentado.”
Cuando alguien peca o enseña un error, puede ser necesario corregirlo. Pero la meta bíblica es restaurar, no convertirlo en objeto de entretenimiento.
La corrección deja de ser bíblica cuando:
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Imita cruelmente a la persona.
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Exagera sus defectos para provocar risa.
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Publica su error sin necesidad.
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Utiliza insultos.
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Ataca su apariencia.
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Se alegra de su caída.
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Busca destruir su reputación más que corregir la enseñanza.
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Continúa humillándolo después de su arrepentimiento.
Podemos refutar una idea sin degradar a quien la sostiene. La verdad no necesita crueldad para ser defendida.
El humor sano no busca destruir
La Biblia no condena la alegría ni toda forma de humor. Existe una diferencia entre reír juntos y reírse cruelmente de alguien.
El humor sano:
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No humilla.
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No utiliza secretos.
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No toca heridas profundas.
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No se basa en racismo o desprecio.
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Se detiene cuando alguien se siente incómodo.
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Puede incluir a todos sin convertir a uno en víctima.
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No celebra el pecado.
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No daña el testimonio cristiano.
La burla pecaminosa busca superioridad y deja a otra persona avergonzada.
Una regla útil es preguntar: ¿La persona se ríe conmigo o todos se están riendo de ella?
Qué hacer cuando hemos herido con una burla
Mateo 5:23-24:
“Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.”
Quien ha herido mediante una burla no debe limitarse a decir: “No fue mi intención”. Debe reconocer el daño y procurar reconciliación.
Debe:
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Admitir exactamente lo que hizo.
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No culpar a la víctima por sentirse herida.
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Pedir perdón sin excusas.
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Eliminar publicaciones o contenido ofensivo.
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Corregir públicamente si la humillación fue pública.
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Detener el uso de apodos ofensivos.
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Defender a la persona si otros continúan burlándose.
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Cambiar su manera de hablar.
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Restituir la reputación dañada cuando sea posible.
Una disculpa sincera no dice: “Perdóname si te ofendiste”. Dice: “Lo que dije fue cruel y estuvo mal. Te pido perdón”.
Qué hacer cuando somos objeto de burlas
La persona burlada no debe creer que su valor está determinado por las palabras de quienes la ridiculizan. Su dignidad procede de Dios.
Salmos 139:13-14:
“Porque tú poseíste mis riñones; cubrísteme en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras: Estoy maravillado, y mi alma lo conoce mucho.”
También puede:
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Decir claramente que la conducta debe detenerse.
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Alejarse de ambientes de humillación constante.
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Hablar con padres, maestros, líderes o autoridades.
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Guardar pruebas cuando la burla ocurre en línea.
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Bloquear cuentas agresoras.
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Buscar apoyo de personas confiables.
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No responder con otra burla.
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Perdonar sin negar lo sucedido.
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Recordar que establecer límites no es falta de amor.
Perdonar no obliga a mantener una amistad íntima con quien continúa humillando y no muestra arrepentimiento.
Debemos defender a quien está siendo ridiculizado
Proverbios 31:8-9:
“Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los hijos de muerte. Abre tu boca, juzga justicia, y el derecho del pobre y del menesteroso.”
El cristiano no debe permanecer pasivo cuando alguien es humillado. Puede intervenir con calma, detener la conversación, acompañar a la víctima y señalar que la conducta no es correcta.
Defender no significa iniciar una pelea. Significa utilizar nuestra influencia para frenar el daño.
A veces, una sola persona que se niega a reír puede cambiar por completo el ambiente.
Cómo abandonar la costumbre de burlarse
La persona debe:
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Reconocer que la burla cruel es pecado.
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Examinar el orgullo o resentimiento que la produce.
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Dejar de utilizar defectos como entretenimiento.
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Controlar sus palabras antes de hablar.
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Evitar grupos que celebran la humillación.
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No compartir contenido ofensivo.
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Pedir permiso antes de publicar fotografías de otros.
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Respetar cuando alguien pide que una broma termine.
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Pedir perdón a quienes ha herido.
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Corregir públicamente el daño público.
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Practicar palabras de ánimo.
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Aprender a reír sin destruir.
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Defender a quienes son ridiculizados.
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Recordar que cada persona fue creada por Dios.
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Pedir al Señor una lengua sabia y misericordiosa.
El creyente debe revestirse de bondad
Colosenses 3:12-14:
“Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia; sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de caridad, la cual es el vínculo de la perfección.”
La burla se alimenta del orgullo; la bondad nace de la humildad. Cuando recordamos cuánto nos ha perdonado Cristo, dejamos de utilizar los defectos de otros para sentirnos superiores.
El creyente debe ser conocido por su misericordia, mansedumbre y amor, no por su capacidad para avergonzar.
Conclusión
No debemos burlarnos porque cada persona fue creada por Dios y posee una dignidad que debe respetarse.
La burla puede parecer divertida para quien la pronuncia, pero actuar como una espada para quien la recibe. Decir que fue una broma no elimina el daño ni la responsabilidad.
El cristiano no debe ridiculizar la apariencia, discapacidad, pobreza, edad, errores, origen, voz o sufrimientos de nadie. Tampoco debe alegrarse cuando un enemigo cae ni utilizar las redes sociales para multiplicar una humillación.
Corregir no es lo mismo que burlarse. La corrección bíblica busca restauración; la burla busca vergüenza y superioridad.
Quien ha herido debe pedir perdón, reparar el daño y cambiar su manera de hablar. Quien ha sido burlado puede establecer límites, buscar ayuda y recordar que su valor procede de Dios, no de las opiniones crueles de otros.
Nuestra boca fue creada para bendecir, enseñar, consolar y comunicar gracia. Por eso, debemos abandonar la burla y utilizar nuestras palabras para dar vida, defender al débil y reflejar el carácter misericordioso de Cristo.