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Adulterio
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o cÃmbalo que retiñe.
Y si tuviese profecÃa, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Antes bien, como está escrito:
Cosas que ojo no vio, ni oÃdo oyó,
Ni han subido en corazón de hombre,
Son las que Dios ha preparado para los que le aman.
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.
En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sà castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.
Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?
Porque: El que quiere amar la vida
Y ver dÃas buenos, Refrene su lengua de mal,
Y sus labios no hablen engaño;
Apártese del mal, y haga el bien;
Busque la paz, y sÃgala.
Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.
Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros.
Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espÃritu, fe y pureza.
Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo.
Porque no nos ha dado Dios espÃritu de cobardÃa, sino de poder, de amor y de dominio propio.
Ponme como un sello sobre tu corazón,
como una marca sobre tu brazo;
Porque fuerte es como la muerte el amor;
Duros como el Seol los celos;
Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.
Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su EspÃritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor.
Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.
Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.
Maridos, amad a vuestras mujeres, asà como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sà mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.
Mas el fruto del EspÃritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
Porque a mis ojos fuiste de gran estima,
fuiste honorable, y yo te amé;
daré, pues, hombres por ti,
y naciones por tu vida.
¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz,
para dejar de compadecerse del hijo de su vientre?
Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.
He aquà que en las palmas de las manos te tengo esculpida;
delante de mà están siempre tus muros.