Búsqueda de tesoros y magia de Smith

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Búsqueda de tesoros y magia de Smith

Antes de presentarse como profeta y traductor de registros antiguos, José Smith participó en actividades de búsqueda de tesoros enterrados mediante una piedra vidente.

Este hecho ya no es negado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Sus publicaciones oficiales reconocen actualmente que José Smith y su familia aceptaban las creencias populares de su época acerca de personas capaces de recibir información sobrenatural mediante piedras y que el joven Smith utilizó esas piedras para buscar objetos perdidos y tesoros escondidos.

El problema no consiste simplemente en que José Smith hubiera participado durante su juventud en una costumbre extraña propia del siglo XIX. La dificultad es que el mismo instrumento y esencialmente el mismo procedimiento que utilizaba como buscador de tesoros fueron posteriormente empleados para producir el Libro de Mormón y algunas de sus primeras revelaciones.

Esto plantea una pregunta fundamental:

¿Fue realmente transformado un instrumento de adivinación popular en un medio divino de revelación, o José Smith trasladó sus antiguas prácticas mágicas al nuevo papel religioso que comenzó a desempeñar?

José Smith reconoció que buscaba tesoros

En julio de 1838, José Smith respondió públicamente a la pregunta:

«¿No era José Smith un buscador de dinero?».

Su respuesta fue:

«Sí, pero nunca fue un trabajo muy provechoso para él, pues solamente recibía catorce dólares al mes».

Elders’ Journal, julio de 1838.

La publicación original se conserva actualmente dentro del proyecto histórico oficial The Joseph Smith Papers.

Por tanto, no se trata de una acusación inventada exclusivamente por enemigos posteriores del mormonismo. El propio José Smith reconoció haber trabajado buscando tesoros por dinero.

En 1825, Josiah Stowell lo contrató para participar en una excavación destinada a localizar una supuesta mina o tesoro español en Pennsylvania. La historia oficial de José Smith reconoce que Stowell llevaba tiempo excavando y que contrató a Smith para ayudar en aquella búsqueda.

La Iglesia moderna intenta presentar esta actividad como algo culturalmente comprensible dentro del ambiente rural del noreste de los Estados Unidos. Es cierto que la búsqueda de tesoros y el uso de piedras videntes no eran completamente desconocidos en aquel entorno. Sin embargo, que una práctica supersticiosa fuera conocida o compartida por otras personas no la convierte en verdadera ni bíblicamente legítima.

La superstición colectiva continúa siendo superstición.

El proceso judicial de 1826

El 20 de marzo de 1826, José Smith compareció ante el juez Albert Neely en South Bainbridge, Nueva York.

El documento de cobro de los servicios judiciales identifica el caso como:

«Misdemeanor — Joseph Smith — The Glass Looker».

La expresión glass looker designaba a una persona que afirmaba poder ver objetos o información oculta mediante una piedra, cristal u otro instrumento vidente. El documento confirma que hubo una causa judicial y un examen formal relacionado con esa actividad.

La legislación de Nueva York clasificaba como «persona desordenada» a quien fingía poseer capacidades de adivinación, quiromancia o descubrimiento de objetos perdidos. Esta expresión jurídica no significa necesariamente que Smith estuviera causando un disturbio en las calles; se refería a una categoría legal que incluía determinadas formas de adivinación y engaño.

¿Fue condenado?

Aquí debe corregirse una afirmación demasiado absoluta.

Existen documentos que demuestran:

  • La acusación.
  • La comparecencia.
  • El examen judicial.
  • El uso del calificativo glass looker.
  • La emisión de citaciones.
  • Gastos relacionados con reconocimientos judiciales.
  • Una orden denominada mittimus, relacionada con la custodia o traslado del acusado.

Sin embargo, el expediente judicial original no se conserva completo. La entrada del registro del juez se conoce mediante copias y publicaciones posteriores, y existe discusión histórica sobre si José Smith fue formalmente condenado, declarado culpable y después liberado, o si el procedimiento terminó de otra forma.

