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¿Libro de Abraham en un papiro egipcio?
En 1967, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York transfirió a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días varios fragmentos de papiros egipcios que habían pertenecido a José Smith. El hallazgo produjo gran expectativa, porque por primera vez se disponía de una parte comprobable de los documentos que Smith había relacionado con el Libro de Abraham. Los fragmentos fueron publicados poco después por la propia Iglesia mormona. (Iglesia de Jesucristo)
La importancia del descubrimiento era evidente: mientras que las supuestas planchas de oro del Libro de Mormón no podían examinarse porque, de acuerdo con el relato mormón, el ángel Moroni se las había llevado, los papiros egipcios sí podían ser leídos y evaluados por especialistas independientes.
La introducción histórica con la que fue publicado el Libro de Abraham decía:
«Una traducción de algunos anales antiguos que han caído en nuestras manos, procedentes de las catacumbas de Egipto, que pretenden ser los escritos de Abraham mientras se encontraba en Egipto, llamados el Libro de Abraham, escritos de su propia mano sobre papiro».
Los documentos oficiales del proyecto The Joseph Smith Papers confirman que esta fue la descripción con la cual el texto se publicó en 1842. También confirman que el Libro de Abraham fue aceptado oficialmente como Escritura por la Iglesia mormona en 1880 y continúa formando parte de la Perla de Gran Precio. (Joseph Smith Papers)
Por tanto, el Libro de Abraham no se presentó originalmente como una simple meditación religiosa inspirada por unos objetos egipcios. Se presentó como una traducción de registros antiguos que pretendían contener los escritos de Abraham.
¿Qué afirmó José Smith que había encontrado?
En 1835, José Smith y varios de sus seguidores adquirieron cuatro momias y varios rollos de papiro de un comerciante llamado Michael Chandler. Después de examinar los documentos, Smith comenzó a «traducir algunos de los caracteres o jeroglíficos» y declaró que uno de los rollos contenía los escritos de Abraham. También afirmó que otro contenía escritos de José de Egipto. (Iglesia de Jesucristo)
Durante ese periodo, José Smith y sus escribas produjeron diversos documentos conocidos como el «alfabeto egipcio» y la «gramática del idioma egipcio». Estos materiales colocan caracteres egipcios junto a explicaciones extensas en inglés.
El ensayo oficial de la Iglesia mormona reconoce actualmente:
«Ni las reglas ni las traducciones que contiene el libro de gramática se corresponden con las que están aceptadas por los egiptólogos hoy en día».
Además, el mismo ensayo admite que Smith estudió los caracteres e intentó aprender egipcio, y que comenzó a producir el Libro de Abraham inmediatamente después de adquirir los papiros. (Iglesia de Jesucristo)
Esto es importante porque demuestra que no se trataba únicamente de recibir una revelación sin relación con el texto. José Smith y sus colaboradores actuaban como si los caracteres egipcios tuvieran correspondencia con las explicaciones inglesas que estaban produciendo.
Una corrección necesaria sobre la antigüedad del papiro
Algunas refutaciones antiguas afirman que Hugh Nibley reconoció que el papiro no podía ser anterior al siglo I después de Cristo. Esa afirmación debe corregirse.
El conjunto de fragmentos recuperados ha sido fechado entre el siglo III antes de Cristo y el siglo I después de Cristo. El fragmento particular conocido como el Documento o Permiso de Respiración de Hôr se fecha aproximadamente entre los años 238 y 153 antes de Cristo. (Iglesia de Jesucristo)
El papiro continúa siendo muchos siglos posterior a la época tradicionalmente atribuida a Abraham. Sin embargo, la fecha del soporte material, por sí sola, no demuestra que un texto no pudiera conservar una obra anterior. La Biblia también ha llegado hasta nosotros mediante copias posteriores a sus autores originales.
Por tanto, el argumento correcto no debe ser simplemente:
«El papiro es posterior a Abraham; por tanto, no podría contener una copia de sus escritos».
La verdadera dificultad es mucho más profunda: cuando los caracteres del papiro son traducidos, no contienen una copia posterior de un escrito de Abraham. Contienen textos funerarios egipcios dedicados a personas fallecidas que no tienen relación textual con Abraham.
¿Qué contienen realmente los papiros?
