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¿Ezequiel prueba el mormonismo?
Los dirigentes y escritores mormones afirman que la visión de los dos palos de Ezequiel 37 profetiza la unión de la Biblia con el Libro de Mormón:
«Ezequiel vio en visión la unión del palo de Judá y el palo de José, que representan la Biblia y el Libro de Mormón… Los nefitas pertenecían entonces a las tribus de José, y su registro o “palo” está tan fielmente representado por el Libro de Mormón como lo está el “palo” de Judá por la Biblia».
—James E. Talmage, Los Artículos de Fe, pág. 276.
«Significativamente, la unión de estos dos libros de Escrituras como un doble testimonio de Jesucristo fue prevista hace más de veinticinco siglos en Ezequiel 37».
—Lea el Libro de Mormón, puede cambiar su vida, pág. 5, Utah, 1975.
«Ahora bien, si admitimos que la Biblia es el palo de Judá, ¿dónde está el palo de José? […] Hasta que alguien pueda explicar dónde se encuentra el registro de José, el Libro de Mormón permanece irrefutable en su afirmación de ser el palo de José».
—LeGrand Richards, Una obra maravillosa y un prodigio, pág. 66.
Esta interpretación no es solamente una opinión de antiguos escritores mormones. Los manuales oficiales actuales de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días continúan enseñando expresamente que el «palo de Judá» representa la Biblia y que el «palo de José» representa el Libro de Mormón.
Sin embargo, esa interpretación no procede del texto de Ezequiel. Es una idea introducida posteriormente dentro del pasaje para hacer que una profecía acerca de la reunificación de Israel parezca anunciar la aparición del Libro de Mormón.
¿Qué dice realmente Ezequiel 37:16-28?
Dios ordenó a Ezequiel:
«Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros. Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano».
«He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un solo palo».
«He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos».
«Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor».
—Ezequiel 37:16-17, 19, 21-22, 24.
El mismo Dios interpreta la acción simbólica. Los dos palos representan a dos pueblos que anteriormente habían formado dos reinos:
Judá y los israelitas asociados con Judá.
José, representado por Efraín, y las tribus asociadas con el reino del norte.
Dios no dice que tomará dos libros y los convertirá en una colección de Escrituras. Dice que tomará a «los hijos de Israel», los reunirá, los llevará nuevamente a su tierra y hará de ellos «una nación». También declara que dejarán de ser «dos naciones» y «dos reinos».
Por tanto, el significado de los palos se encuentra expresamente en Ezequiel 37:18-22.
El contexto histórico: dos reinos que volverían a ser uno
Después de la muerte de Salomón, la nación de Israel quedó dividida. Diez tribus formaron el reino del norte, llamado Israel y frecuentemente identificado con Efraín. Judá y Benjamín permanecieron en el reino del sur, llamado Judá.
Esta división se relata en 1 Reyes 12:16-20:
«Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy».
Desde ese momento existieron dos reinos separados y frecuentemente enfrentados. Ezequiel anuncia que Dios terminaría con aquella división:
«Nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos».
La misma promesa aparece en otros profetas:
«Y se disipará la envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán destruidos. Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín».
—Isaías 11:13.
«En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de la tierra del norte a la tierra que hice heredar a vuestros padres».
—Jeremías 3:18.
«Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán un solo jefe».
—Oseas 1:11.
Ezequiel 37 pertenece a este mismo conjunto de promesas: Israel y Judá serían reunidos como un solo pueblo bajo un solo Rey y un solo Pastor.
El «siervo David» de Ezequiel 37:24 es una designación mesiánica. En Ezequiel 34:23 Dios ya había prometido:
«Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David».
Esta promesa encuentra su cumplimiento en Jesucristo, el Hijo de David, cuyo reino no tendrá fin:
«Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre».
—Lucas 1:32.