Por tanto, la formulación rigurosa es:

José Smith fue arrestado, examinado judicialmente y acusado como glass looker por sus actividades de búsqueda sobrenatural de tesoros; el resultado legal exacto continúa siendo discutido debido a que no se conserva todo el expediente original.

No es necesario afirmar más de lo que permiten los documentos.

La existencia misma del proceso ya demuestra que Smith era conocido públicamente por afirmar que podía localizar objetos ocultos mediante una piedra.

¿Qué hacía José Smith con la piedra?

Los relatos del proceso y otros testimonios describen a José Smith colocando una piedra dentro de un sombrero y acercando el rostro para excluir la luz.

Según esos testimonios, afirmaba que podía ver mediante la piedra:

  • Tesoros enterrados.
  • Objetos perdidos.
  • Lugares ocultos.
  • Imágenes o información invisible para los demás.

Una reminiscencia publicada posteriormente sobre el proceso de 1826 describe cómo Smith habría aprendido acerca de una joven que miraba dentro de un cristal y cómo comenzó a utilizar una piedra colocada en un sombrero.

Ese testimonio fue escrito muchos años después y no debe tratarse como una transcripción contemporánea perfecta. Sin embargo, coincide en sus elementos fundamentales con otras fuentes: José utilizaba una piedra, la colocaba en un sombrero para eliminar la luz y afirmaba recibir información sobrenatural.

La misma piedra fue utilizada para producir el Libro de Mormón

Durante muchos años, las representaciones populares de la Iglesia mostraban a José Smith leyendo directamente las planchas de oro, con un escriba sentado al otro lado de la mesa.

La Iglesia actualmente reconoce que gran parte del dictado ocurrió de otra manera.

Su ensayo oficial sobre la traducción afirma que José Smith:

  1. Colocaba una piedra vidente o los llamados intérpretes dentro de un sombrero.
  2. Presionaba el rostro contra el sombrero para bloquear la luz exterior.
  3. Decía ver palabras en inglés sobre el instrumento.
  4. Dictaba esas palabras a su escriba.

También reconoce que utilizó frecuentemente una sola piedra vidente que había encontrado antes de recibir las planchas y que anteriormente había empleado para buscar objetos perdidos y tesoros enterrados.

Por tanto, la secuencia histórica es la siguiente:

  • José Smith utilizaba una piedra para buscar tesoros.
  • Fue llevado ante un juez por actuar como glass looker.
  • Posteriormente utilizó esa misma clase de piedra dentro de un sombrero.
  • Afirmó que mediante ella aparecía el texto del Libro de Mormón.
  • El procedimiento fue redefinido como una traducción realizada por el don y poder de Dios.

No existe una ruptura clara entre el buscador de tesoros y el supuesto traductor. Existe continuidad en el instrumento, el método y la afirmación de visión sobrenatural.

¿Era necesariamente un sombrero de copa negro?

No debe afirmarse como hecho seguro que José utilizó siempre un «sombrero de copa negro».

Las fuentes describen un sombrero utilizado para impedir que entrara luz, pero no todas especifican su forma o color. Algunas reconstrucciones modernas lo muestran como un sombrero blanco, mientras otros relatos o representaciones hablan de diferentes sombreros.

La afirmación históricamente segura es:

José Smith colocaba la piedra dentro de un sombrero y acercaba el rostro para excluir la luz.

Añadir que necesariamente era negro o de copa puede permitir que un defensor mormón desvíe la discusión hacia un detalle secundario.

El problema no es el color del sombrero. Es que la supuesta traducción dependía de una piedra anteriormente utilizada en adivinación.

¿Qué función cumplían entonces las planchas?

La Iglesia mormona continúa afirmando que el Libro de Mormón fue traducido de unas planchas de oro.

Sin embargo, Emma Smith recordó que durante parte del dictado José permanecía con el rostro dentro del sombrero mientras las planchas se encontraban envueltas sobre la mesa. El ensayo oficial de la Iglesia cita su afirmación de que no había ningún libro o manuscrito visible entre ellos.

Esto plantea una dificultad evidente.

