Abandonar

Abandonar

Hebreos 10:25: “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Pasajes relacionados

Hebreos 10:23-25:
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

1 Timoteo 5:8:
“Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.”

Lucas 9:62:
“Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.”

Juan 6:66-68:
“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”

Gálatas 6:9:
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

Salmos 27:10:
“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.”

Explicación bíblica

Abandonar suele comenzar cuando una persona deja de permanecer firme en lo que Dios le ha mandado. Hebreos enseña que el cristiano debe mantener firme su esperanza, estimular a otros al amor y no alejarse de la comunión con los hermanos. La vida cristiana no fue diseñada para vivirse en aislamiento.

Jesús también advirtió que quien pone la mano en el arado y luego mira hacia atrás no está actuando con la perseverancia que exige el reino de Dios. No significa que un cristiano nunca pueda sentirse débil, sino que no debe tomar la decisión consciente de regresar a su antigua vida y abandonar el camino de Cristo.

Juan 6 muestra que muchos discípulos dejaron de seguir a Jesús cuando sus palabras les parecieron difíciles. Pedro, en cambio, entendió que apartarse de Cristo no era una verdadera solución: solo Jesús tiene palabras de vida eterna. Abandonar al Señor por dificultades, pruebas, persecución o deseos mundanos conduce a alejarse de la fuente de la vida.

La Biblia también condena abandonar las responsabilidades familiares. Según 1 Timoteo 5:8, quien se desentiende deliberadamente de las necesidades de su familia contradice con sus actos la fe que afirma tener. El cristiano debe ser responsable, fiel y misericordioso con quienes Dios ha puesto bajo su cuidado.

Gálatas 6:9 enseña que no debemos abandonar las buenas obras simplemente porque todavía no vemos resultados. Muchas veces el cansancio, la decepción o la ingratitud pueden provocar deseos de rendirse, pero Dios promete que habrá fruto si perseveramos.

Finalmente, aunque las personas puedan abandonarnos, Dios permanece fiel. Salmos 27:10 muestra que el abandono humano no debe llevarnos a abandonar a Dios. Cuando otros nos dejan, el Señor sigue siendo refugio, Padre y sustentador.

Conclusión

No debemos abandonar:

  • A Dios ni la fe por causa de las pruebas.
  • La congregación y la comunión cristiana.
  • A nuestra familia y nuestras responsabilidades.
  • Las buenas obras por cansancio o falta de resultados.
  • A las personas que necesitan nuestro apoyo cuando podemos ayudarlas.

Lo que sí debemos abandonar es el pecado, la vieja manera de vivir y todo aquello que nos aparta de Cristo. El cristiano no está llamado a retroceder, sino a perseverar fielmente hasta el fin.


Proverbios 17:17:
“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.”

El amigo verdadero no ama únicamente cuando todo marcha bien. Su fidelidad se demuestra especialmente en el tiempo de angustia, cuando la otra persona está débil, triste, enferma, necesitada o atravesando una prueba.

El amor verdadero no abandona

1 Corintios 13:4-7:
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”

El amor bíblico es sufrido y perseverante. No abandona a una persona por sus debilidades, errores, problemas o momentos de desánimo. Cuando la Escritura dice que el amor “todo lo soporta”, enseña que el amor permanece firme bajo las dificultades, no se rinde rápidamente y busca la restauración del otro.

Esto no significa aprobar el pecado, encubrir la maldad o permitir abusos. El mismo pasaje declara que el amor “no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad”. Amar a un amigo también significa decirle la verdad, corregirlo con mansedumbre y ayudarlo a apartarse del pecado.

El amigo permanece en la adversidad

Proverbios 18:24:
“El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano.”

No es correcto exigir fidelidad de los demás mientras nosotros desaparecemos cuando ellos nos necesitan. Quien desea tener verdaderos amigos también debe mostrarse amistoso, fiel, disponible y misericordioso.

Eclesiastés 4:9-10:
“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.”