Los egiptólogos identificaron el texto relacionado con el facsímile número 1 como un documento funerario tardío conocido como el Documento de Respiración de Hôr o Permiso de Respiración de Hôr. Fue preparado para un sacerdote egipcio llamado Hôr y tenía como finalidad asegurar su bienestar en la vida después de la muerte. (Dialogue Journal)
No es completamente preciso llamarlo «una pequeña porción del Libro de los Muertos». Los Libros de Respiraciones constituyen un tipo posterior de literatura funeraria egipcia derivada de las tradiciones del Libro de los Muertos. Otros fragmentos de la colección de José Smith sí pertenecen a diferentes textos funerarios egipcios. En cualquier caso, ninguno constituye una autobiografía de Abraham. (Dialogue Journal)
El contenido del papiro habla de Hôr, de su muerte, de su justificación ante los dioses egipcios y de su ingreso en el mundo de los muertos. Su propósito era acompañar el cuerpo momificado y servir simbólicamente como un permiso para que el fallecido respirara y viviera en el más allá. (Dialogue Journal)
No contiene:
El nombre de Abraham.
La historia de Abraham.
El intento de sacrificar a Abraham.
El sacerdocio de Abraham.
La salida de Abraham de Ur.
La creación del mundo.
La vida premortal.
Kólob.
Las doctrinas publicadas por José Smith en el Libro de Abraham.
La propia Iglesia mormona reconoce oficialmente:
«Ninguno de los caracteres de los fragmentos de papiro mencionaba el nombre de Abraham ni ninguno de los acontecimientos registrados en el libro de Abraham».
También reconoce:
«Tanto los egiptólogos mormones como los no mormones coinciden en que los caracteres que figuran en los fragmentos no coinciden con la traducción que se presenta en el libro de Abraham».
Esta admisión es decisiva. Ya no se trata de una acusación formulada solamente por opositores del mormonismo. La propia Iglesia reconoce que los caracteres conservados no dicen lo que José Smith afirmó haber traducido.
¿Era el papiro un escrito de Abraham «de su propia mano»?
La expresión «escrito por su propia mano sobre papiro» puede interpretarse de dos maneras:
Como una afirmación de que el papiro conservaba la escritura física original de Abraham.
Como una manera de atribuir la autoría original a Abraham, aunque el ejemplar fuera una copia posterior.
Por eso, no es prudente basar toda la refutación en la edad física del papiro. Incluso si se concediera la segunda interpretación, permanecería el problema fundamental: el texto egipcio conservado no contiene una copia del Libro de Abraham, sino un documento funerario dedicado a Hôr.
Un manuscrito posterior podría contener una copia antigua de Génesis, Isaías o cualquier otro libro. Pero cuando sus palabras son traducidas, esas palabras deben corresponder sustancialmente con la obra que se afirma que contienen.
En este caso, no existe tal correspondencia.
El papiro habla de Hôr y de los ritos funerarios egipcios. José Smith produjo una narración extensa en primera persona acerca de Abraham. No se trata de pequeñas diferencias, de variantes de traducción o de palabras difíciles de interpretar. Son textos completamente distintos.
Las imágenes tampoco dicen lo que José Smith afirmó
El Libro de Abraham contiene tres ilustraciones llamadas facsímiles. José Smith publicó interpretaciones inspiradas de las figuras que aparecen en ellas.
Sin embargo, la propia Iglesia mormona admite que los egiptólogos habían señalado, incluso antes de la recuperación de los fragmentos, que las explicaciones de José Smith no coincidían con las interpretaciones egiptológicas de las imágenes. (Iglesia de Jesucristo)
El facsímile número 1 fue identificado por José Smith como:
«Abraham atado sobre un altar».
También interpretó una de las figuras como un sacerdote idólatra que intentaba sacrificarlo.
No obstante, la ilustración pertenece al documento funerario de Hôr. Los especialistas la identifican como una escena relacionada con la muerte, la momificación o reanimación del fallecido dentro de la religión funeraria egipcia. El documento comenzaba con esa escena y concluía con otra viñeta que posteriormente fue reproducida como el facsímile número 3. (Dialogue Journal)
El facsímile número 3 tampoco representa a Abraham enseñando astronomía en la corte del faraón, como afirmó Smith. Forma parte del contexto funerario del mismo documento y representa al difunto compareciendo en un escenario relacionado con la corte de Osiris. (Dialogue Journal)
Por tanto, el problema no se limita a unas líneas de jeroglíficos que tal vez estuvieron separadas de su ilustración. Las propias viñetas forman parte de un documento funerario identificable, preparado para una persona identificable y con una finalidad religiosa identificable.