Si las palabras aparecían en inglés sobre una piedra dentro de un sombrero, José no estaba realizando una traducción lingüística normal de caracteres grabados sobre planchas.

No estaba:

  • Mirando los caracteres.
  • Analizando su gramática.
  • Comparando palabras.
  • Examinando el contexto.
  • Leyendo líneas sobre el documento.
  • Produciendo una traducción a partir del texto visible.

La piedra supuestamente proporcionaba directamente las palabras inglesas.

Las planchas podían permanecer cubiertas o apartadas mientras José dictaba. Por tanto, su función en el proceso resulta difícil de explicar.

Si Dios podía revelar todo el texto mediante una piedra sin necesidad de consultar los caracteres, ¿por qué era necesario:

  • Preservar las planchas durante siglos?
  • Transportarlas.
  • Esconderlas.
  • Entregarlas a José.
  • Prohibir que fueran vistas normalmente?
  • Devolverlas posteriormente al ángel?

El método reconocido por la Iglesia transforma las planchas en un objeto casi innecesario para la producción del texto.

¿Fue esto realmente una traducción?

La Iglesia responde que la palabra «traducción» puede incluir una revelación milagrosa y no tiene que describir un proceso académico convencional.

Dios ciertamente puede revelar conocimiento de manera sobrenatural. Pero utilizar la palabra «traducción» implica que existe una relación entre:

  1. Un texto original.
  2. Su contenido.
  3. El texto producido en otro idioma.

En el caso del Libro de Mormón, las planchas ya no existen y no pueden compararse con el libro publicado.

Por eso, la capacidad de José Smith para traducir solo puede examinarse mediante documentos que sí se conservan, especialmente los papiros del Libro de Abraham. En ese caso, los caracteres egipcios conservados no corresponden con la supuesta traducción de José Smith.

La piedra vidente no proporciona una evidencia independiente. Solamente traslada la afirmación desde:

«José podía comprender un idioma antiguo».

Hasta:

«Dios hacía aparecer palabras sobre una piedra que solamente José podía ver».

La segunda afirmación es todavía menos comprobable que la primera.

¿La piedra vidente era el Urim y Tumim bíblico?

Los primeros relatos mormones distinguían entre:

  • Los intérpretes que supuestamente acompañaban las planchas.
  • La piedra vidente personal de José Smith.

Con el tiempo, José Smith y sus seguidores comenzaron a utilizar la expresión «Urim y Tumim» para referirse tanto a los intérpretes como a la piedra individual. La propia Iglesia reconoce que los términos llegaron a usarse de manera intercambiable.

Pero el Urim y Tumim de la Biblia no era una piedra personal encontrada en un pozo y utilizada para buscar tesoros.

En el Antiguo Testamento:

  • Estaba relacionado con el sumo sacerdote.
  • Se encontraba dentro del pectoral sacerdotal.
  • Su uso pertenecía al sistema establecido por Dios para Israel.
  • No era utilizado por particulares para ganar dinero localizando tesoros.
  • No se colocaba dentro de un sombrero.
  • No producía traducciones de libros.
  • No mostraba párrafos completos en otro idioma.

«Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová».

—Éxodo 28:30.

Llamar posteriormente «Urim y Tumim» a la piedra de José Smith no convierte su práctica de adivinación popular en una práctica sacerdotal bíblica.

El nombre fue aplicado después, pero el instrumento ya poseía una historia anterior dentro de la búsqueda de tesoros.

La defensa mormona: Dios transformó una práctica anterior

La explicación oficial actual sostiene que Dios tomó una capacidad o instrumento que José Smith ya conocía y redirigió su uso hacia un propósito espiritual superior.

Según esta defensa:

  • José comenzó buscando objetos materiales.
  • Después comprendió su llamamiento profético.
  • Dios le permitió utilizar la misma piedra para traducir Escrituras.
  • Una práctica imperfecta fue elevada a un uso divino.

La Iglesia afirma expresamente que Dios redirigió el uso que José hacía de la piedra desde la búsqueda de tesoros hacia la traducción del Libro de Mormón.

Pero esta defensa presupone precisamente lo que debe demostrarse.

