The net of evil
Espiritismo
El espiritismo consiste en intentar establecer comunicación con los muertos, espíritus o entidades invisibles mediante médiums, adivinos, sesiones, invocaciones, rituales, tablas ouija, cartas, canalizaciones u otras prácticas semejantes.
La Biblia condena claramente estas actividades porque apartan al ser humano de Dios, buscan conocimiento espiritual por medios prohibidos y lo exponen al engaño. El creyente no debe consultar a los muertos ni buscar dirección en espíritus, sino acudir al Señor, a su Palabra y a la oración.
El hecho de que una experiencia parezca sobrenatural no significa que proceda de Dios. Las Escrituras advierten que existen señales engañosas, falsos espíritus y manifestaciones capaces de presentarse con apariencia de luz.
Versículo principal
Levítico 19:31:
“No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios.”
Dios no presenta la consulta espiritista como un entretenimiento inocente. Declara que quienes la practican se contaminan espiritualmente.
La prohibición incluye tanto practicar personalmente como acudir a alguien que afirme tener poderes para contactar espíritus, revelar el futuro o transmitir mensajes de personas fallecidas.
Dios prohíbe consultar a los muertos
Deuteronomio 18:10-12:
“No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti.”
Este pasaje reúne diferentes prácticas ocultistas y las presenta como abominación delante de Dios.
Entre ellas se encuentran:
La adivinación.
Los agüeros.
La hechicería.
Los encantamientos.
La consulta a médiums.
La invocación de muertos.
La búsqueda de conocimiento espiritual mediante magia.
Dios no permite utilizar estos medios ni siquiera por curiosidad, desesperación, duelo o deseo de conocer el futuro.
El creyente debe entender que no todo método espiritual es aceptable. La sinceridad de una persona no convierte en santo un camino que Dios prohibió.
Debemos consultar a Dios, no a los muertos
Isaías 8:19-20:
“Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.”
El pueblo de Dios no necesita acudir a espíritus, médiums ni adivinos. Tiene al Señor y posee su Palabra.
Isaías establece dos principios:
Los vivos deben consultar a Dios, no a los muertos.
Toda enseñanza espiritual debe examinarse mediante la Palabra.
Una experiencia, visión o mensaje que contradice las Escrituras no procede de Dios, aunque parezca emocionante, preciso o sobrenatural.
La frase “¡A la ley y al testimonio!” enseña que la Biblia es la medida para discernir la verdad.
Saúl consultó a una adivina
El rey Saúl había desobedecido repetidamente a Dios. Cuando tuvo miedo ante sus enemigos y no recibió la respuesta que deseaba, buscó a una mujer que practicaba la adivinación para intentar comunicarse con el profeta Samuel.
1 Crónicas 10:13-14:
“Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina, y no consultó a Jehová; por esta causa lo mató, y traspasó el reino a David hijo de Isaí.”
La Escritura no presenta la conducta de Saúl como un método legítimo para obtener orientación. La menciona como parte de su rebelión.
Saúl buscó una respuesta espiritual sin someterse verdaderamente a Dios. Quería información, pero no arrepentimiento. Quería conocer el resultado de la batalla, pero no obedecer la palabra que ya había recibido.
El espiritismo muchas veces ofrece conocimiento sin obediencia, poder sin santidad y consuelo sin verdad.
El dolor por una persona fallecida no justifica invocarla
La muerte de un ser querido puede producir un dolor profundo. La persona puede desear escuchar nuevamente su voz, saber si está bien o recibir una última despedida.
Ese sufrimiento merece compasión, pero no debe llevarnos a prácticas prohibidas.
Hebreos 9:27:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.”
La Biblia no enseña que los muertos permanezcan disponibles para conversar regularmente con los vivos mediante médiums.
El creyente debe llevar su duelo a Dios, recibir consuelo mediante la esperanza bíblica y buscar apoyo en personas maduras. No debe intentar abrir una comunicación espiritual con quien murió.
El deseo de despedirse puede ser sincero, pero una supuesta manifestación podría ser:
Un engaño humano.
Una interpretación causada por el dolor.
Una manipulación.
Una experiencia psicológica.
Una influencia espiritual engañosa.