El centro de la profecía es, por tanto, la restauración del pueblo de Dios bajo el gobierno del Mesías, no la aparición de un libro norteamericano en el siglo XIX.
¿El término «palo» significa un libro o un pergamino?
La palabra hebrea utilizada en Ezequiel 37:16 es עֵץ —‘ets o ‘etz—, cuyo significado normal es árbol, madera, trozo de madera, vara o palo. No es la palabra hebrea ordinaria para «libro», que sería séfer, ni para «rollo», que puede expresarse mediante meguil·lá.
El propio versículo indica que Ezequiel debía escribir unas palabras sobre los palos, por lo que eran objetos sobre los que podía hacerse una inscripción. Sin embargo, la cuestión decisiva no es el material, sino qué representaban los dos objetos según la interpretación dada por Dios.
Dios no dijo:
El primer palo es la Biblia.
El segundo palo es un libro escrito por los descendientes de Lehi.
Ambos serán traducidos y publicados en los últimos días.
Dios dijo:
El primer palo corresponde a Judá y a sus compañeros.
El segundo corresponde a José, Efraín y las tribus de Israel.
Ambos simbolizan pueblos que habían quedado divididos.
Estos pueblos volverían a ser una nación bajo un solo Rey.
Convertir los palos en dos libros contradice la explicación inspirada que aparece inmediatamente después.
¿Qué debía escribirse en los palos?
Ezequiel no escribió la Biblia completa en un palo ni recibió la orden de copiar un libro sobre él. Tampoco aparece el texto del Libro de Mormón en el segundo palo.
Dios indicó exactamente qué debía escribirse:
«Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros».
Y en el segundo:
«Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros».
Estas inscripciones funcionan como etiquetas que identifican a los grupos representados por cada palo. No son el contenido de dos libros sagrados.
Además, fue Ezequiel quien escribió en ambos palos. El texto no menciona a Nefi, Mormón, Moroni, Lehi ni José Smith. Tampoco menciona:
Planchas de oro.
Un registro enterrado.
Un ángel que revelaría su ubicación.
Una traducción realizada en los Estados Unidos.
Un segundo evangelio o testamento.
Una restauración de doctrinas supuestamente eliminadas de la Biblia.
Todos esos elementos son añadidos al pasaje desde fuera. Ninguno aparece en Ezequiel 37.
La propia pregunta del pueblo recibe una respuesta directa
Los israelitas preguntaron:
«¿No nos enseñarás qué te propones con eso?».
—Ezequiel 37:18.
Dios respondió:
«Los haré una nación en la tierra […] y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos».
—Ezequiel 37:22.
La estructura es semejante a las parábolas de Jesús. Cuando los discípulos preguntaron por el significado de la parábola de la cizaña, Jesús respondió directamente:
Pregunta:
«Explícanos la parábola de la cizaña del campo».
—Mateo 13:36.
Respuesta:
«El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre».
—Mateo 13:37.
De la misma manera, Ezequiel presenta el símbolo y después ofrece su explicación:
Pregunta:
«¿No nos enseñarás qué te propones con eso?».
—Ezequiel 37:18.
Respuesta:
«Los haré una nación […] y nunca más serán dos naciones».
—Ezequiel 37:22.
Una interpretación que reemplaza la explicación dada por Dios y transforma las dos naciones en dos libros es una interpretación impuesta al texto.
¿Lehi era descendiente de Efraín o de Manasés?
El Libro de Mormón afirma:
«Nefi, que era hijo de Lehi, que vino de la tierra de Jerusalén, y el cual era descendiente de Manasés, que era hijo de José».
—Alma 10:3.
La edición oficial de la Iglesia mormona confirma que Lehi es presentado como descendiente de Manasés.
Efraín y Manasés eran hijos de José, y en Ezequiel el nombre «Efraín» representa principalmente al reino del norte y a las tribus asociadas con él, entre las cuales se encontraba Manasés.