¿Cómo sabemos que Dios transformó la piedra en un instrumento profético?

La respuesta mormona es:

Porque José Smith dijo que Dios lo hizo.

¿Cómo sabemos que José Smith era profeta?

Porque produjo el Libro de Mormón mediante la piedra.

El razonamiento es circular.

  1. La piedra es divina porque José era profeta.
  2. José era profeta porque produjo un libro divino mediante la piedra.
  3. El libro es divino porque José afirmó que fue revelado mediante la piedra.

No existe una prueba externa que permita salir de ese círculo.

La Biblia y los instrumentos físicos

Un defensor mormón puede señalar que Dios utilizó objetos físicos:

  • La vara de Moisés.
  • El manto de Elías.
  • El Urim y Tumim.
  • El barro utilizado por Jesús.
  • Los pañuelos relacionados con Pablo.

La existencia de objetos materiales dentro de relatos bíblicos no legitima cualquier objeto utilizado por una persona que afirma recibir revelación.

La diferencia fundamental es la autorización divina demostrada dentro de la revelación bíblica.

Moisés no aprendió primero a utilizar su vara para cobrar dinero buscando tesoros y luego declaró que Dios había convertido aquella misma técnica en revelación.

Los apóstoles tampoco empleaban instrumentos propios de adivinos locales para descubrir objetos enterrados.

El problema no es que una piedra sea materialmente incapaz de ser utilizada por Dios. Dios puede utilizar lo que quiera.

El problema es que José Smith practicaba previamente un método de adivinación, no encontraba los tesoros prometidos y luego presentó ese mismo método como medio para producir revelaciones que solamente él podía leer.

¿Qué enseña la Biblia sobre la adivinación?

La Escritura condena la pretensión de obtener conocimiento oculto mediante prácticas de adivinación.

«No sea hallado en ti quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero».

—Deuteronomio 18:10.

«Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios».

—Deuteronomio 18:14.

Dios no condenó solamente la adoración de falsos dioses. También prohibió métodos mediante los cuales las personas pretendían acceder a información sobrenatural fuera de los medios que él había establecido.

En Hechos 16 aparece una muchacha que poseía espíritu de adivinación y proporcionaba ganancias a sus amos:

«Nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando».

—Hechos 16:16.

Pablo no intentó convertir su capacidad en un don cristiano. Expulsó al espíritu.

En Hechos 19, quienes se convertían abandonaban públicamente sus prácticas mágicas:

«Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos».

—Hechos 19:19.

El modelo apostólico no consiste en conservar las técnicas mágicas y bautizarlas con nombres bíblicos. Consiste en abandonarlas.

Las piedras luminosas de los jareditas

El Libro de Éter relata que el hermano de Jared preparó dieciséis piedras transparentes y pidió a Cristo que las tocara para que produjeran luz dentro de las barcazas.

«Toca, pues, estas piedras, oh Señor, con tu dedo, y prepáralas para que brillen en la obscuridad».

—Éter 3:4.

Más adelante, otras piedras o intérpretes aparecen relacionadas con la traducción de registros sellados.

La semejanza con el mundo de José Smith resulta llamativa:

  • Piedras preparadas sobrenaturalmente.
  • Piedras que brillan en la oscuridad.
  • Piedras mediante las cuales se obtiene conocimiento.
  • Piedras asociadas con registros antiguos.
  • Un vidente capaz de interpretar documentos ocultos.

Sin embargo, no puede demostrarse históricamente que José Smith inventara necesariamente las piedras jareditas a partir de su propia piedra vidente. La semejanza constituye una evidencia contextual, no una prueba matemática de dependencia.

Aun así, resulta significativo que un hombre acostumbrado a utilizar piedras para ver tesoros ocultos produjera posteriormente una narración antigua en la cual Dios concedía piedras con poderes de iluminación y revelación.

Las piedras jareditas no proporcionan evidencia independiente sobre José Smith. Solamente aparecen dentro del mismo libro cuya autenticidad depende de aceptar previamente las afirmaciones de José.