La respuesta bíblica no es experimentar para descubrirlo, sino obedecer la prohibición de Dios.
No todo espíritu procede de Dios
1 Juan 4:1:
“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.”
La Biblia no manda aceptar automáticamente cualquier manifestación espiritual. Manda probar los espíritus.
Una persona puede afirmar:
“Un espíritu me habló”.
“Vi una presencia luminosa”.
“Recibí un mensaje de un familiar fallecido”.
“Una entidad me reveló el futuro”.
“Mi guía espiritual me protege”.
“Sentí una energía buena”.
Pero la sensación de paz, luz o poder no demuestra que algo proceda de Dios.
Toda experiencia debe examinarse según:
La enseñanza bíblica.
La identidad de Jesucristo.
El fruto producido.
La obediencia a Dios.
La verdad del evangelio.
Si la experiencia promueve prácticas prohibidas, contradice la Escritura o desvía la confianza de Cristo, debe rechazarse.
Satanás puede presentarse con apariencia de luz
2 Corintios 11:13-15:
“Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.”
El engaño espiritual no siempre se presenta como algo aterrador. Puede aparecer como luz, sanidad, sabiduría, paz, amor o conocimiento superior.
Por eso, no debemos evaluar una práctica solamente por lo agradable que parece.
Un médium puede hablar de consuelo.
Un adivino puede afirmar que desea ayudar.
Una práctica puede utilizar palabras como energía, armonía o iluminación.
Sin embargo, un lenguaje positivo no convierte en bíblico un método que Dios condenó.
Los demonios también pueden comunicar verdades parciales
En Hechos 16 aparece una joven que tenía un espíritu de adivinación. Ella decía públicamente algo verdadero acerca de Pablo y sus compañeros, pero el origen de su mensaje no era santo.
Hechos 16:16-18:
“Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.”
Que un espíritu diga algo aparentemente verdadero no demuestra que debamos escucharlo.
El engaño puede mezclar verdad y error para ganar confianza. Pablo no aceptó aquella manifestación como publicidad útil para el evangelio. Expulsó al espíritu.
El cristiano no debe buscar información en una fuente prohibida solamente porque en alguna ocasión parezca acertar.
La hechicería pertenece a las obras de la carne
Gálatas 5:19-21:
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”
Las hechicerías aparecen entre las obras de la carne. Practicarlas deliberadamente y sin arrepentimiento es incompatible con una vida gobernada por Cristo.
Esto incluye prácticas destinadas a:
Invocar espíritus.
Controlar personas.
Obtener protección sobrenatural.
Atraer amor o dinero mediante rituales.
Dañar a enemigos.
Conocer el futuro.
Recibir mensajes secretos.
Manipular supuestas energías espirituales.
Hacer pactos con entidades.
La persona puede llamar a estas cosas tradición, don, conocimiento ancestral o espiritualidad alternativa, pero el nombre no cambia su naturaleza cuando buscan poder fuera de Dios.
La tabla ouija no es un juego inocente
La tabla ouija y otros métodos de invocación se presentan frecuentemente como entretenimiento. Sin embargo, su propósito consiste precisamente en intentar recibir respuestas de espíritus.
El cristiano no debe participar:
Por diversión.
Para demostrar que no funciona.
Como desafío.
Durante una fiesta.
Para asustar a otros.
Por curiosidad.
Para contactar a un fallecido.
No debemos acercarnos a una práctica prohibida para probar nuestra fortaleza espiritual.
2 Timoteo 2:22:
“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.”
La orden bíblica ante la tentación y el peligro espiritual es huir, no experimentar.
El tarot y la lectura de cartas
El tarot pretende revelar aspectos ocultos, orientar decisiones o anticipar acontecimientos mediante símbolos y cartas.
Aunque algunas personas lo presenten como una herramienta psicológica o recreativa, se vuelve incompatible con la fe cuando se utiliza para:
Predecir el futuro.
Recibir mensajes espirituales.
Consultar guías invisibles.
Tomar decisiones mediante adivinación.
Descubrir supuestas energías.
Conocer la voluntad de Dios fuera de la Escritura.
La dirección del creyente debe proceder de Dios mediante su Palabra, oración, sabiduría y consejo responsable, no mediante cartas escogidas al azar e interpretadas espiritualmente.
