Jesús profetizó que, incluso después de que el cielo y la tierra desaparecieran, sus palabras jamás serían olvidadas (Lucas 21:33). Al acercarnos al fin de los tiempos, vemos que las palabras de Cristo siguen siendo tan precisas, reconocidas y relevantes como lo fueron hace 2000 años. Hoy en día, tan solo las sociedades bíblicas distribuyen aproximadamente 500 millones de porciones de las Escrituras o Biblias completas cada año.