Los «tesoros resbaladizos» del Libro de Mormón

El Libro de Mormón habla repetidamente de tesoros escondidos que se vuelven «resbaladizos» debido a una maldición.

Samuel el lamanita declara:

«El Señor maldecirá vuestras riquezas, de modo que se volverán resbaladizas, y no podréis retenerlas».

—Helamán 13:31.

Después describe a las personas lamentándose:

«Hemos escondido nuestros tesoros y se nos han escapado, por motivo de la maldición de la tierra».

—Helamán 13:35.

Mormón 1:18 también afirma que los habitantes escondían tesoros en la tierra, pero estos se volvían resbaladizos y no podían ser retenidos.

Las primeras ediciones del Libro de Mormón ya contenían esta descripción de tesoros enterrados que desaparecían por causa de una maldición.

¿Qué significa «resbaladizo»?

Dentro del relato, no significa simplemente que las riquezas fueran moralmente inseguras o que una persona pudiera perderlas mediante gastos.

El texto habla de:

  • Herramientas que desaparecen.
  • Espadas que no pueden encontrarse.
  • Tesoros escondidos en la tierra.
  • Objetos que no permanecen en el lugar donde fueron colocados.
  • Una maldición sobrenatural sobre el terreno.

Esta imagen posee una notable semejanza con las creencias de los buscadores de tesoros del entorno de José Smith.

En la magia popular de aquella época se creía que los tesoros enterrados podían:

  • Desplazarse dentro de la tierra.
  • Hundirse cuando estaban a punto de ser alcanzados.
  • Ser protegidos por espíritus.
  • Desaparecer si no se cumplía correctamente un ritual.
  • Permanecer inaccesibles debido a encantamientos o maldiciones.

Estudios sobre el ambiente religioso y mágico de José Smith han señalado que el Libro de Mormón no elimina el mundo conceptual del buscador de tesoros, sino que incorpora piedras videntes, registros enterrados, guardianes sobrenaturales y tesoros resbaladizos dentro de una nueva narración religiosa.

La aparición de este lenguaje no demuestra por sí sola que todo el Libro de Mormón sea falso. Pero sí muestra que el libro refleja ideas familiares dentro del entorno cultural de José Smith.

¿Puede tener un antecedente bíblico?

Los defensores del mormonismo señalan que la Biblia enseña que las riquezas son inestables y que Dios puede juzgar a una nación quitándole sus bienes.

Esto es cierto:

«Las riquezas de vanidad disminuirán».

—Proverbios 13:11.

«No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen».

—Mateo 6:19.

Pero estos pasajes hablan de la fragilidad de la riqueza, el robo, la corrupción y la confianza equivocada en bienes materiales.

No describen normalmente espadas, herramientas y tesoros enterrados que se desplazan físicamente debido a una maldición sobre la tierra.

El vocabulario del Libro de Mormón encaja de una forma mucho más específica con el mundo de los buscadores de tesoros que afirmaban que el dinero escondido podía hundirse o desaparecer sobrenaturalmente.

Doctrina y Convenios 111 y el tesoro de Salem

En 1836, la Iglesia mormona tenía deudas considerables. José Smith, Hyrum Smith, Sidney Rigdon y Oliver Cowdery viajaron a Salem, Massachusetts.

Relatos posteriores indican que un miembro llamado Burgess les habló de una gran cantidad de dinero escondida en el sótano de una casa. Burgess afirmaba conocer su ubicación, pero al llegar a Salem no pudo identificar la casa.

El manual oficial de la Iglesia reconoce que los dirigentes viajaron esperando obtener dinero para pagar las deudas y que durante varias semanas intentaron conseguir un tesoro.

En Salem, José Smith produjo la revelación actualmente conocida como Doctrina y Convenios 111.

La revelación dice:

«No estoy disgustado con vuestro viaje, a pesar de vuestras insensateces».

—Doctrina y Convenios 111:1.

Y después:

«Tengo mucho tesoro para vosotros en esta ciudad, para el beneficio de Sion».

—Doctrina y Convenios 111:2.

También promete:

«A su debido tiempo tendréis poder para pagar todas vuestras deudas».