¿Pudo existir un rollo perdido que contenía el verdadero Libro de Abraham?
La defensa mormona más conocida afirma que José Smith poseyó varios rollos y que solamente se ha recuperado una pequeña parte de ellos. Por tanto, se propone que el verdadero Libro de Abraham pudo encontrarse en una sección que posteriormente se perdió.
El ensayo oficial de la Iglesia utiliza esta posibilidad y señala que los testigos hablaron de varios rollos o de un rollo largo. De acuerdo con esta defensa, no se puede determinar por los fragmentos conservados todo lo que contenían los documentos originales. (Iglesia de Jesucristo)
Es cierto que no se conserva toda la colección que José Smith poseyó. Por eso no debe afirmarse que los fragmentos actuales representan cada centímetro de papiro que estuvo en sus manos.
Sin embargo, esta defensa no resuelve varios problemas:
1. El facsímile número 1 pertenece al papiro conservado
La ilustración publicada por Smith como parte del Libro de Abraham se encuentra físicamente unida al documento funerario de Hôr. No procede de un rollo desconocido o completamente perdido.
2. El facsímile número 3 pertenecía al mismo documento
El estudio de la estructura del Permiso de Respiración muestra que el facsímile número 1 servía como viñeta inicial y el número 3 como viñeta final del documento funerario. El contenido esperado entre ambas escenas corresponde al texto de respiración del fallecido Hôr, no a una narración extensa sobre Abraham. (Dialogue Journal)
3. Los manuscritos de traducción relacionan caracteres egipcios con el texto inglés
Los documentos producidos por José Smith y sus escribas colocan caracteres egipcios junto a explicaciones del Libro de Abraham. La Iglesia reconoce que estas reglas y equivalencias no corresponden con la egiptología. (Iglesia de Jesucristo)
4. José Smith vinculó directamente los papiros con Abraham
El relato histórico de José Smith afirma que comenzó a traducir los caracteres y descubrió que uno de los rollos contenía los escritos de Abraham. También llegó a señalar un carácter concreto como la supuesta firma de Abraham. (Iglesia de Jesucristo)
Por tanto, aunque existieran fragmentos perdidos, esto no cambia el hecho de que José Smith interpretó incorrectamente los documentos que sí se conservan y las ilustraciones que él mismo publicó.
La defensa del «catalizador»
Al reconocer que los caracteres egipcios no coinciden con el Libro de Abraham, algunos defensores mormones han adoptado otra explicación: los papiros no tenían que contener literalmente el texto de Abraham; únicamente habrían servido como un catalizador mediante el cual Dios reveló a José Smith información acerca de Abraham.
El ensayo oficial de la Iglesia presenta expresamente esta posibilidad. Según esa hipótesis, la «traducción» de Smith no sería una traducción literal ni convencional y la revelación recibida podría no guardar «una relación directa con los caracteres de los papiros». (Iglesia de Jesucristo)
Pero esta defensa cambia la naturaleza de la afirmación original.
La publicación no decía:
«Una revelación recibida mientras José Smith contemplaba unos objetos egipcios que no contienen el texto de Abraham».
Decía:
«Una traducción de algunos anales antiguos […] que pretenden ser los escritos de Abraham».
José Smith no anunció que los papiros eran irrelevantes para el contenido. Afirmó que uno de los rollos contenía los escritos de Abraham y se dedicó a traducir sus caracteres.
La teoría del catalizador intenta proteger el origen divino del libro después de que la traducción de los documentos demostró que estos no contenían la narración publicada. En lugar de permitir que la evidencia examine la afirmación profética, se redefine posteriormente la palabra «traducción» para que el resultado sea imposible de refutar.
Ese procedimiento constituye una característica sectaria importante: la autoridad del fundador queda protegida frente a cualquier evidencia contraria mediante explicaciones nuevas que no formaban parte de la afirmación original.
Las grandes expectativas de los eruditos mormones
Antes de que se recuperaran los fragmentos, algunos escritores mormones estaban convencidos de que el Libro de Abraham llegaría a ser confirmado como uno de los documentos antiguos más importantes conocidos.