Los horóscopos y la astrología
La astrología atribuye a los astros influencia sobre el carácter, las relaciones o el futuro de una persona.
La Biblia enseña que los astros fueron creados por Dios. No fueron dados para gobernar moralmente nuestra vida ni revelar nuestro destino personal.
Consultar horóscopos puede parecer inofensivo, pero acostumbra a la persona a buscar dirección en la creación en lugar del Creador.
El creyente no debe basar decisiones matrimoniales, laborales o personales en:
Signos zodiacales.
Cartas astrales.
Compatibilidades astrológicas.
Movimientos planetarios.
Predicciones del horóscopo.
Nuestra identidad y futuro no están gobernados por un signo, sino por la soberanía de Dios y nuestras decisiones delante de él.
Los amuletos y objetos de protección
Utilizar un objeto como si tuviera poder espiritual para proteger, atraer suerte o rechazar espíritus también puede convertirse en superstición e idolatría.
Esto puede incluir:
Talismanes.
Piedras cargadas.
Pulseras espirituales.
Objetos preparados mediante rituales.
Símbolos usados como defensa mágica.
Amuletos para atraer dinero o amor.
Objetos colocados para expulsar malas energías.
El problema no es el material físico en sí, sino la confianza espiritual depositada en él.
Salmos 20:7:
“Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.”
La protección del creyente se encuentra en Dios, no en objetos cargados de supuestos poderes.
Tampoco debemos tratar una Biblia, cruz u otro objeto cristiano como si funcionara mágicamente. La fe no está en el objeto, sino en el Señor.
Invocar ángeles tampoco es bíblico
La Biblia enseña que los ángeles sirven a Dios, pero no manda invocarlos, pedirles mensajes ni establecer comunicación con ellos.
La oración debe dirigirse a Dios.
Un supuesto ser que se presente como ángel debe ser examinado, porque Satanás puede disfrazarse como ángel de luz.
El creyente no necesita buscar un “ángel guía”. Tiene al Espíritu Santo, la Palabra y el acceso a Dios por medio de Jesucristo.
Los sueños no poseen autoridad automática
Dios utilizó sueños en diferentes momentos bíblicos. Sin embargo, no todo sueño es un mensaje divino.
Los sueños pueden relacionarse con:
Preocupaciones.
Recuerdos.
Temores.
Experiencias recientes.
Enfermedad.
Medicamentos.
Procesos normales de la mente.
No debemos consultar médiums para interpretar cada sueño ni construir doctrinas sobre experiencias nocturnas.
Cualquier supuesta revelación debe someterse a la Escritura. Dios nunca dará mediante un sueño un mensaje que contradiga su Palabra.
No toda experiencia extraña debe atribuirse a espíritus
La Biblia reconoce la realidad espiritual, pero esto no significa que cada ruido, sombra, pesadilla, enfermedad o sensación tenga una causa demoníaca.
Existen explicaciones:
Físicas.
Médicas.
Psicológicas.
Ambientales.
Neurológicas.
Relacionadas con el sueño.
Producidas por sustancias.
Causadas por ansiedad o trauma.
Una persona que oye voces, ve figuras o experimenta confusión persistente debe recibir apoyo espiritual y también una evaluación médica adecuada.
Buscar ayuda profesional no demuestra falta de fe. No debemos acusar automáticamente a una persona de estar poseída ni suspender tratamientos necesarios sin orientación médica.
El espiritismo puede utilizar el engaño humano
No toda manifestación espiritista es realmente sobrenatural. Algunos médiums utilizan técnicas para obtener información, observar reacciones o formular afirmaciones generales que parecen personales.
Pueden aprovechar:
El dolor.
La necesidad de respuestas.
La vulnerabilidad.
Las redes sociales.
Información proporcionada previamente.
Reacciones corporales.
Afirmaciones ambiguas.
Aunque una experiencia fuera simplemente un fraude, seguiría siendo incorrecto acudir a ella porque busca conocimiento mediante un camino que Dios prohibió.
El dinero y la explotación
Muchas prácticas espiritistas producen grandes ganancias para quienes las ofrecen.
La persona puede ser presionada para pagar por:
Consultas repetidas.