Sin embargo, descender supuestamente de José no convierte automáticamente un escrito en «el palo de José». Ezequiel no dice que el palo sea un registro escrito por cualquier descendiente de José. Dice que representa a José, Efraín y las tribus de Israel que serían reunidas con Judá.
La afirmación mormona sigue sin demostrarse, porque no se basa en el significado del texto de Ezequiel.
La acusación mormona contra la Biblia
El mormonismo enseña que la Biblia es Palabra de Dios solamente «hasta donde esté traducida correctamente». Su octavo Artículo de Fe declara:
«Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios».
También enseña que muchas enseñanzas «claras y preciosas» fueron quitadas de la Biblia, como se afirma en 1 Nefi 13.
La Biblia, por el contrario, afirma la permanencia y suficiencia de la Palabra de Dios:
«Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre».
—Isaías 40:8.
«El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».
—Mateo 24:35.
«La palabra del Señor permanece para siempre».
—1 Pedro 1:25.
Jesucristo y los apóstoles trataron las Escrituras existentes en su tiempo como una autoridad confiable. Jesús preguntó repetidamente: «¿No habéis leído?» y declaró:
«La Escritura no puede ser quebrantada».
—Juan 10:35.
Después de su resurrección, explicó su obra utilizando «Moisés», «los profetas» y «los salmos»:
«Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras».
—Lucas 24:45.
Pablo enseñó que las Escrituras podían hacer sabio para la salvación y preparar completamente al creyente:
«Toda la Escritura es inspirada por Dios […] a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra».
—2 Timoteo 3:16-17.
Esto no significa negar que existan variantes de copia o diferencias de traducción entre manuscritos. Significa que no existe fundamento bíblico para afirmar que Dios permitió que las doctrinas esenciales del evangelio desaparecieran y que tuvieran que ser restauradas mediante José Smith y el Libro de Mormón.
La Biblia ordena examinar cualquier mensaje posterior a la luz del evangelio ya recibido:
«Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema».
—Gálatas 1:8.
«Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos».
—Judas 3.
La aparición de un ángel, un nuevo profeta o un nuevo libro no demuestra que el mensaje proceda de Dios. Todo mensaje debe ser probado por la revelación ya entregada.
Una interpretación circular y de carácter sectario
La utilización mormona de Ezequiel 37 funciona mediante un razonamiento circular:
El mormonismo afirma que el Libro de Mormón es el palo de José.
Después interpreta Ezequiel 37 de acuerdo con esa afirmación.
Finalmente utiliza esa interpretación como prueba de que el Libro de Mormón fue profetizado.
Pero Ezequiel 37 nunca identifica el palo de José con el Libro de Mormón. Esa identificación procede exclusivamente de autoridades mormonas posteriores.
Esto constituye una característica clara de interpretación sectaria: una organización coloca su propia autoridad y sus escritos posteriores por encima del significado natural de la Biblia, y después afirma que solamente sus profetas pueden revelar lo que el texto realmente significa.
La profecía no anuncia dos libros. Anuncia:
Dos pueblos reunidos.
Dos reinos convertidos en uno.
Israel restaurado.
Un solo Rey.
Un solo Pastor.
Un pacto de paz.
La presencia de Dios en medio de su pueblo.
El protagonista y cumplimiento de la profecía es Jesucristo, el verdadero Hijo de David y Pastor de Israel. El Libro de Mormón, José Smith y la Iglesia mormona no aparecen en el pasaje.
Por tanto, Ezequiel 37 no prueba el mormonismo. Por el contrario, demuestra que el mormonismo necesita sacar una profecía de su contexto, sustituir la explicación que Dios mismo ofrece e introducir dentro del texto un libro que Ezequiel jamás mencionó. Esta manipulación del pasaje, unida a la pretensión de poseer revelaciones necesarias para corregir o completar la Biblia, constituye una evidencia importante del carácter sectario de su sistema doctrinal.