Sidney B. Sperry escribió en 1938:
«El pequeño volumen de Escrituras conocido como el Libro de Abraham será considerado algún día como uno de los documentos existentes más notables […] los escritos de Abraham […] deben necesariamente ser más antiguos que el texto original del Génesis».
—Sidney B. Sperry, Ancient Records Testify in Papyrus and Stone, 1938, pág. 83. (Utah Lighthouse Ministry)
La recuperación de los papiros ofrecía la oportunidad de demostrar esa expectativa. Sin embargo, las traducciones egiptológicas no confirmaron el contenido del Libro de Abraham. Identificaron documentos funerarios egipcios sin referencia a Abraham.
Hugh Nibley fue encargado de estudiar y comentar los fragmentos como documentos egipcios. Posteriormente produjo una traducción interlineal de partes del texto. Pero tampoco encontró en ellos la narración publicada por José Smith; los estudios posteriores continuaron identificándolos como el Permiso de Respiración de Hôr. (Dialogue Journal)
El Libro de Abraham y la restricción racial del sacerdocio
También es necesario corregir la afirmación de que toda la prohibición mormona contra los miembros negros estuvo basada exclusivamente en el Libro de Abraham.
La restricción institucional fue anunciada públicamente por Brigham Young en 1852. La propia Iglesia reconoce que durante la vida de José Smith algunos hombres negros habían sido ordenados y que no existe evidencia confiable de que él estableciera una prohibición general. (Iglesia de Jesucristo)
Sin embargo, el Libro de Abraham sí fue utilizado históricamente para justificar doctrinalmente aquella restricción. Abraham 1:26-27 relaciona el linaje del faraón con una maldición y afirma que aquel linaje no podía poseer el derecho al sacerdocio. Líderes y escritores mormones posteriores conectaron esos pasajes con las personas de ascendencia africana.
En 1978, la Iglesia levantó la restricción y permitió que los hombres considerados dignos de todas las razas fueran ordenados al sacerdocio y que hombres y mujeres negros recibieran las ordenanzas del templo. Actualmente, la Iglesia rechaza las antiguas teorías de que la piel negra fuera señal de maldición, inferioridad o pecado cometido antes del nacimiento. (Iglesia de Jesucristo)
No obstante, el texto de Abraham 1 permanece dentro de sus Escrituras. Esto muestra otro problema: una obra cuya traducción egipcia no puede sostenerse fue utilizada durante décadas para apoyar doctrinas y prácticas gravemente perjudiciales, mientras la autoridad profética que la produjo continuó siendo considerada incuestionable.
¿La Iglesia Reorganizada eliminó el Libro de Abraham?
También debe precisarse la referencia a la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, actualmente llamada Comunidad de Cristo.
El New York Times publicó el 3 de mayo de 1970 un artículo titulado «Mormons’ Book of Abraham Called Product of Imagination», en el que se informó de la conclusión de que el libro podía considerarse producto de la imaginación de José Smith. La frase se ha relacionado con el historiador de la Iglesia Reorganizada Richard P. Howard. (Scholarly Publishing Collective)
Sin embargo, no es exacto presentar esa frase sin más como una declaración doctrinal oficial de toda la denominación ni afirmar, sin documentación adicional, que en ese momento «eliminó» el Libro de Abraham de su canon. La Comunidad de Cristo no lo reconoce actualmente como parte de sus Escrituras, pero esto no equivale necesariamente a que hubiera sido canonizado y después formalmente retirado.
La refutación del Libro de Abraham no necesita depender de esa afirmación secundaria. La evidencia central está en los propios papiros, en los manuscritos de traducción y en las admisiones actuales de la Iglesia mormona.
¿Qué enseña la Biblia sobre examinar a quienes dicen hablar por Dios?
La Biblia no ordena creer ciegamente a una persona porque se presente como profeta o afirme haber recibido una traducción milagrosa. Ordena probar sus afirmaciones.
«Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo».
—1 Juan 4:1.
«¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido».
—Isaías 8:20.
«Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado».
—Deuteronomio 18:21-22.
Aunque este último pasaje se refiere directamente al cumplimiento profético, establece un principio general: las afirmaciones hechas en nombre de Dios deben poder ser comprobadas. Una declaración falsa no se convierte en verdadera solamente porque el supuesto profeta afirme haber actuado por revelación.