Limpiezas espirituales.
Protección.
Rompimiento de maldiciones.
Rituales.
Materiales especiales.
Mensajes de muertos.
Eliminación de supuestos trabajos.
Lecturas adicionales.
El miedo puede utilizarse para mantenerla dependiente. Le dicen que ocurrirá algo malo si deja de pagar o abandona el ritual.
Esa manipulación no procede de Dios.
Los creyentes de Éfeso abandonaron la magia
Hechos 19:18-20:
“Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor.”
Estos creyentes no guardaron sus libros mágicos como recuerdos ni intentaron venderlos para recuperar su dinero. Los destruyeron porque habían abandonado aquella vida.
El arrepentimiento verdadero produjo una ruptura clara con sus prácticas anteriores.
Quien abandona el espiritismo debe apartarse de:
Libros de magia.
Cartas de adivinación.
Tablas ouija.
Objetos rituales.
Grabaciones de invocaciones.
Contactos de médiums.
Aplicaciones de adivinación.
Amuletos.
Altares espiritistas.
Contenido que enseña hechicería.
No debe entregarlos a otra persona para que continúe practicando.
No debemos intentar utilizar el poder de Dios como magia
En Hechos 8, Simón quiso comprar autoridad espiritual con dinero. Pedro lo reprendió severamente.
Hechos 8:20-21:
“Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.”
La oración, el nombre de Jesús y los dones espirituales no son fórmulas mágicas.
No debemos:
Repetir palabras como encantamientos.
Vender milagros.
Cobrar por expulsar supuestos espíritus.
Utilizar aceite u objetos como amuletos.
Prometer resultados automáticos.
Manipular a personas mediante temor.
Convertir la fe en espectáculo.
El poder pertenece a Dios y actúa conforme a su voluntad, no mediante técnicas para controlarlo.
No debemos desafiar a los espíritus
El creyente no necesita provocar, insultar ni buscar enfrentamientos espirituales para demostrar autoridad.
Algunas personas visitan lugares, realizan invocaciones o hablan temerariamente para comprobar si algo sobrenatural ocurre. Esa conducta es imprudente.
Mateo 4:7:
“Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.”
La fe no consiste en colocarse voluntariamente en peligro y después exigir que Dios nos proteja.
Debemos rechazar el espiritismo, no acercarnos por curiosidad.
La libertad se encuentra en Cristo
Colosenses 1:13-14:
“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”
Quien participó en espiritismo no debe pensar que está fuera del alcance de la misericordia de Dios.
Cristo tiene autoridad sobre las tinieblas. En él existe:
Perdón.
Liberación.
Una nueva identidad.
Protección.
Restauración.
Verdad.
La persona no debe buscar otro ritual para romper el espiritismo. Debe acudir sinceramente a Cristo, arrepentirse y abandonar toda práctica.
Cómo abandonar el espiritismo
La persona debe:
Reconocer que estas prácticas contradicen la Palabra.
Confesar específicamente su participación.
Renunciar a toda consulta de espíritus.
Dejar de visitar médiums y adivinos.
Eliminar objetos y materiales utilizados.
Dejar horóscopos, tarot y sesiones.
Romper contactos con quienes la presionan para continuar.
No participar nuevamente por curiosidad.
Buscar acompañamiento de creyentes maduros.
Llenar su mente con la Escritura.
Orar directamente a Dios en el nombre de Jesucristo.
Rechazar el miedo y la superstición.
Buscar ayuda médica si existen síntomas físicos o psicológicos.
Restituir cuando haya inducido a otros a estas prácticas.
Advertir con prudencia a quienes fueron influenciados.
Perseverar en la comunión cristiana.
No debemos vivir obsesionados con los demonios
Abandonar el espiritismo no significa comenzar a ver demonios detrás de todo.
El centro de la vida cristiana es Cristo, no las tinieblas.
Hebreos 12:2:
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.”
Una persona puede dejar el espiritismo y continuar atrapada si vive investigando constantemente demonios, maldiciones, señales y conspiraciones espirituales.
El creyente debe concentrarse en:
Conocer a Cristo.
Obedecer la Palabra.
Orar.
Amar al prójimo.
Vivir en santidad.
Servir.
Rechazar el pecado.