—Doctrina y Convenios 111:5.

¿Prometía un tesoro literal?

No debe afirmarse sin matices que la revelación prometió inequívocamente que encontrarían el dinero escondido en la casa.

La expresión «mucho tesoro» puede interpretarse de varias maneras:

  • Dinero.
  • Conversos.
  • Oportunidades misioneras.
  • Contactos útiles.
  • Beneficios espirituales futuros.

La interpretación mormona posterior enfatiza que las personas de Salem constituían un tesoro más importante que el dinero.

Sin embargo, esa explicación surgió dentro de un viaje motivado precisamente por la esperanza de encontrar fondos escondidos. El propio material histórico oficial reconoce que los dirigentes intentaban obtener un tesoro para ayudar a pagar sus deudas.

No se encontró la casa ni el dinero esperado.

Por eso, Doctrina y Convenios 111 parece funcionar como una revelación que:

  1. Reconoce indirectamente la insensatez del viaje.
  2. Evita declarar completamente fracasado el propósito.
  3. Transforma el tesoro esperado en una promesa más ambigua.
  4. Asegura que en algún momento las deudas podrían ser pagadas.

La ambigüedad protege la revelación frente a cualquier resultado.

  • Si encontraban dinero, ese era el tesoro.
  • Si conseguían conversos, ellos eran el tesoro.
  • Si no obtenían nada inmediatamente, se cumpliría «a su debido tiempo».

Una revelación que puede adaptarse a cualquier desenlace resulta imposible de comprobar.

¿Por qué un profeta necesitaba perseguir rumores de tesoros?

La pregunta no es si un dirigente religioso puede buscar medios económicos. Las iglesias necesitan recursos y sus líderes pueden investigar oportunidades legítimas.

El problema es que José Smith poseía un historial de:

  • Búsqueda sobrenatural de tesoros.
  • Uso de una piedra vidente.
  • Afirmaciones sobre dinero enterrado.
  • Excavar basándose en visiones.
  • Cobrar por sus servicios.
  • Recibir revelaciones relacionadas con tesoros y deudas.

Años después de convertirse en profeta, todavía encontramos una expedición basada en el rumor de dinero escondido dentro de una casa.

Esto debilita la defensa de que la búsqueda de tesoros fue simplemente un error juvenil que José abandonó completamente cuando recibió su llamamiento.

Aunque ya no estuviera trabajando como excavador profesional, el mismo patrón mental continuaba presente:

Existe dinero oculto, una persona posee conocimiento especial sobre él y la búsqueda puede recibir confirmación religiosa.

Diferencia entre profecía bíblica y adivinación

Un profeta bíblico no era una persona que descubría objetos perdidos mediante una piedra personal.

El profeta recibía la palabra de Dios y era responsable de comunicarla fielmente:

«El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera».

—Jeremías 23:28.

Los profetas también podían ser examinados:

«Cuando se cumpla la palabra del profeta, será conocido como el profeta que Jehová en verdad envió».

—Jeremías 28:9.

José Smith, en cambio, utilizaba un procedimiento en el cual solamente él podía ver las palabras sobrenaturales. Nadie podía mirar la piedra y comprobar que las frases aparecían realmente.

El sistema dependía completamente de confiar en su declaración:

  • José decía que veía.
  • El escriba escribía.
  • La piedra no podía ser examinada como una fuente textual.
  • Las planchas no podían consultarse públicamente.
  • El ángel supuestamente se llevó el documento original.
  • La exactitud de la traducción no podía comprobarse.

Esto no es una confirmación pública de revelación. Es una afirmación privada protegida contra la verificación.

¿Era José Smith simplemente producto de su tiempo?

José Smith vivió en una cultura donde coexistían:

  • Cristianismo popular.
  • Avivamientos religiosos.
  • Sueños.
  • Visiones.
  • Adivinación.
  • Astrología popular.
  • Varillas de zahorí.
  • Piedras videntes.
  • Relatos sobre tesoros protegidos por espíritus.

Comprender ese contexto ayuda a explicar su conducta, pero no demuestra que fuera profeta.