Dios permite que las amistades sirvan de apoyo mutuo. Cuando un amigo cae, nuestra primera reacción no debe ser despreciarlo ni abandonarlo, sino procurar levantarlo. Esto puede incluir escucharlo, orar por él, aconsejarlo, corregirlo y acompañarlo durante su restauración.

Debemos llevar las cargas de nuestros amigos

Gálatas 6:2:
“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”

La ley de Cristo es la ley del amor. Sobrellevar una carga significa ayudar a otra persona cuando el peso que lleva se ha vuelto difícil. Abandonar a un amigo únicamente porque está atravesando problemas contradice este mandamiento.

Sin embargo, unos versículos después también se enseña que cada persona debe asumir su propia responsabilidad. Ayudar a alguien no significa hacerle dependiente, justificar su pecado ni asumir indefinidamente las consecuencias de sus malas decisiones. La ayuda bíblica busca que la persona se levante y camine correctamente.

Cristo es el mayor ejemplo de amistad

Juan 15:13:
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”

Jesucristo no amó solamente con palabras. Dio su vida por aquellos a quienes llamó amigos. Por eso, la amistad cristiana debe caracterizarse por el sacrificio, la paciencia, la fidelidad y el deseo sincero de procurar el bien del otro.

No debemos abandonar a Dios ni la comunión cristiana

Hebreos 10:23-25:
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Dios no quiere que sus hijos vivan aislados. La congregación permite que los creyentes se exhorten, se fortalezcan y se estimulen al amor y a las buenas obras. Abandonar deliberadamente la comunión cristiana debilita tanto a quien se aleja como a quienes necesitaban su apoyo.

No debemos abandonar a nuestra familia

1 Timoteo 5:8:
“Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.”

La fe verdadera se demuestra mediante la responsabilidad. Una persona no puede afirmar que ama a Dios mientras abandona deliberadamente a quienes están bajo su cuidado.

No debemos abandonar el camino por las dificultades

Gálatas 6:9:
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

El cansancio, la ingratitud y las decepciones pueden producir deseos de abandonar. Sin embargo, Dios llama al creyente a perseverar. El hecho de que todavía no veamos resultados no significa que nuestro servicio sea inútil.

Amar no significa participar en el pecado

No abandonar a un amigo no significa acompañarlo en aquello que ofende a Dios. Podemos permanecer interesados en su salvación y bienestar, pero negarnos firmemente a participar en sus pecados.

Gálatas 6:1:
“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.”

La respuesta bíblica ante la caída de un amigo es procurar su restauración con mansedumbre. No debemos tratarlo con orgullo ni actuar como si nosotros nunca pudiéramos caer. Debemos acercarnos con verdad, amor, oración y prudencia.

Cuando una amistad se convierte en una influencia que nos arrastra constantemente hacia el pecado, es necesario establecer límites. Podemos seguir amando a la persona, orando por ella y deseando su restauración, sin acompañarla en su desobediencia. El amor permanece, pero nunca se convierte en cómplice de la injusticia.

Conclusión

El cristiano no debe abandonar:

  • A Dios ni la fe cuando llegan las pruebas.
  • La congregación y la comunión con los hermanos.
  • A su familia y las responsabilidades que Dios le ha confiado.
  • Las buenas obras por cansancio o falta de resultados.
  • A sus amigos durante la angustia, la enfermedad, la debilidad o las dificultades.
  • A quien ha caído y necesita corrección, ayuda y restauración.

El amigo verdadero ama en todo tiempo. No desaparece ante el primer problema, no guarda rencor y no desecha fácilmente a las personas. El amor todo lo soporta, pero también se goza en la verdad. Por eso, amar a un amigo significa permanecer a su lado para ayudarlo a acercarse a Dios, no acompañarlo en aquello que podría destruirlo.

Debemos abandonar el pecado, pero no abandonar cruelmente a las personas que necesitan amor, verdad, oración y ayuda para levantarse.

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