Permanecer en comunión.
La seguridad no procede de conocer todos los métodos de las tinieblas, sino de permanecer en el Señor.
Debemos vestirnos con la armadura de Dios
Efesios 6:10-11:
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.”
La protección espiritual se encuentra en la verdad, la justicia, el evangelio, la fe, la salvación, la Palabra y la oración.
No se encuentra en:
Amuletos.
Rituales secretos.
Objetos preparados.
Fórmulas repetidas.
Supersticiones.
Médiums.
Invocaciones.
El creyente vence permaneciendo firme en Cristo y obedeciendo la verdad.
Qué hacer ante una experiencia espiritual extraña
La persona debe:
No iniciar una conversación con la supuesta entidad.
No pedirle información.
No hacer pactos ni promesas.
Rechazar toda invitación a invocar.
Orar a Dios.
Recordar la verdad bíblica.
Buscar ayuda de creyentes maduros.
Examinar posibles causas físicas o psicológicas.
Evitar conclusiones apresuradas.
Alejarse de objetos y prácticas ocultistas.
Buscar atención de emergencia si existe peligro de hacerse daño o dañar a alguien.
No debe seguir instrucciones recibidas por una voz, sueño o aparición cuando contradicen la verdad, la prudencia o la seguridad.
Los padres deben proteger a sus hijos
Los niños pueden ser introducidos al espiritismo mediante juegos, videos, retos, historias, aplicaciones o familiares que lo consideran una tradición.
Los padres deben:
Enseñar sin producir terror.
Explicar que no deben invocar espíritus.
Supervisar el contenido que consumen.
Evitar juegos de adivinación.
Escuchar cuando cuentan una experiencia.
No burlarse inmediatamente.
No atribuir todo a demonios.
Buscar ayuda médica cuando sea necesario.
Orar con ellos.
Enseñarles a confiar en Dios.
Protegerlos de adultos que practican rituales.
El miedo excesivo también puede causar daño. La enseñanza debe destacar la autoridad y suficiencia de Cristo.
No debemos perseguir ni agredir a quienes practican espiritismo
La Biblia condena la práctica, pero el cristiano no tiene derecho a insultar, agredir o destruir las pertenencias ajenas.
Debemos hablar la verdad con respeto, orar y anunciar el evangelio.
2 Timoteo 2:24-26:
“Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad.”
La meta es la restauración de la persona, no su humillación.
Hay perdón para quien se arrepiente
1 Juan 1:9:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
Ninguna persona debe pensar que su pasado espiritista es demasiado oscuro para recibir perdón.
El arrepentimiento verdadero incluye confesión y abandono. Cristo limpia al pecador y le concede una nueva vida.
La persona no necesita vivir bajo terror permanente ni pensar que cada dificultad demuestra que todavía está bajo una maldición.
Romanos 8:38-39:
“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Conclusión
No debemos practicar espiritismo porque Dios prohíbe consultar a los muertos, médiums, adivinos, hechiceros y espíritus.
El pueblo de Dios debe consultar al Señor y examinar toda enseñanza mediante las Escrituras. Una experiencia sobrenatural no demuestra por sí misma que algo proceda de Dios, pues Satanás puede disfrazarse como ángel de luz y mezclar verdad con engaño.
El espiritismo incluye prácticas como invocación de muertos, sesiones, ouija, mediumnidad, tarot adivinatorio, astrología, hechicería, amuletos y rituales para obtener poder o conocimiento espiritual.
El dolor, la curiosidad o la tradición no convierten estas prácticas en aceptables.
No toda experiencia extraña es necesariamente espiritual. También deben considerarse causas médicas, psicológicas y ambientales. La fe bíblica no rechaza la atención profesional ni acusa apresuradamente a las personas.
Quien ha participado debe arrepentirse, abandonar completamente esas prácticas, eliminar sus instrumentos y acudir a Cristo. No necesita sustituir un ritual por otro, sino permanecer en la Palabra, la oración y la comunión cristiana.
Cristo es superior a toda potestad y puede perdonar, limpiar y liberar. El creyente no debe vivir obsesionado con las tinieblas, sino con los ojos puestos en Jesús, fortalecido en el Señor y vestido con toda la armadura de Dios.