Los bereanos fueron elogiados porque no aceptaron una enseñanza basándose únicamente en la autoridad de quien hablaba:
«Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así».
—Hechos 17:11.
Pablo también advirtió que un mensaje aparentemente espiritual podía presentar a otro Jesús y otro evangelio:
«Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis».
—2 Corintios 11:4.
«Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema».
—Gálatas 1:8.
La sinceridad, una experiencia espiritual o la afirmación de haber recibido revelación no sustituyen la verdad. Todo mensaje debe ser examinado por la Palabra de Dios y por la evidencia relacionada con sus afirmaciones.
¿Qué demuestra realmente el caso del Libro de Abraham?
Los hechos esenciales son los siguientes:
José Smith afirmó que unos papiros contenían los escritos de Abraham.
Publicó el Libro de Abraham como traducción de esos registros.
Produjo explicaciones de caracteres y figuras egipcias.
Parte de los papiros volvió a aparecer en 1967.
Los egiptólogos identificaron los documentos como textos funerarios egipcios.
Los caracteres conservados no mencionan a Abraham ni los acontecimientos del Libro de Abraham.
Las explicaciones de los facsímiles no coinciden con su contexto egipcio.
La propia Iglesia mormona reconoce que los caracteres no corresponden con la traducción publicada.
Para preservar la autoridad de José Smith, actualmente se propone que «traducción» podría significar una revelación sin relación directa con los caracteres.
El caso no demuestra únicamente que José Smith desconocía el idioma egipcio. Demuestra que identificó incorrectamente un documento funerario, atribuyó a sus figuras significados ajenos a su contexto y presentó como traducción un texto que no se encuentra en los caracteres examinables.
La existencia posible de otros fragmentos perdidos no puede convertir el Permiso de Respiración de Hôr en los escritos de Abraham. Tampoco puede corregir las interpretaciones erróneas de las figuras que José Smith publicó ni las equivalencias egipcias que él y sus escribas produjeron.
Una evidencia del carácter sectario del mormonismo
El caso del Libro de Abraham no constituye por sí solo una definición completa de todo lo que sociológicamente puede llamarse una secta. Sin embargo, muestra varios mecanismos claramente sectarios:
La palabra del fundador se coloca por encima de la evidencia verificable.
Los errores del profeta no pueden ser reconocidos como errores reales.
Las afirmaciones originales se redefinen cuando los hechos las contradicen.
La prueba espiritual interna se coloca por encima del significado objetivo del documento.
La organización continúa presentando como Escritura un libro cuya supuesta traducción no corresponde con la fuente egipcia conservada.
A los miembros se les enseña que la veracidad final del libro depende de una confirmación espiritual, incluso después de reconocer que los caracteres no coinciden con el texto.
El ensayo oficial de la Iglesia concluye que la condición del Libro de Abraham como Escritura depende finalmente de la fe y de un testimonio del Espíritu, no de que pueda demostrarse como traducción convencional de los papiros. (Iglesia de Jesucristo)
Pero una impresión espiritual no puede hacer que un texto funerario egipcio diga palabras que no contiene. Dios es Dios de verdad y no necesita sostener su revelación mediante traducciones falsas:
«Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?».
—Números 23:19.
«En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos».
—Tito 1:2.
Por tanto, el Libro de Abraham representa una de las pruebas históricas más graves contra la autoridad profética de José Smith. Cuando existe un documento original que puede examinarse, su traducción no confirma a Smith, sino que demuestra que el texto egipcio y su supuesta traducción hablan de asuntos completamente distintos.
El mormonismo conserva el Libro de Abraham porque retirarlo de sus Escrituras implicaría reconocer que José Smith no poseía el don de traducción que afirmó tener. Y si falló de una manera comprobable al interpretar los papiros egipcios, también queda seriamente debilitada su afirmación de haber traducido correctamente un idioma desconocido llamado «egipcio reformado» en el Libro de Mormón.
El caso de los papiros revela así un sistema en el cual la autoridad del fundador debe permanecer intacta aun cuando la evidencia documental contradiga sus declaraciones. Esa inmunidad frente a la corrección, unida a la elevación de revelaciones posteriores por encima de la Biblia, constituye una prueba significativa del carácter sectario del mormonismo.