Red de evangelismo
Oraciones y sanidades
La biblia declara que los seguidores de Jesús harán milagros y prodigios aun mayores a los que hizo, por lo que esta promesa sigue vigente pero es importante mencionar que la procedencia de ese poder se mide en la obediencia, es decir si la biblia no nos recrimina en ningún punto de lo que debemos hacer y no hacemos, entonces es posible que podamos obrar mediante una oración y sanar a alguien, no necesariamente teniendo el don de sanidad, pues esa promesa de Jesús fue para todos.
En efecto cualquier cristiano verdadero puede orar por alguien en la calle, casas y demás y aquel ser sanado en el nombre de Cristo, pero nótese que quien ora necesita en efecto vivir una vida que imite a Cristo en todo sentido, es decir ser alguien completamente obediente, consagrado, de ayuno, de oración, de evangelización, que tenga los frutos del espíritu, que este lleno de su palabra y tenga buen testimonio, solo así Dios puede obrar mediante él para realizar alguna sanidad, de otro modo es posible que no, aunque el señor hace como él quiere.
Pues aun cuando haya alguien que cumpla con todos estos requisitos aun el señor podría decidir no realizar la sanidad, pues sabrá por qué no, y cuando esto sucede no tenemos que decir tal persona no tiene el respaldo de Dios o tal persona que no recibe la sanidad es la culpable, si no decir estás en las manos del señor, pídeselo y quizás te conceda el ser sanado pero ya tu alma la salvará sin dudar.
Ahora bien cuando alguien abiertamente no cumple los requisitos y nosotros lo sabemos pero este obra milagros y sanidades, tenemos que dudar por completo de que sea por parte de Dios y no de los demonios, pues ellos usurpan el poder de la sanidad para tomar a muchos cristianos y hacerlos creer que viene de parte de Dios, por eso dice el versículo aleajos de mí hacedores de maldad, lo que quiere decir que nunca Cristo tuvo que ver en sus prodigios, si no los demonios.
Sabremos cuando es de parte de Dios cuando examinemos y conozcamos a esa persona, pues muchos son engañados con poderes engañosos que les hacen hasta profetizar mal, hablar lenguas, ver visiones, escuchar voces, sentir presencias y desde luego obrar sanidades.
Un ejemplo de ello son las sectas donde ciertamente hay manifestaciones de poder donde tenemos que pensar seriamente, no es posible que sea por obra de Dios porque allí enseñan la mentira y él es la verdad.
Si algo se diferencia entre una sanidad que viene del poder de Dios y no de los demonios, es que la sanidad de Dios no tiene limites y todo lo puede sanar, mientras que en el otro tiene ciertas limitaciones, y aun no pueden obrar en aquellas personas que mediante la sanidad que reciban se darán cuenta después que no vino de parte de Dios y lo glorificarán, por lo que los falsos cristianos se ven impresionados cuando en ciertas personas no pueden sanarlas, aun comerciando con hacerlo o promocionando sus iglesias para ganar más del diezmo, son como curanderías pero con Cruz y púlpito.
Por lo que en términos de evangelismo, cuando vayamos a salir a la obra no es necesario que nos afanemos en sanar a alguien que veamos enfermo, más bien debemos examinarnos profundamente y luego si así lo preferimos orar por su sanidad, aunque debería de orarse primero por su salvación, no dando muestras de sanidad constantes para que la palabra de Dios no sea opacada, si no más bien por medio de la palabra, sanar las almas de esas personas y decirles que confien en Cristo que podría sanarlos pero que no lo tienen que amar por eso, si no por haberlos redimidos de la condenación eterna.
De manera que realizar sanidades en el evangelismo tiene que hacerse con prudencia para que no después blasfemen la verdad cuando los que menos deberían se atreven a decir el señor te sanará ahora y no sucede, aun peor culparemos a la persona, lo que se tiene que hacer más bien con un enfermo en orar por su salvación y decir señor si es tu voluntad que sea sano en este momento si no cuando tu lo decidas, a fin de que la fe de aquella persona repose en su sanidad pero también sepa que bien podría no ser sanado, pues sucede muchas veces.
Cuando se visita a los enfermos orar por ellos sin darles falsas esperanzas, donde es esencial que quien reciba la sanación se arrepienta de todo corazón y confiese a Cristo como su salvador, es allí cuando podemos orar por su sanidad y hacerle saber que si no lo hizo en serio, posiblemente no suceda nada, mientras que si de verdad se quiere entregar, Dios puede glorificarse en esa vida para sanarlo y ganarlo para el reino de los cielos.
En cuanto a las liberaciones todo cristiano que es luz sin mancha alguno tiene la potestad de expulsar demonios que moran en las personas, la regla en este caso es que siempre serán expulsados mientras la trinidad esté morando en el corazón de aquel cristiano quien realiza la expulsión, de otra manera los demonios no se irán porque verán una luz tenue o reprensible, por lo que no harán caso, excepto cuando sean expulsados por un hijo de Dios donde siempre sucederá, en los otros tipo de géneros más pesados de demonios es necesario ayunar y orar.
Pero estos se hallan no siempre en muchas personas, si no que en los que demuestran más pocesión demoniaca.
Cuando evangelicemos ya el espíritu obrará en aquella alma pero debemos de expulsar demonios con prudencia pues si llegamos a alguien y lo exorcisamos por así decirlo, aquella persona se sentirá ofendida y aun no querrá escuchar el evangelio por propia voluntad porque no comprenderá que demonios viven en su ser, como en el de todo inconverso.
Por lo que lo mejor es lo hagamos con prudencia y expulsarlos en tercera persona siempre y cuando notemos que la persona se vuelve conflictiva o está demasiado incómoda, aun cuando la misma persona confiese que es atormentada por malos espíritus, entonces debemos de expulsarlos para que no obren ya en esa vida, expulsar demonios cuando sea necesario porque si lo hacemos siempre, las personas se ofenderán porque les estaremos diciendo que son malvados al punto de albergar demonios en su ser.
Siendo entonces lo mejor evaluar bien la situación con discernimiento y sabiduría, sin hacer que ni la liberación ni la sanidad sea el protagonista en la evangelización si no la palabra de Dios que tiene todo el poder de transformar vidas, donde lo anteriomente mencionado ayuda a que algunos se salven, pero el camino seguro hacia la salvación es por medio de la palabra.