Una creencia puede ser culturalmente comprensible y continuar siendo falsa.

Los profetas bíblicos frecuentemente confrontaron las supersticiones de sus propios pueblos. No las aceptaron simplemente porque fueran populares.

«Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová».

—Jeremías 23:16.

Una característica sectaria

La historia de las piedras videntes presenta varias características propias de un sistema sectario:

  • El fundador afirma poseer una capacidad sobrenatural exclusiva.
  • Solamente él puede ver el mensaje.
  • Los seguidores no pueden comprobar directamente la fuente.
  • El instrumento posee antecedentes dentro de la adivinación.
  • La práctica anterior es reinterpretada posteriormente como preparación divina.
  • La organización controla la narración acerca del método de traducción.
  • Las representaciones populares muestran durante décadas una versión distinta y más aceptable del proceso.
  • Cuando los hechos históricos se hacen públicos, se afirma que siempre fueron compatibles con la fe.
  • Cualquier resultado puede reinterpretarse para proteger la autoridad del profeta.
  • La experiencia espiritual del miembro se coloca por encima de las dificultades documentales.

El sistema convierte una objeción en una confirmación:

José utilizó una piedra de buscador de tesoros porque Dios estaba preparándolo para ser profeta.

Pero esa explicación no surge de una prueba externa. Surge de la necesidad de conservar intacta la autoridad de José Smith.

Conclusión

Actualmente están documentados y reconocidos incluso por la propia Iglesia mormona los siguientes hechos:

  • José Smith participó en búsquedas de tesoros.
  • Recibía dinero por ese trabajo.
  • Utilizaba una piedra vidente.
  • Colocaba la piedra dentro de un sombrero para excluir la luz.
  • Fue llevado ante un juez y examinado como glass looker.
  • Utilizó posteriormente una piedra vidente para dictar el Libro de Mormón.
  • En ocasiones las planchas permanecían cubiertas mientras dictaba.
  • El término «Urim y Tumim» llegó a aplicarse posteriormente a la piedra.
  • En 1836 viajó con otros dirigentes esperando encontrar dinero escondido en Salem.
  • El tesoro esperado no fue localizado.
  • El Libro de Mormón contiene piedras sobrenaturales y tesoros enterrados que se vuelven resbaladizos.

José Smith no abandonó claramente su antigua técnica para recibir un método profético completamente distinto. Utilizó el mismo tipo de piedra y el mismo procedimiento básico —mirar dentro de un sombrero para recibir información invisible— y afirmó que ahora provenía de Dios.

No existe evidencia independiente de que la piedra mostrara palabras, descubriera tesoros o tradujera idiomas.

Cuando José buscaba dinero, los tesoros no aparecían.

Cuando produjo el Libro de Mormón, las planchas no podían examinarse.

Cuando produjo el Libro de Abraham, el documento conservado no correspondió con su traducción.

Cuando viajó a Salem por dinero escondido, el tesoro no fue encontrado.

El patrón es constante: José afirma poseer conocimiento sobrenatural, pero la fuente permanece inaccesible o la afirmación no puede ser confirmada.

La Biblia condena la adivinación y ordena probar a quienes afirman hablar en nombre de Dios:

«Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios».

—1 Juan 4:1.

«Examinadlo todo; retened lo bueno».

—1 Tesalonicenses 5:21.

«¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido».

—Isaías 8:20.

La piedra de José Smith no se convierte en un instrumento divino porque posteriormente se le dé el nombre de Urim y Tumim.

La búsqueda de tesoros no se convierte en preparación profética porque la Iglesia moderna la describa como una etapa de aprendizaje.

Y un libro dictado mediante una piedra que nadie más podía consultar no queda demostrado como traducción de un registro antiguo.

La continuidad entre la magia popular de José Smith y sus posteriores revelaciones constituye una evidencia importante de que el mormonismo no surgió de una restauración apostólica, sino del ambiente supersticioso y religioso del siglo XIX, transformado por José Smith en un sistema que exigía aceptar su autoridad personal como la voz exclusiva de Dios.

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